Editorial: Ganó el mejor producto

Sin ánimo de juzgar lo que aún no ocurrió, sí podemos indagar acerca de la propuesta electoral que cosechó la mayor cantidad de votos en toda la provincia de Buenos Aires y también en el partido de Luján, con 16 puntos de diferencia respecto de la candidatura testimonial a diputado nacional de Néstor Kirchner y Daniel Scioli.
La gente apoyó masivamente a la lista de Francisco De Narváez. ¿Las razones? Múltiples, aunque queda claro que hubo una causa que superó al resto: su planificada estrategia electoral o su modo de "venderse".

Tal como se estila en los últimos tiempos, la votación de propuestas, de ideas, de planes, de comunión con una militancia o con una plataforma electoral, quedó olvidada. O, al menos, relegada a una minoría.

De Narváez y su poderío económico demostraron que un equipo profesional de publicistas y cierto respaldo partidario pueden construir una amplia victoria.

Certifica esta postura el hecho de que justamente uno de los slogans más fuertes de De Narváez haya sido "tengo un plan", sin decir –hasta ahora- cuál era ese plan.

En su edición del domingo pasado, el diario Perfil ofreció una extensa entrevista con el diputado reelecto por Unión-PRO. Y allí se ofrecen varias revelaciones, lapidarias para aquellos que siguen pensando en la política como una construcción colectiva, solidaria, de raíz y objetivo social, alejada de lo efímero que pueden resultar unos segundos de televisión. Sólo un puñado de ejemplos:

— Dicen los técnicos que, conscientes del problema de saturación, su campaña tenía una mayor variedad de piezas. ¿Estuvo en el análisis de su estrategia la saturación de avisos?

— Emitimos menos del 50% de los comerciales que teníamos grabados. Estábamos preparados para cada posible reacción del oficialismo y de los otros partidos, al menos con tres variables para contrarrestarlas. Una campaña, no quiero decir que sea una batalla, pero al menos es una competencia en la que uno propone y también defiende. Si, por ejemplo, el ataque a mi persona respecto del narcotráfico de efedrina hubiera tenido otra dimensión, nosotros teníamos dos piezas que considerábamos muy potentes, que no usamos. Si la Coalición hubiera tomado antes la posición que tomó los últimos días, muy agresiva, también teníamos forma de contrarrestar. Cuando pusimos el countdown, cuántos días faltan para la campaña, el número era 458 días. Hacía más de un año y pico que la planeábamos.

— Planearon una campaña de 458 días y fue de 300.

— Sí, nos sacaron 150.

— Sus asesores me explicaron que parte de la estrategia era provocar a Kirchner para que reaccione por miedo, por ofuscación, pero que reaccione, que pique el anzuelo. Que su campaña buscaba la reacción de Kirchner para buscar la polarización.

— Ese razonamiento es atemporal y en realidad la campaña se dio con escenarios cambiantes; 458 días antes la elección era en octubre y ni Kirchner ni Scioli eran candidatos. Ni teníamos la caída tan grande en términos de desaceleración que produjo el conflicto con el campo. Es decir, era un país donde se competía en una campaña legislativa después de una victoria contundente de ellos en 2007... Asumimos el riesgo. El objetivo era ganar la legislativa en la provincia de Buenos Aires.

— ¿Ganaron porque Kirchner se equivocó?

— Nosotros buscamos esa polarización. Cuando uno ve un partido de tenis, hay errores forzados y errores no forzados. Al final, alguien gana.

— Otro publicista experto en campañas me puso el ejemplo de cuando un DT reunió a los jugadores e indicó lo que cada uno tenía que hacer en el partido; Ratín, el mítico capitán de la Selección, respondió: "Pero, los otros también juegan, ¿no?".

— Sí. Kirchner comete tres errores. El primero es sacarlo a Lavagna de ministro de Economía y nombrarse él. El segundo es poner a Cristina como candidata y después, nada. Y el tercero es ponerse él como candidato para reivindicar el modelo. Yo supe que le ganaba la elección en el momento que decide ser candidato. Y ahí sí los campañólogos hacen una lectura que es empírica. Cuando un candidato no puede obtener más del 30% de imagen positiva, no puede sacar más del 30% de los votos.

— ¿Le aportó votos el programa de Tinelli?

— Sí.

—¿Le aportó a algún otro candidato?

— No sería lógico decir que a mí sí y a otros no. A la luz de los resultados, la acción de Cobos, que muchos decían que lo estaban demoliendo, no sucedió. No tiene una relación directa, pero en mi caso me dio más popularidad en un segmento distante de la política: los jóvenes. Entre los 18 y los 24 años, notamos un crecimiento muy importante en mi imagen positiva. Uno no sabe en los votos cuánto significa, pero sí tuvo un rol positivo.

— En su página oficial de Internet, usted aparece con una remera de cuello bajo que exhibe aún más su tatuaje. Paralelamente, las encuestas mostraban que los jóvenes votaban más por usted y los viejos más por Kirchner. ¿Hubo una estrategia de potenciar una imagen suya más juvenil?

— Muy pocas cosas quedaron libradas al azar. Fue una campaña pensada profesionalmente, y los profesionales actúan con un objetivo, una estrategia y un plan. Ese plan fue cumplido, no solamente por el candidato, sino también por el equipo. Además fue un plan que daba lo que la gente quería, si no, no habría sido exitoso.

Quizás De Narváez logré satisfacer las diferentes demandas que en él depositaron miles y miles de votantes. Quizás sea la opción ante el autoritarismo kirchnerista. Y quizás demuestre que necesita de otro mandato como diputado nacional para llevar adelante ese cambio que la mayoría de los ciudadanos demandaron.

Verdades tan contundentes como aquella que asegura que se votó a un producto de marketing, a una figura creada para cosechar adhesiones, a "un plan que daba lo que la gente quería". Aunque no se sepa bien qué era lo que la gente quería o para qué lo quería.

Sería ingenuo pensar que De Narváez le ganó a otros candidatos que sí representaban aquello que se debería encontrar en la política. De Narváez le ganó a otros productos de marketing que erraron en su modo de "venderse" o eligieron un "packaging" escasamente vistoso.

El editorial en el que podamos analizar las propuestas que cada candidato puso sobre la mesa, el modo de ejecutarlas y la planificación para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos, se la debemos para una próxima elección.

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