Editorial: Un discurso en medio de la guerra

Abundaron las contradicciones. En un salón de actos del Hotel De la Paz repleto de personas que llegaron a alimentar el ego y la sed de venganza del ex intendente Miguel Prince, se escucharon infinidad de contradicciones en el único discurso de la noche: el pronunciado por Prince.
Durante más de media hora, el ahora jefe del Partido Justicialista de Luján habló de una nueva etapa que se iniciaba en el peronismo, pero con proyección “a toda la comunidad”.

Se refirió a reconstruir al partido oficialista local sobre la base de la humildad, el diálogo, el consenso y dijo, -reiteró un par de veces-, que a partir de la votación interna del 30 de noviembre pasado, las autoridades del PJ tendrán que demostrar su capacidad de trabajo “a todos los militantes peronistas y a toda la comunidad”.

Parado en un pedestal de poco más de 2.000 votos, cayó en una flagrante contradicción porque consideró que para realizar esa apertura al diálogo “hay que respetar ciertas condiciones”. La destinataria del mensaje es la también afiliada y dirigente peronista Graciela Rosso a quien, hace poco más de un año, la votó la mayoría de los lujanenses. En todo caso, bastante más que 2.000 y pico de personas.

¿Quién está en condiciones de hablar de requisitos para el diálogo? Y, en todo caso, ¿poner requisitos para el diálogo es un signo de apertura, de intenciones de diálogo y de humildad?

Pero esa no fue la única contradicción que cerca de 400 personas aplaudieron y vivaron a rabiar durante el acto de asunción de Prince como presidente del PJ.

Hubo pasajes que rozaron lo grotesco. No sólo se improvisó sobre “Palito” Ortega y Charly García, y se buscó un guiño discursivo a través de la “solidaridad”, sino que también se dio un mensaje de paz por la invasión de Israel a la Franja de Gaza. Prince habló de la sensibilidad ante una injusticia y destacó que el ahora secretario de Adoctrinamiento, Leopoldo “Polo” Miglioranza tenga una remera en la que dice “Todos somos Palestinos”.

Pudo haber sido un mensaje sincero si minutos antes no hubiese dicho que su enfrentamiento político con Rosso él, el pacifista internacional, lo entiende como “una guerra; una guerra en la que se perdió una batalla, pero no la guerra (textual de Prince en la noche de su asunción)”.

Para cerrar el festival de las contradicciones, Prince, el guerrero, el que admite estar en medio de un campo de batalla, aseguró que “no quiere desde el PJ poner palos en la rueda de la actual gestión”.

Si se permite la ironía, si Prince está en una guerra, tal vez planifique minar el terreno, algo un tanto más efectivo que los palos en las ruedas.

Con actitudes como las reveladas el martes de 30 de diciembre, Prince aporta muy poco a la construcción de una ciudad mejor. Perdió las elecciones generales en octubre de 2007 y ya tiene los cañones apuntando a la destrucción de su contrincante político: la intendenta de todos los lujanenses.

En su largo discurso no se escuchó un solo aporte para mejorar a la actual gestión. Sólo críticas. En realidad, su entorno, siempre listo para regresar a sus cómodos puestos de trabajo en la Casa Municipal, sólo quería aplaudir contradicciones.

¿Quién está en condiciones de hablar de requisitos para el diálogo? Y, en todo caso, ¿poner requisitos para el diálogo es un signo de apertura, de intenciones de diálogo y de humildad?

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