Editorial: Construcción colectiva

Ningún sector político local tiene el fin de año que desea. En el oficialismo, la situación es impensada: Graciela Rosso fuera del gobierno por 40 días, con la posibilidad de que esa licencia se extienda por varios meses más. La oposición, sin argumentos para opinar respecto de la medida adoptada por la intendenta.
Rosso se aleja del cargo por una impostergable demanda familiar que siempre estará, en la cabeza Rosso y de todo buen vecino en su sano juicio, por delante de cualquier urgencia laboral.

La información acerca de la licencia de Rosso se comenzó a mencionar hace varios días atrás, pero se confirmó oficialmente esta semana, a pesar de que al cierre de este texto el gobierno no había emitido un comunicado.

Con todo, desde el jueves el presidente del Concejo Deliberante, Hernán Mosca, tomó posesión del Departamento Ejecutivo, por ser quien encabezó la lista de concejales con la que Rosso llegó al gobierno local.

La aprobación inmediata de la licencia pedida por Rosso en el Concejo Deliberante es un buen aliciente de cara al futuro. Que los ediles hayan aportado su firma "ad referéndum" denota no sólo la compresión de la urgencia, sino también un rasgo de seriedad institucional.

Para aquellos que miran la política partidaria a prudente distancia, el aval del Concejo a la licencia de Rosso no sería más que la única actitud posible que se debe adoptar. Sin embargo, en los últimos años dentro del recinto –en sesión o fuera de ella- se han escuchado y debatido tantas cuestiones teñidas de la más absoluta mezquindad que no deja de sorprender gratamente que, ante el pedido de la jefa comunal, no se haya generado ningún atisbo especulativo.

Esto despierta esperanza para los próximos meses y -por qué no- años de la administración municipal. Cabe la posibilidad de que Rosso utilice esta primera licencia de 40 días y retorne al trabajo habitual. Pero también podría extender su alejamiento del cargo y es entonces donde entraría en juego la madurez de los dirigentes políticos para sostener, respetar y hacer crecer las bases institucionales que los ciudadanos construyen en cada elección.

Luján, como ciudad, como comunidad, no puede darse el lujo de seguir perdiendo tiempo para solucionar los problemas actuales y planificar el futuro. Y si Rosso no estará un tiempo en el cargo, deberán ser sus ediles y sus funcionarios los que tomen la posta en la conducción, en la elaboración y en la puesta en práctica de ideas y acciones de gobierno. Tendrá que dejar de ser un enunciado aquello de las cimentaciones partidarias de equipos.

Hoy más que nunca Luján debe apelar a la construcción colectiva. Porque si miramos el contexto siempre con la mira puesta en la próxima elección, no hacemos más que perder el tiempo. Triste imagen de aquel que se regodee ante un Departamento Ejecutivo en crisis.

Ante los acontecimientos recientes, Luján precisa a todos apuntando y aportando hacia un mismo lado. Interesante desafío para el oficialismo y para la oposición, que no son más que representantes de una misma sociedad.

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