Editorial: La memoria dividida

Esta semana, con diferentes expresiones, se recordó en Luján un nuevo aniversario del golpe militar de 1976. Como suele ocurrir, estos actos quedan alejados de la masividad. La inmensa mayoría de los lujanenses se acerca con timidez a los alrededores de los actos y, cuanto mucho, le preguntan a los inspectores de tránsito por qué se cortaron las calles.
Tampoco sería falaz señalar que años atrás Miguel Prince y en la actualidad la jefa comunal Graciela Rosso debieron sugerirles a sus funcionarios que den el presente. Y que muchos dirigentes partidarios se acuerdan de concurrir cuando se está cerca de una elección.

Pero más allá de sutilezas en la asistencia, afortunadamente en los últimos años los actos pasaron de la participación de un puñado de militantes a la integración de expresiones culturales y estudiantiles, previo trabajo en (algunas) aulas. Es mucho el camino por recorrer en ese aspecto, pero las planificaciones escolares están rectificando algunas omisiones.

Esto quedó demostrado este año en Luján, con abundancia de actividades que honraron la memoria desde diferentes y constructivos enfoques, con expresiones de alumnos que demuestran conocer las causas de la conmemoración.

Quizás nunca los actos en recordación del Golpe Militar de 1976 o la Declaración Universal de los Derechos Humanos logren enormes convocatorias. En realidad, eso ni siquiera sería necesario si todos los argentinos tuviéramos conciencia de lo sucedido y firme convicción de que no debe ocurrir nunca más.

En ese sendero de reparación de la memoria todavía hay fisuras. Y una de ellas en Luján es evidente: hace años que esta ciudad no consigue organizar un único acto de recordación del golpe o del día de la declaración de los derechos humanos. Dicho con otras palabras, está latente la mezquindad y la idea de posesión de ciertos espacios, ciertos reclamos, ciertos discursos.

Este año no fue la excepción. Muchos partidos políticos e instituciones sociales mantienen su silencio, mandan a redactar una gacetilla de ocasión o, en un arrojo de compromiso, le piden a algunos de sus dirigentes que por favor se acerquen a las plazoletas a hacer acto de presencia.

Y aquellos que saludablemente hace años que asumieron el compromiso de recordar esta nefasta fecha junto a las Madres, no se dignan a dejar de lado las diferencias y compartir una conmemoración.

En los últimos años de gestión de Miguel Prince los actos organizados para el 24 de marzo y el 10 de diciembre se realizaron en las plazoletas de los Derechos Humanos o de Madres de Plaza de Mayo. Buscaron, además, abrirse a la participación. Pero el protocolo se armaba de modo tal de no molestar al gobierno de turno. Por eso, se cortaba el micrófono "abierto" a las críticas de sectores como el Grupo de Jubilados Independientes.

Cuando Graciela Rosso desembarcó en el poder se inauguró formalmente la era de los "actos separados". Y su protocolo decide instalar la conmemoración en la plazoleta Nelly Dorronzoro, donde ayer colocó una placa con el nombre de los detenidos-desaparecidos de Luján.

Parecería que los espacios públicos en los que se recuerdan diferentes hechos históricos fueran propiedad de un sector político o de otro.

Generaciones como la de Rosso o el ex intendente buscan contagiar el espíritu militante y de recordación en los jóvenes, en los chicos. Pero están lejos de predicar con los ejemplos.

Parecería que los espacios públicos en los que se recuerdan diferentes hechos históricos fueran propiedad de un sector político o de otro.

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