Editorial: Le dieron un "okey" condicionado

En los pasillos, en la previa, en un marco de comentario informal, concejales que el viernes a la noche se aprestaban a dar el presente en la asamblea de mayores contribuyentes y defienden distintas posturas políticas, admitían su coincidencia con un planteo que ya apareció en este espacio: el trastocado sistema de premios y castigos que se aplica a aquellos que cumplen religiosamente con sus obligaciones tributarias y con quienes evaden esos pagos no sólo por carencias económicas, sino también por mera despreocupación especulativa.
Eso sí, sonó el timbre que llamaba a la asamblea y el cambio fue instantáneo. Esos comentarios quedaron relegados y todos se aprestaron a votar un fuerte aumento en los tributos. Un aumento que, como siempre, golpeará a los bolsillos de esa porción de contribuyentes menor al 50 por ciento y será ignorada olímpicamente por los morosos eternos.

Con todo, quien revise los números de la comuna entenderá las razones que se escondieron detrás de la mano levantada de todos los concejales y asambleístas presentes. Sin enmarañar el discurso con datos técnicos, basta con indicar que la administración municipal funciona con montos de recaudación dormidos en la economía de 2006. Y todos, incluidos los oficialistas, saben que los números que mes a mes difunde el INDEC son ficticios.

Por eso, los ediles de los bloques opositores entendieron la necesidad de actualizar las cifras de cobro. Y hasta allí se puede hablar de un consenso pleno. Pero se sabía que cada bancada haría pagar el cheque en blanco que se le entrega a la actual gestión.

Con matices, los concejales de los bloques Unión Celeste y Blanca, Partido Justicialista, Unión Vecinal y GEN, adelantaron su voto positivo pero se despacharon con una avalancha de críticas a la intendenta Graciela Rosso.

Le recordaron, por ejemplo, que en el marco de la primera apertura de sesión ordinaria que le tocó presenciar, dijo que no aumentaría las tasas, una promesa que corrigió al año siguiente.

También se le recordó su promesa concreta de cientos de kilómetros de caminos rurales reparados, una deuda con un sector al que ahora se lo castiga con uno de los más altos aumentos de los aprobados el viernes.

Y se le dijo –como si hiciera falta recordarlo- que Luján es un partido con beneficios no explotados. Se mencionaron sus industrias, la multitudinaria atracción del turismo religioso, el creciente turismo rural y el interés que generan sus tierras para las inversiones urbanísticas. En resumen, un cúmulo de ventajas que no se reflejan a la hora de recaudar. Por errores que se arrastran; por falencias en la toma de decisiones, por respeto a derechos establecidos que parecerían intocables, la recaudación de algunos de los rubros mencionados es miserable. Por eso es que se llega a situaciones extremas como pedir y depender casi exclusivamente del afuera y, cuando la soga llega a su extremo, aumentar las tasas.

Sin embargo, más allá de la variedad y vehemencia en los cuestionamientos que se escucharon en la noche del viernes, hubo un costado que sólo fue mencionado con liviandad: achicar el gasto público, en particular en salarios de personal superior. Y se lo trata de modo cándido porque es un interés que ningún partido quiere enfrentar. Sólo el edil Oscar Luciani atinó a pedir que se supriman direcciones y secretarías innecesarias "como la de Relaciones Internacionales".

De todos modos, generó cierta algarabía que el Departamento Ejecutivo haya informado la semana pasada que "comienza a estudiar" un recorte en el pago de la disponibilidad permanente de sus funcionarios. Cuando termine ese estudio, podría comenzar a revisar las razones por las cuales tiene a 23 agentes municipales que en las planillas oficiales figuran como "sin discriminar", lo que significa, lisa y llanamente, que las autoridades municipales saben que todos los meses les tienen que depositar sus sueldos, pero no está claro por qué servicio prestado.

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