Editorial: La carencia de un equipo

Si algún lujanense tenía dudas, las últimas noticias nacidas en el seno de la gestión de Graciela Rosso se encargan de despejarlas: la intendenta no tenía equipo de gobierno para enfrentar una administración comunal de cuatro años de sinsabores y exigencias.

En principio, parte de sus colaboradores fueron aportados por el sector político-partidario liderado por la ex senadora y ex diputada María Inés Fernández. Otros nombres surgieron de la simpatía de la jefa comunal como aquella añoranza, muy presente en muchos vecinos, de los años de gestión presuntamente prolija, austera y honesta del sallaberrismo.

También se promovieron ascensos de trabajadores de carrera que pudieron esbozar buena letra durante los últimos años del princismo y a los que Rosso creyó conveniente darles una oportunidad dentro del Ejecutivo.

El resto de “su equipo” desembarcó en las tareas ejecutivas por su cercanía con la actual mandataria en diferentes etapas de su carrera política: colaboradores durante sus años de viceministra de Salud o responsable del Pami; asesores en sus años de diputada nacional; simples conocidos dentro de la estructura estatal y, por qué no, algún que otro familiar.

Por diferentes razones, esas relaciones que se transformaron en colaboraciones directas dentro de una administración, hoy exponen sus enormes grietas. Esa construcción política muestra sus debilidades y genera incertidumbre de cara al futuro.

Tal como se detalla en la página 3 de esta edición, en apenas un año de gestión se renovó a prácticamente toda la plana mayor de su gabinete. Por distintas razones, se fueron las personas que Rosso había nombrado como secretarios de Gobierno, de Infraestructura, Obras y Servicios Públicos, de Desarrollo Productivo, de Salud y Medio Ambiente. Y la semana pasada una nueva trifulca interna derivó en la presentación de las dimisiones de los secretarios que aún se mantenían en pie desde diciembre de 2007: Héctor Artero y Alcides Pedurán.

Quienes intentan explicar y justificar el modo de actuar y gobernar de la jefa comunal, se esfuerzan por exponer lo descrito como una virtud y no como un defecto; mucho menos como una debilidad. Esos “rossistas” aseguran que “la intendenta no está casada con nadie. Si alguien no trabaja como se debe, es reemplazado y punto”.

Otra visión de lo mismo podría señalar, por el contrario, que Rosso perdió un año de gestión tratando de encontrar a los funcionarios que pudieran plasmar en acciones su plataforma de gobierno. Y que con tres años por delante, todavía está en la búsqueda de las personas más adecuadas.

De lo que no quedan dudas es de lo afirmado en el inicio de este texto: Rosso asumió el cargo de intendenta sin un equipo de profesionales que respondiera fiel y responsablemente a su propuesta. Y todavía está lejos de contar con ese equipo. Sólo tiene un puñadito de fidelidades aisladas.

Rosso asumió el cargo de intendenta sin un equipo de profesionales que respondiera fiel y responsablemente a su propuesta. Y todavía está lejos de contar con ese equipo.

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