Editorial: Cambio de figuritas

El accionar de la política en materia de seguridad es cíclico, aunque no por ello efectivo. En todo caso, los mayores logros de las autoridades se registran cuando la sociedad no habla de la inseguridad o cuando los medios están lejos de mencionar las trilladas expresiones "ola de inseguridad", "creciente sensación de inseguridad" y frases por el estilo.
En estas semanas esas frases volvieron a sonar por un puñado de casos resonantes. Ocurre que, por más antipático que suene, el peso de la noticia no es el mismo cuando el tiro en la cabeza lo recibe un ex integrante de la selección nacional de fútbol o una arquitecta que ni siquiera se resistió al robo de su auto. No se trata de cinismo, sino de simple lógica mediática: sería lo mismo que pedir igual tratamiento informativo para el trasplante de Sandro que la operación de un niño en iguales condiciones internado en un hospital público.

Cuando la noticia toca órganos sensibles, las autoridades se sienten acorraladas. Sienten que algo deben hacer.

Por eso, en estos días, desde la Gobernación Bonaerense se dejó trascender la posibilidad de cambiar a las cabezas del Ministerio de Seguridad o la Policía Bonaerense. Se dieron los nombres de los posibles candidatos y las razones por las cuales había que renovar al plantel. Horas más tarde, el gobernador Daniel Scioli salió a ratificar a sus funcionarios. Suena a la confirmación en el cargo de técnico de las autoridades de un club de fútbol, cuando el DT ya tiene la soga al cuello.

De todos modos, el meollo del asunto no está en los actuales o los posibles futuros funcionarios. Un par de preguntas bastan para comprender que el cambio de figuritas en el Ministerio de Seguridad o en las cúpulas policiales sólo dan una leve corriente de aire a las autoridades; unas semanas de respiro, pero más temprano que tarde todo vuelve a su viciado contexto.

¿Cuántas personas pasaron por el Ministerio de Seguridad desde que asumió Scioli? ¿Cuántos pasaron por ese cargo desde que gobierna en la provincia la misma estructura político-partidaria? Más alevoso aún: ¿cuántos comisarios se cambiaron, rotaron o se jubilaron en busca de una presunta renovación?

Luján se encuentra en sintonía con esa infructuosa propuesta de cambiar figuritas para, en el fondo, no modificar absolutamente nada.

La semana pasada se hicieron efectivos los cambios de comisarios, capitanes, jefes o titulares -porque también se quiso vender la idea de que con nombres diferentes, los comisarios harían mucho mejor su trabajo- de Luján Primera y Luján Segunda.

Si los jefes no dan instrucciones a sus "vigi" para que no hagan otra cosa que entrar a la página y votar y nada extraño sucede con la encuesta, la tendencia ante la pregunta de este medio en su página web parece irreversible: cerca del 80 por ciento de los lectores admitía que el cambio de comisarios no les genera expectativa ante la ¿sensación? ¿realidad? de inseguridad.

Casi tan preocupante como la pregunta y las respuestas de la semana pasada. ¿Respalda la idea de colocar banderas negras en los frentes de los domicilios para denunciar la situación de inseguridad? era la pregunta en www.elcivismo.com.ar. Y obtuvo un contundente 74,40 por ciento de respuestas afirmativas.

Una bandera o una bolsa negra no modifican ni solucionan nada. Lo mismo que un comisario experimentado o uno llegado de las tranquilas tierras de Moquehuá.

Las soluciones reales llegarán el día que comisarios, autoridades, vecinos, entidades, la sociedad toda, se siente a discutir las causas de la inseguridad. Tratar de frenar las consecuencias es ridículo; o, mejor dicho, es funcional a las autoridades de turno que de ese modo pueden decir, como lo hace Scioli constantemente, que "todos los días estamos dando batalla contra la inseguridad".

Claro que afrontar el problema de la inseguridad desde su raíz necesita de más tiempo, más ideas, más recursos, más propuestas, más educación, más oportunidades para todos, más transparencia y menos prejuicios, elementos todos que hoy por hoy escasean. Es más fácil cambiar comisarios, sacar y poner ministros, organizar empresas de seguridad privada y vender candados o alarmas.

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