Editorial: Entre bomberos no se pisan la manguera

Guardamos en la redacción de este medio una copia del recibo que un empleado del bloque de diputados provinciales de la Coalición Cívica (CC) le entregó a Eliana Cufré a principios del corriente mes, en concepto de liquidación de haberes de entre marzo y diciembre del año pasado. 7.000 pesos son los que figura en el documento.
La prueba es irrefutable: a esa joven a la que el diputado provincial por la CC, Juan Carlos Juárez, empleó en marzo de 2008 por los favores militantes recibidos durante su campaña de 2007 –exitosa, por cierto, porque accedió a una banca en la Legislatura Provincial-, el bloque de legisladores de esa fuerza opositora le entregó ese dinero como admisión directa de una “retención indebida de haberes”. En algunos barrios como el San Jorge o el San Pedro de Luján, por citar ejemplos, la gente prefiere hablar de “robo” o “estafa”. “Retención indebida” suena demasiado pomposo.

La denuncia y su rápida admisión del “robo” molestan a la “clase política”. Seamos más específicos: molestan a cierta clase de política. Más puntuales aún; a la clase político-partidaria que tiene a sus soldados repartidos en diferentes puestos, cargos, favores o asesorías con salarios estatales.

Desde que se dio a conocer el caso, el único que abiertamente salió a decir algo fue el acusado directo. Eso sí, optó por afirmar que no sabía detalles de la denuncia, que el tema estaba en manos de sus abogados –se les debe haber escurrido, porque no hubo más noticias al respecto- y que no explicaba más porque “su perro lo esperaba en su casa” (textual del diputado Juárez).

La Unión Vecinal, desde las últimas elecciones socia de Juárez en el Frente Unión Vecinal, hace todos los esfuerzos posibles por evadir cualquier responsabilidad y más aún por condenar la conducta de su aliado. No quieren escuchar a Cufré, quien entre otras cosas dijo que su empleo estatal lo consiguió por ayudar en la campaña de “Luciani intendente, Juárez diputado”.

Los dirigentes más nuevos de esa fuerza local, aquellos a los que los añejos vecinalistas les pegaron la etiqueta de “renovación” pero no les dan dos centímetros de independencia, son los más incómodos ante el “tema Juárez”. Por lo bajo, admiten que habría que salir a condenar lo ocurrido. Pero nadie se anima a desafiar a los mandos naturales; a aquellos que benévolamente les permitieron ser candidatos, autoridades del partido y hasta concejales. ¿Cómo rebelarse ante semejante bondad? Por eso, hay que dejar pasar el tiempo y bregar por el olvido.

Ese es el pensamiento imperante que en la UV baja de los mismos dirigentes que daban las órdenes en la década del 70. Para ellos, que supieron hacerse los distraídos en esos años de botas y verde oliva, aplicar la indiferencia ante una denuncia de corrupción es una minucia.

¿Y qué ocurre con el resto de la fauna político-partidaria? Qué pregunta incómoda.

La denuncia que afecta a Juárez, conocida hace casi un mes, no pasa del comentario de entrecasa. Nadie se animó hasta el momento a pronunciar una condena. Y mucho menos a realizar una presentación formal que permita investigar y buscar a los culpables de esta “retención indebida” de haberes, de alguien que además –no está de más señalarlo- nunca tuvo tarea asignada ni en La Plata ni en Luján.

Desde el Concejo Deliberante local se han presentado en los últimos años adhesiones, condenas o pedidos de informes por temas muy variados. Los ediles han estado muy atentos a infinidad de situaciones, incluso extranjeras, pero en este tema tan cercano, tan local, nadie asoma la cabeza.

Sin eufemismos: ¿será porque todos tienen la cola sucia?

Los dirigentes más nuevos de esa fuerza local, aquellos a los que los añejos vecinalistas les pegaron la etiqueta de “renovación” pero no les dan dos centímetros de independencia, son los más incómodos ante el “tema Juárez”.

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