Editorial: La farsa electoral

Ni el más delirante autor de ficción podía pensar en algo semejante. Buscar figuritas simpáticas que causen buena impresión en la gente sólo para conseguir más votos que el contrincante.
Se está a un paso de la elección de personajes de ficción, porque en definitiva el sentido sería el mismo. Cosechar votos y nada más.

A tamaño desprecio por la verdadera construcción democrática se llegaría en las elecciones de junio próximo si se confirman en las boletas las intenciones del ex presidente en ejercicio Néstor Kirchner, sin duda preso de la ira cercana al delirio por un control estatal que se le esfuma de las manos.

Con la convicción de que una gran parte del electorado es autómata o lela y votará lo que a él y a su esposa se le ocurra, y que a la otra gran parte del electorado la tiene cautiva con los planes sociales y prebendas del Estado, Kirchner inauguró sin medias tintas la era de las "candidaturas testimoniales".

En realidad, el presidente del PJ no está haciendo más que oficializar una práctica que crece de la mano de la inmoralidad política y la crisis partidaria. A nadie sensato se le hubiese ocurrido tal estrategia y tal vez por eso hoy se discute hasta qué punto una maniobra como la que se orquesta desde el poder puede frenarse desde la Justicia.

El accionar es sencillo: elegir a figuras destacadas de la política –tómese el término "destacado" como sinónimo de bien posicionado en las encuestas-, intendentes con mucho caudal de voto en su distrito, personajes de la farándula, del espectáculo, del deporte. Lo que importa es que las caras más visibles de la lista sean muy populares. Así, un mar de autómatas y dependientes llenarían las urnas de votos y, en este caso, el oficialismo, ganaría una elección consiguiendo más manos que su rival a la hora de votar proyectos. ¿Qué proyectos? ¿Qué legislador estará capacitado para elaborarlos o discutirlos? Preguntas molestas que poco hacen a la cuestión.

Y la estafa, porque más que testimonial lo que se perpetra es una estafa, se completa en los casos en que quienes pasan a formar parte de una lista de candidatos tienen a medio transitar caminos de gobierno para los cuales fueron elegidos por miles y miles de personas. De hecho –no es menor- elegidos por muchas más personas que las que votaron a las otras opciones electorales del momento.

Por ejemplo, si Sergio Massa fuese candidato en junio, tendría menos de dos años de gestión con licencia al frente del municipio de Tigre y debería abandonar la Jefatura de Gabinete Nacional para asumir como diputado o senador. Es decir, que se lo votaría para quién sabe cuál de esas tres tareas.

En octubre de 2007 una abrumadora cantidad de sufragios confirmaron que la voluntad de la mayoría de los bonaerenses era una provincia gobernada por el ex motonauta Daniel Scioli. Pito catalán para esos votantes que ahora verían migrar –o no- a Scioli detrás de una banca en el Congreso. Y Felipe Solá generaría el curioso caso del candidato a seguir en un cargo que posee, pero ahora lo haría desde una vereda pseudo opositora.

Esto que ahora rebautizan como "testimonial" no suena nuevo para los lujanenses. Miguel Prince ha sido un adelantado en el tema. El dirigente peronista armaba las listas de candidatos a concejales con la mente puesta en la cosecha de votos: el día después de las elecciones jamás le importó. Por eso orquestó la candidatura de Gabriel Miranda, quien pasó todo su mandato de edil con licencia; la de Graciela Galarraga, a la que candidateó para de inmediato solicitarla en el Departamento Ejecutivo; la de su hermana Claudia Prince, a la que convocó para trampear con el apellido en las boletas. Y siguen los recuerdos.

Hasta la propia Graciela Rosso está dispuesta a prestarse al juego. Ella no sólo iría adonde al matrimonio Kirchner le guste mandar, sino que además de dejar una gestión a medio hacer –por ser generosos-, caería en la burda estrategia de colocar su apellido –Adriana Rosso- en los primeros lugares de la nómina.

Si los diccionarios no mienten, testimonial significa "Que hace fe y verdadero testimonio" o "Instrumento auténtico que asegura y hace fe de lo contenido en él". Estas listas tienen poco de contenido auténtico. Suenan más contundentes y acertados para describir a la maniobra los significados de las palabras estafa y farsa.

Si los diccionarios no mienten, testimonial significa "Que hace fe y verdadero testimonio" o "Instrumento auténtico que asegura y hace fe de lo contenido en él". Estas listas tienen poco de contenido auténtico. Suenan más contundentes y acertados para describir a la maniobra los significados de las palabras estafa y farsa.

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