Editorial: Maniobras y coincidencias

Son protagonistas de la política actual. De esa política que se vota, renueva o confirma cada dos años y que transcurre en permanente campaña. No son parte de la vieja política. Y ellos, puntualmente, tal vez por pudor, ya no se llenan la boca definiéndose como actores o alquimistas de la nueva política.
Citamos tres nombres que ayudan a personalizar el tema: Diana Conti, ultraoficialista; José María Zingoni, opositor y Juan Carlos Juárez, vecino. Tres legisladores, tres denuncias, tres modos de entender para qué llegan a un espacio de representación popular y cómo actuar una vez establecidos en esos lugares.

En estos días recobró notoriedad que el ex asesor de la diputada kirchnerista Diana Conti, Bruno Bimbi, había denunciado a la legisladora por quedarse con parte de su sueldo cuando trabajaba como jefe de prensa mientras era senadora. Según la denuncia, Conti lo obligó a entregarle 4.429 pesos del salario trimestral de 5.429 pesos y cuando se negó a entregar el dinero, se quedó sin trabajo. La causa data de 2005 y el juez federal Rodolfo Canicoba Corral investiga el hecho llevado por Bimbi al Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N° 29.

Narra el denunciante que en septiembre de 2004 había sido nombrado como empleado, categoría A3, en el despacho de la senadora. Por ese cargo percibiría un sueldo de 1.810 pesos. Pero consta en la denuncia judicial que en diciembre, cuando le llegó el turno de cobrar tres meses juntos –unos 5.430 pesos–, otro de los hombres que trabajaba para Conti le habría indicado que debía tomar 700 pesos y darle el resto a su jefa, algo que ella misma habría confirmado en un encuentro posterior. Hoy Bimbi ratifica cada paso de lo ocurrido con más énfasis que el que utiliza Conti para negarlo.

Pero su caso no es lo único. El propio Bimbi, hoy periodista del diario "Crítica de la Argentina", escribió esta semana que "cuando el juez pidió al Senado la lista de sus empleados, aparecía gente que nunca vi: había más sueldos que gente trabajando".

Si no sólo quiere leer e informarse, sino también entretenerse, le proponemos un ejercicio: recopile todas las crónicas que pueda acerca del caso "Conti-Bimbi" o, si prefiere, de aquel en que se denunciaba por una maniobra idéntica al senador provincial por la Coalición Cívica, José María Zingoni.

¿Le resulta entretenido el juego de las coincidencias? ¿Y si ahora lo traslada a personajes más conocidos? ¿Si en lugar de leer sobre Conti o Zingoni coloca como actor principal al senador provincial y lujanense Juan Carlos Juárez?

Un detalle más: son tan burdas las maniobras de los denunciados, que parecen calcadas sus defensas: Conti aseguró que "todo lo que el señor Bimbi afirma es falso. Según mis abogados no hay pruebas en mi contra. Se trata de una difamación, de una patraña a la cual no voy a prestarme. ¿Por qué ahora? Saquen sus propias conclusiones".

"Más que involucrado me siento perjudicado, enojado, decepcionado y autojuzgándome como ingenuo, pero actué de buena fe. El martes pasado recibí un premio por mi participación en la actividad parlamentaria de 2008. Creo que nuestra tarea legislativa ha sido muy buena y espero recuperar el ritmo de trabajo cuanto antes, porque hay muchos proyectos en marcha", decía Zingoni.

"Mis abogados están trabajando en el tema. En todo caso, esto sucede por querer ayudar a la gente. Yo prefiero referirme a otros temas en los que estamos trabajando", expresaba en su momento Juárez.

Tres casos que vieron la luz pública. ¿Sabe que se sigue diciendo en voz baja –ahora, más que baja- en los pasillos de cualquier dependencia estatal? Palabras más o menos "pasa en todos los partidos, en todos los ámbitos de la administración pública, hace tiempo. Pero nadie lo va a denunciar porque, justamente, en mayor o menor medida todos son protagonistas o cómplices de esas acciones".

Nadie habla porque todos tienen conocimiento, participación o "beneficios". No necesitamos indagar en despachos lejanos para corroborar que amigos, militantes, parientes cercanos y favorecidos cobran sin necesidad de trabajar; en todo caso, a cambio de ceder parte de sus sucios haberes.

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