Editorial: Construcciones

El acuerdo en las sombras que terminó arrebatándole el control –la Presidencia, entre otros cargos- del Consejo Escolar al sector de Graciela Rosso es apenas un dato más en una novela de entendimientos y deslealtades, siempre presente en lo que se da en llamar el "movimiento peronista", pero que en Luján recrudeció a partir del triunfo de Rosso en las elecciones de 2007.

Para que ocurra lo que hoy se evidencia no sólo en el Consejo Escolar, sino también en otros organismos estatales e incluso en la Municipalidad de Luján, se tienen que desencadenar diferentes situaciones. No se engaña a un referente por reacción espontánea. Salvo excepciones que surgen ante problemas coyunturales que necesitan respuesta inmediata, en su mayoría las maniobras políticas se meditan, se piensan, se negocian.

Con Miguel Prince dedicado, desde la misma noche en que aceptó la derrota contra Rosso, a horadar el poder y la gestión de su contrincante porque aún hoy no logra admitir que las urnas no lo eligieron a él como el intendente del bicentenario de la patria, la intendenta no hace otra cosa que pelear para construir una estructura leal.

Pero los reveses son constantes. El primero se lo dio la ex legisladora María Inés Fernández, siempre atenta a las opciones políticas que le permitan a ella, a su esposo, a sus allegados y a la eterna concejal Susana Haurié, entre otros, estar "acomodados" en los intersticios públicos o partidarios. Cuando Fernández vaticinó que asociada a Rosso no tendría la misma cosecha que acercándose a Francisco De Narváez, dio un portazo y cambió de discurso. Una noche se acostó oficialista, a la mañana siguiente a la más férrea crítica del kirchnerismo.

En ese plan de construir consensos y estructura, tampoco resultaron acertadas las decisiones de sumar gente "de afuera". José "Pepe" Armaleo, Esteban Strambi, Adolfo "Fito" Sigwald, Jorge Lara fueron alfiles de Rosso hasta que dejaron de cobrar su sueldo. ¿Quién sabe qué será de sus vidas?

Y menos fructíferos para esa construcción resultaron los acuerdos con profesionales "extrapartidarios" o cercanos a anteriores gobiernos comunales. Hoy se les amontonan las frases cuando alguien les pide una crítica a la administración de Rosso.

Lo cierto es que Prince, con tiempo de sobra porque ni el más cercano de sus colaboradores se anima a decir de qué trabaja todos los días, sólo se ocupa de dinamitar cualquier construcción rossista. Por supuesto que para ello existe una mezcla de méritos, carisma, contactos, viveza e incapacidades. Y, repetimos, mucho tiempo.

Así las cosas, el ex intendente ahora electo concejal tiene como aliados a diferentes sectores fuertes del sindicalismo. En la ANSeS, si sus autoridades tienen que elegir qué foto poner en el escritorio de trabajo y sólo deben elegir entre Rosso y Prince, no dudan. Y la misma descripción podría caber en las oficinas regionales del Ministerio de Desarrollo Social de Nación, dedicada a la sensible tarea de inscribir para el cobro de la asignación universal por hijo.

Por supuesto –y aquí retornamos al Consejo Escolar- Mario Oporto, titular de la cartera educativa bonaerense, tiene más afinidad con la anterior gestión local que con la actual. Una cercanía que se traduce en nombramientos: en La Plata y bajo su órbita, trabajan Rubén Leopardi, Gabriel Miranda, allegados a Eduardo Sícaro, entre otros, todos leales al ex jefe comunal. Gracias al doble discurso de algunos opositores, el princismo jamás perdió el control del Consejo Escolar, apéndice de lo que se decide en las oficinas de Oporto.

En algo Rosso y Prince corren parejos: siguen acaparando prácticamente toda la atención política local, regalando la ilusión óptica de ser las únicas opciones posibles.

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