Editorial: A cincuenta pasos de la realidad

Tan sencillo como irreal. Así debe ser la vida de un alto mandatario. Los días transcurren entre la estabilidad económica y una infranqueable distancia entre su rutina y la de aquellos que sufren los problemas que él debería solucionar.
Esta reflexión tan general puede focalizarse sobre la persona del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. El lunes a la mañana estuvo en Carlos Keen y ratificó cada uno de los puntos del manual del mandatario actual.

Escenario y alfombra roja implantada en medio de un poblado. Una custodia exagerada en los alrededores de modo de mantener la total seguridad, irreal en prácticamente toda la geografía bonaerense. Llegada en helicóptero, de manera de no poner ni siquiera un pie en los kilómetros de asfalto que vino a inaugurar.

La mandataria local, acorde con el protocolo, se acerca al gobernador apenas pisa la tierra para, en los metros que separan el helicóptero del escenario, ponerlo al tanto de la realidad del partido que visita.

Es decir, unos cincuenta pasos en los que hay que contarle –o debería- que se critica la cantidad de empleados que tiene la Municipalidad de Luján; que los recursos económicos son escasos; que se aumentaron las tasas; que había prometido trabajar para hacer realidad el cierre del bingo pero lo seguimos esperando; que la curtiembre de Jáuregui, que debe ser controlada desde su administración, sigue contaminando; que la planta depuradora de líquidos cloacales sigue rota y la nueva planta sigue en la nebulosa; que el río Luján, otrora uno de los más bellos de la provincia, es un depósito líquido de residuos industriales; que el basural a cielo abierto es cada día más basural a cielo abierto; que faltan muchos servicios esenciales en muchos barrios; que le entregará un puñado de subsidios a productores agropecuarios pero que más ruralistas que los beneficiados por su dádiva esperan respuestas estructurales para el sector; que hay escuelas y jardines prometidos que no se construyen. Y que la pavimentación del camino a Carlos Keen, como también sucede con la ruta provincial 192, se prometió tantas veces que hoy debería darles vergüenza hacer una fiesta para su inauguración. Cincuenta pasos para este bombardeo de información.

Claro que la comunicación es diferente cuando de un lado no hay ganas de transmitir tantas pálidas y del otro muchas menos ganas de escucharlas.

Alfombra roja, abanderados, aplausos para el gobernador, carteles de agradecimiento, un locutor con voz engominada y los minutos contados para subirse otra vez al helicóptero y repetir el "no contacto" en otro municipio.

Así fueron los trazos gruesos del paso de Daniel Scioli por la localidad de Carlos Keen, donde en un arrojo de realismo rompió con el sendero entre el escenario y el helicóptero, se acercó a saludar al delegado del pueblo y también recorrió parte de las instalaciones de una entidad de bien público.

Todo se desarrolló mientras un séquito de funcionarios pagos le marcaban el paso y le decían cuánto debía apurarse, porque había que seguir la gira. Scioli llegó a Carlos Keen a las 10.08. A las 10.42 ya estaba en vuelo otra vez.

Tal vez por ese apuro, por esa desconexión, porque ese modo tan sencillo como irreal por el que transitan los altos mandatarios, su dirección de Prensa, minutos después del paso veloz por Carlos Keen, informó los detalles de su visita a una escuela en el pueblo. Jamás existió esa recorrida.

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