Editorial: Ya no son gritos en soledad

El final es incierto. Sería iluso pensar que todo se acomodará como corresponde y manda la ley y que Jáuregui y sus alrededores volverán a respirar el aire que supieron tener; disfrutar del río que mutó en cloaca; explotar las napas de agua cono cualquier pueblo y no en competencia en una enorme industria.
Mucho más iluso sería pensar que los empresarios extranjeros que se asentaron y crecieron en estos pagos por las condiciones de precariedad en los controles y la predisposición de las autoridades para recibir favores a cambio de no mirar sus excesos, cambiarán de actitud y comenzarán a producir bajo los límites de las normas vigentes.

Pero, más allá del incierto resultado, tal como se reflejó desde este mismo espacio hace algunas semanas se llegó a un punto de inflexión entre los incumplimientos de la empresa Curtarsa y las autoridades municipales.

Si nada ocurre o –dicho de otro modo- todo sigue como hasta ahora, el gobierno local quedará, directamente, en ridículo.

Caso contrario, aplaudirán sus medidas no sólo las generaciones actuales, sino también las futuras. Cortar los caminos de una empresa contaminante es una posibilidad cuyos beneficios exceden lo coyuntural, lo electoral, lo partidario.

Para aquellos que entienden que el bienestar y la calidad de vida son prioritarios ante cualquier otra motivación para actuar, los últimos días han sido gratificantes.

El gobierno local expuso la situación ante una importante cantidad de vecinos. Esta vez la convocatoria no tuvo trampas ni segundas intenciones. No ocurrió como aquella vez en la que Miguel Prince y sus funcionarios ubicaron estratégicamente entre la gente a empleados y allegados para patear en los talones a los vecinos que criticaran la situación.

Hoy, al menos, no se vislumbra aquella hipocresía de un profesional diciendo la verdad, revelando la peligrosidad de la contaminación de Curtarsa en las cuatro paredes de su consultorio, y cambiando su opinión cuando comenzó a cobrar un sueldo de funcionario. Por el contrario, tal vez por ser foráneos, los funcionarios locales admiten lo grave del caso (ver informe "Contaminados" de esta edición).

Hoy, al menos, no se evidencia la contratación o el sostenimiento de personajes que sirvan de "puente" entre las necesidades de la curtiembre y las acciones del gobierno local, de modo de no provocar cambios.

Hoy, al menos, no se observa un sometimiento cómplice ante la indiferencia de las autoridades provinciales. De hecho, hasta estas autoridades parecerían tener una actitud mínimamente digna y transparente.

Pararse frente a la contaminación de la empresa Curtarsa, en los últimos días comienza a tener respuesta y apoyo en diferentes sectores de la comunidad local y también en Mercedes, donde se refleja claramente la situación local. Que el equipo de fútbol del Club Luján haya decidido salir a la cancha con una bandera que decía "Curtarsa Contamina" es un gesto de peso.

Hoy, al menos, no sólo denuncian los integrantes de las entidades ambientalistas de Jáuregui y un puñado de medios de prensa. Parece que ya no son gritos en soledad.

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