Editorial: De eso no se habla; sólo se comenta

Como señalan en esta edición los siempre cautelosos referentes de la Unión Vecinal de Luján, el tema de la denuncia que apunta a presuntos manejos irregulares del diputado provincial Juan Carlos Juárez en la Cámara de Diputados bonaerense está (estaría, porque nadie vio los papeles judiciales) en manos de la Justicia. Y lo correcto y sencillo es ampararse en ello para demorar una opinión; mucho más una definición.
“Hasta que la Justicia no se expida, preferimos no opinar”, expresan los vecinalistas, socios políticos de Juárez y su armado político: el GEN.

Si bien es probable que la Justicia jamás se expida al respecto, hay expresiones que transitan por otros carriles. Que se escuchan y tienen un tono menos protocolar, pero que no por ello pierden contundencia.

Un ejemplo EL CIVISMO lo tiene a mano: la encuesta semanal en la página web. “¿Le sorprende la denuncia que involucra al diputado Juárez?”, se pregunta hasta el viernes. Y ayer, al momento de redactar este editorial, sobre 83 respuestas sólo el 15,7 por ciento se mostraba sorprendido.

Para el resto, una amplísima mayoría, una denuncia de un supuesto caso de ñoqui que, además, no recibía su salario porque alguien se lo quedaba en el camino, no es sorprendente. Podríamos decir, en todo caso, que se lo toma como una situación natural.

Prácticamente nadie del arco político que tiene oficinas en el Concejo Deliberante se anima a pronunciar una opinión “on the record”. Todos rumorean, opinan en estricto “off the record”, comentan como cualquiera vecina de barrio. Y los comentarios son, lisa y llanamente, lamentables.

Una simple recorrida por los bloques de concejales y sus pasillos cercanos permitió recoger expresiones tales como “es algo que todos hacen”; “pero la piba no iba a trabajar”; “habría que ver cómo son realmente las cosas”; “yo sabía que pasaba esto”; “un diputado no puede controlar todo lo que pasa a su alrededor”; “¿y que me vienen a decir? ¿Acaso vos crees que es el único caso?”. Impecables los políticos vernáculos.

Otros comentarios son más osados, porque se basan en experiencias recientes, en casos “conocidos”. Afirman que una diputada trasladaba su millaje oficial a sus parientes, para que ellos aprovechen la posibilidad de viajar con los recursos del Estado. Otros aseguran que una legisladora tenía empleados sin exigencias laborales, pero que los acuerdos eran más claros y no había margen para una denuncia como la que ahora afecta a Juárez. Tampoco faltan quienes recuerdan las prácticas de Mario “Tato” Pontaquarto cuando cumplía tareas en el Senado: subsidios, viajes, ayudas económicas.

Por más opuestos que parezcan los proyectos, las ideologías de los dirigentes políticos, hay cuestiones intocables: nadie habla de quitar los beneficios económicos, de anular los subsidios, de terminar con la mentira laboral de los “asesores” en las cámaras de legisladores.

Suena utópico, pero quienes ejercen el periodismo pretenden –sin dudas- que aumente el porcentaje de gente que se sorprende por denuncias como la detallada por este medio en su edición del sábado. No porque los casos estén callados en las páginas periodísticas, en los minutos de radio, sino porque la política comienza a poner en práctica lo que pregona: transparencia, honestidad, compromiso. O un contrato moral, como dicen los edecanes de Margarita Stolbizer y Elisa Carrió.

Por más opuestos que parezcan los proyectos, las ideologías de los dirigentes políticos, hay cuestiones intocables: nadie habla de quitar los beneficios económicos, de anular los subsidios, de terminar con la mentira laboral de los “asesores” en las cámaras de legisladores.

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