Editorial: Ensayo sobre la ceguera

Hasta ahora, la campaña electoral de las elecciones legislativas de 2009 se centró en temas que poco y nada tienen que ver con la función para la que se postulan cada uno de los candidatos.
Se debatió y debate si es legal la farsa de las candidaturas "testimoniales". Es decir, si se debe permitir que sujetos que no tienen intención de asumir el cargo para el cual se postulan, se presenten como cabezas de listas. La Justicia ya tiene el asunto prácticamente cerrado, al menos hasta el 29 de junio: "en sus declaraciones los candidatos dicen que si son elegidos, eventualmente asumirían la función".

No menos apasionada –para los cada vez menos apasionados por estos menesteres- fue la contraposición de opiniones por los vidriosos domicilios que presentaron algunos candidatos para ocupar listas en distritos que, más allá de su domicilio formal, no conocen en lo más mínimo.

También se discute sobre la legalidad o no de una postulación para diputado del preso ex comisario Luis Patti, quien manifestó su intención de acceder a la misma banca que le fue rechazada años atrás.

Horas y páginas de información se dilapidaron en señalar el uso de recursos estatales para los candidatos oficiales. Es un tema urticante, necesario en pos de la transparencia pero, lamentablemente, por más crónicas que se realicen Néstor Kirchner no dejará de utilizar los medios de la Presidencia de la Nación para su provecho; Daniel Scioli no cortará los regalos a dos manos de subsidios, convenios, escrituras y promesas de gestión, y los intendentes tampoco le pondrán un freno a la utilización de la administración comunal como puntal de sus campañas.

A poco más de veinte días de los comicios, esperemos que estos "detalles anexos" comiencen a quedar atrás. La maquinaria electoral, esa que tan perfectamente hace funcionar sus engranajes cada dos o menos años, ya se puso a rodar y ahora sólo queda convencer a los votantes.

Todos esos debates mencionados se centran en una presunción que minimiza el tema más importante. Los candidatos podrán ser testimoniales, truchos, demagógicos o presidiarios. En el cuarto oscuro, cada ciudadano es dueño de su voto.

Por momentos, el artificio de la campaña eclipsa ese dato esencial. Por más que el vecino haya recibido plata, electrodomésticos, tarjetas de alimentos o espejitos de colores, nadie podrá interponerse entre su mano y la boleta que coloque en el sobre.

Si, por el contrario, pensamos en la campaña como un simple arreo de ovejas, como la sencilla guía para votantes ciegos, que sólo respaldan propagandas, figuras, sellos, mercancía del marketing, los temas importantes que se deben exigir a cualquier candidato y que, en definitiva, se relacionan con el trabajo que desean asumir, quedarán olvidados. Y se seguirá eligiendo a un producto y no a una propuesta.

Si pensamos en la campaña como un simple arreo de ovejas, como la sencilla guía para votantes ciegos, que sólo respaldan propagandas, figuras, sellos, mercancía del marketing, los temas importantes que se deben exigir a cualquier candidato quedarán olvidados.

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