Editorial: El lamentable espectáculo de la interna

De acuerdo a lo que arrojaron los resultados electorales de los últimos años, la intendenta Graciela Rosso y el ex intendente Miguel Ángel Prince son los dirigentes políticos con más respaldo electoral dentro de la comunidad local. Uno gobernó el partido de Luján durante doce años y estuvo a escasos votos de ratificar ese mandato. Rosso ganó la última contienda electoral y recibió el voto de confianza de la ciudadanía para conducir los destinos del gobierno hasta 2011.
A pesar de la responsabilidad que le cabe a ambos, ellos son los protagonistas centrales de un cúmulo de noticias de baja estofa que inundan los medios de prensa en estos días, relacionadas con la elección interna del Partido Justicialista.

Lejos de discutir el modelo de partido que propone uno y otro o, en todo caso, cómo ese armado partidario puede apoyar las acciones de un gobierno, las informaciones que generan ambos son muy diferentes.

Hoy, a horas de las elecciones internas –que ni siquiera están confirmadas por las denuncias recientes-, las noticias se refieren a la suspensión de treinta empleados municipales por la presunta distribución de recibos de pago de tasas municipales abrochados a volantes de campaña de la lista de Prince.

También se informa sobre el empapelado de la ciudad con volantes, carteles y pasacalles, que acusan a estos dirigentes –repetimos, los de más apoyo electoral- de robarse millones.

Pero no es todo. Hubo que informar sobre una denuncia por la supuesta amenaza con un arma de fuego perpetrada por un empleado cercano a la intendenta, recibida por un militante princista que colocaba carteles de Prince.

Y hay más: ayer la comunidad se desayunó con dos denuncias. Por un lado, la aparente adulteración de los padrones, apelando a la vieja trampa de la incorporación de pacientes psiquiátricos que tienen retenidos sus documentos. Por otro, la intendenta –en este caso, ya no la candidata- que informa sobre un atentado sufrido en su casa. Dijo que en la madrugada detonaron tres disparos de armas de fuego en la puerta de su hogar.

El ambiente se espesó y hay sólo dos responsables: Miguel Prince y Graciela Rosso. Uno porque en sus ansias casi desesperadas por regresar a la Intendencia deja que “su gente” articule acciones que poco tienen que ver con la intención de conducir a un partido.

Por un lado, difunde a su lista como la renovación esperada, pero apoya su candidatura en personas como Enrique Samuel Peñalba, sindicalista que no dudó en utilizar la violencia para imponer sus ideas. Ese candidato de la renovación princista insultó y gritó a los concejales cuando no le gustaba lo que se votaba en el recinto y llegó a golpear a un funcionario de la nueva gestión porque no encontró otro modo de exponer su postura.

Todo desde este espacio se desarrolla con la llamativa ausencia de Prince, que realiza la campaña sin contacto con la prensa. Hay quienes aseguran que el ostracismo es “porque no quiere mostrarse con Peñalba, pero sabe que esa alianza le da 200 votos”.

En el caso de Rosso, la responsabilidad es mayor. Ella, porque así lo decidió la mayoría de los lujanenses hace exactamente un año, debe estar centrada en el mandato que la comunidad le dio hasta 2011.

No es sano para los lujanenses que su jefa comunal dedique su valioso tiempo en contiendas partidistas, en denuncias contra otros dirigentes, en presentaciones judiciales que no se atan específicamente a la gestión de gobierno. Hay demasiados temas pendientes que precisan de la atención de Rosso.

Porque, si bien es cierto que las internas definen a las autoridades del partido que hoy forma la columna vertebral del Frente para la Victoria, los mensajes, las denuncias, los insultos, las amenazas, los volantes y toda la parafernalia de campaña, apunta al voto de una ínfima porción de la población de Luján. Una población que mira con desazón el nivel de enfrentamiento que pueden desplegar dos de sus dirigentes preferidos.

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