Editorial: Hace un año, promesas de campaña

Sólo si las palabras y las acciones mantienen una coherencia a lo largo del tiempo, el contenido de un archivo puede no molestar. De lo contrario, es una prueba irrefutable de las promesas vacías en pos de un objetivo. Conseguido ese objetivo, lo que he dicho no me acuerdo.
Suena casi redundante señalar que la inmensa mayoría de los políticos-candidatos, por no responder a lo indicado en el inicio de este editorial, terminan por construir un odio visceral hacia los archivos de los medios de comunicación.

Sin necesidad de hurgar en extremo, en el archivo de EL CIVISMO, con fecha del miércoles 24 de octubre de 2007, se encuentra una nota inédita; una nota que finalmente no acompañó la edición de ese entonces: quedó relegada ante otras notas por su tono netamente propagandístico. Pero el texto se guardó en el archivo y hoy recobra valor.

La entonces diputada nacional por el Frente para la Victoria, Graciela Zulema Rosso, presentaba en un salón de fiestas de la ciudad y ante unos 400 invitados, lo que resumía como su plan de gobierno.

Primer dato que hoy resulta decorativo y demodé: en la presentación la acompañaban todos los cuadros políticos que aportaba la alianza con la ex legisladora provincial María Inés Fernández.

Rosso quería derrotar a Miguel Prince. Tal vez, también, quería llegar a la Intendencia. Lo cierto es que con ese o esos objetivos, esa noche disparó una ráfaga de promesas que constan en el archivo.

Entusiasmada por la recta final de la campaña, prometió la construcción de viviendas sociales; dijo que apelaría al Plan Nacional de Infraestructura de Barrios “para hacer obras de agua potable, cloacas, gas, plazas, alumbrado, lugares de esparcimiento, escuelas, jardines de infantes, centros de atención primaria de la salud y hospitales”.

Entonada por el contexto, subía la apuesta: “Hay un 45 por ciento de las viviendas de Luján que tiene red de agua potable y menos aún red de cloacas. ¿No será que interesa que pavimente una cooperativa o hay otras situaciones por las cuales privilegian hacer el pavimento y cobrárselo a los ciudadanos cuando ese plan es absolutamente gratuito?”.

También prometía licitar la zona comercial y turística del balneario municipal y construir un parque industrial porque consideraba –o considera- que el parque industrial Villa Flandria “es una empresa que alquila galpones”.

“Haremos un ordenamiento del tránsito en base a una norma que se conozca y se cumpla”, decía Rosso, quien además se quejaba porque “en Luján le cobran alumbrado, barrido y limpieza a gente que vive en calle de tierra”.

¿Y sobre el medio ambiente? “Abriremos una planta de reciclaje de la basura tomando como base un proyecto pensado en 1989 y financiado por el Plan Nacional de Infraestructura. Tendremos un sistema de control ambiental elaborado conjuntamente con la UNLu”, aseguraba la entonces candidata.

Con sus promesas logró ganarle a Prince. Logró acceder a la Intendencia. ¿Qué ocurre que las promesas siguen en foja cero?

¿El análisis será apurado? Tal vez. ¿El análisis, además de apurado, es erróneo? Rosso tiene por delante más de tres años para demostrar que no erró ni mintió en la planificación. En todo caso, para demostrar que necesitó de estos diez meses para tomar impulso, para alistar a su tropa, para ordenar cada rincón de la administración y simplemente cumplir con lo prometido. Para los más optimistas, van apenas diez meses.

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