Editorial: De Guatemala a Guatepeor

Primera aclaración necesaria: sin duda, lo que se opine de este espacio y la información que brindamos en esta edición sobre los preocupantes números de la gestión de Graciela Rosso, será comida fresca para las apetencias de todos los que bregan, de uno u otro modo, por el regreso de Miguel Prince a la administración municipal.
Que la información sea tan polémica como contundente, y que a su vez sirva a los intereses de un sector político que hartó a la mayoría de los lujanenses después de doce años de pésima labor, la culpa no es de este medio y ni los datos a los que accedimos. La culpa, una vez más, no será del mensajero.

Los datos fríos indican que Prince terminó su docena de años de intendente rodeado de 61 funcionarios (secretarios, subsecretarios, directores y coordinadores).

Uno de los argumentos fuertes de la campaña de Rosso-María Inés Fernández, era la gran cantidad de funcionarios que había designado Prince y, como contrapartida, los escasos resultados que se observaban en la comunidad.

Hasta el mes pasado, en apenas 16 meses, Rosso designó a 81 funcionarios: 20 más que su antecesor. Cuando la gestión de la actual intendenta daba sus primeros pasos, el gabinete ya tenía 61 integrantes y se le preguntó si no era decepcionante ese dato para aquellos que la escucharon criticar a la anterior administración: "ahora los funcionarios que nombré saben qué función tienen y la realizan", decía la jefa comunal, a modo de justificación.

Pero la cantidad de funcionarios no es el único dato alarmante. Rápidos para los mandados, los funcionarios de la gestión de Rosso comenzaron a acogerse a un beneficio económico legal, aunque reñido con la correcta moral.

Señores y señoras secretarios, subsecretarios, directores y subdirectores de la era Rosso empezaron a cobrar en los últimos meses un plus equivalente al 50 por ciento de su salario básico –dicho sea de paso, el máximo permitido por la ordenanza del presupuesto vigente- en concepto de "disposición permanente". Pesito más, pesito más, el plantel de notables que acompaña a Rosso le cuesta por mes a la comuna, sólo de bolsillo, unos 405.000 pesos.

Rosso lo sabe, porque es ella la que aprueba ese cobro mediante un decreto. Y la oposición también lo sabe, pero prefiere ocupar su tiempo en el amasado de roscas para las elecciones del próximo 28 de junio.

Estos datos deben difundirse más allá del rédito o ganancia que seguramente saca uno u otro sector político. Como ya se ha expresado desde este espacio en otras ocasiones, Rosso y Prince pasarán, pero la Municipalidad de Luján queda, al igual que los habitantes de este suelo que no tienen por qué seguir pagando la fiesta estatal que desarrollan sus autoridades. Y menos aún, cuando ambos adeudan soluciones necesarias para lo cotidiano, como el incremento de los desagües cloacales, un sitio adecuado para la disposición de los residuos, mejoras en la infraestructura urbana, ampliaciones en el hospital y muchas urgencias más, escudándose en "emergencias económicas" o "carencias de recursos".

Con casi medio millón de pesos por mes dilapidado en el sueldo y los beneficios de más de 80 funcionarios, es difícil que alcance el dinero. Y también se dificulta soñar con una administración que gaste en lo que hace falta y no en lo que conviene políticamente.

Pesito más, pesito más, el plantel de notables que acompaña a Rosso le cuesta por mes a la comuna, sólo de bolsillo, unos 405.000 pesos.

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