Editorial: 21 muertes deberían generar reacción

Sería una cruzada utópica querer cortar con la imprudencia, con el modo prepotente e irrespetuoso que tienen decenas de miles de personas para manejarse y manejarse. Nadie puede estar libre de un asesino en potencia que bebe sin control y minutos después está sentado al volante de un auto para recorrer calles y rutas.
Mucho menos se puede prevenir un imprevisto mecánico o imponderables. Pero tampoco es sano para una comunidad, y menos para las autoridades políticas, quedarse de brazos cruzados viendo cómo las estadísticas de muertes en accidentes de tránsito nos demuestran la magnitud del flagelo.

El relevamiento realizado por este medio a partir de la información policial y del Cuerpo de Bomberos arroja la escalofriante cantidad de 21 muertes por accidentes de tránsito ocurridas en el partido de Luján.

Si logramos separar del análisis las cuestiones imprevisibles que hubo detrás de cada caso, sabremos que hay una serie de acciones que, sin lugar a dudas, ayudarían a mermar el impacto de esta problemática.

Basta con asomar la cabeza y observar la calle para entender la ausencia del Estado en una sociedad que –hay que admitirlo- se maneja con un alto grado de inconciencia. A pesar de la latente amenaza de multas, la mayoría de las motos son conducidas por personas sin casco. Es prácticamente una rareza encontrar a conductores de cualquier vehículo con el cinturón de seguridad circulando para las calles de la ciudad. Y existe un sistema de verificación técnica que al margen de ser una caja recaudadora pretende elevar los parámetros de seguridad de los rodados, pero es habitual cruzar en calles y rutas autos que no superarían el más mínimo control.

Si a esa suma de irresponsabilidades constantes se agregan rutas y caminos en pésimo estado por la indiferencia de las autoridades, aquella cifra de 21 muertes no es más que una consecuencia lógica.

A escasos metros de esta redacción se expone un ejemplo tan triste como contundente: en el cruce de las calles Barnech y Mariano Moreno se tuvo que registrar el doloroso saldo de dos mujeres muertas para que, un par de días después del accidente, aparezcan los lomos de burros en toda la zona, la señalización, el cambio de mano en la circulación y todas las medidas que, en realidad, llegaron extremadamente tarde.

Algo se debe hacer, además de mejorar nuestra conducta como ciudadanos. Los vecinos deben reclamar. Los medios de comunicación tienen que denunciar cada una de las falencias. Y las autoridades se tendrían que dar cuenta que una reacción a tiempo puede salvar vidas.

Caso contrario, sigamos de brazos cruzados, con el ábaco a mano para contar las vidas que se seguirán perdiendo.

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