Editorial: El cacerolazo del lunes

Lo primero que se puede afirmar es la falta de originalidad. Año electoral, regreso de la avalancha de información sobre inseguridad, con incontables cantidades de horas y páginas que hablan de “ola de robos”, “incremento en los asaltos”, “harto de la gente”. Si un periodista busca, todos los días del año encontrará una persona dispuesta a decir que “así no se puede seguir”; que “algo hay que hacer”.
Peor aún es el escenario si esa sensación de inseguridad de la que tanto se habla está alimentada por los intereses de los candidatos.

Sin que hasta ahora se hayan expuestos medidas, el equipo de prensa del diputado Francisco De Narváez -por citar un ejemplo cercano- trabaja en la difusión de un “mapa de la inseguridad”, en el que los vecinos pueden sumar su caso. Un esquema incompleto, que sólo parece tener un objetivo electoral. El termómetro social indica que uno de los temas que preocupa y sensibiliza a la mayor parte de los ciudadanos es la inseguridad y por ello algo hay que hacer; no importa qué. Importa que en octubre se vota.

Ahora que la temática de los secuestros cotiza bajo, apareció una arista ideal para llenar hojas y hojas “informativas”: los pedidos de la farándula. Susana Giménez pidió que “al que mata, hay que matarlo”; Luis Alberto Spinetta acepta que “a algunos hay que pegarles un tiro”; el menos talentoso Cacho Castaña se prende en la onda justiciera y el clima vuelve a ser el ideal para los que hacen negocio con las políticas de seguridad, sabiendo de antemano que nada sustancial cambiará con una ley más o una ley menos.

Con ese caldo en ebullición, esta semana, a través de las inefables cadenas de mails, se convocó a una protesta para el lunes pasado a las 20 “en la puerta de nuestras casas. Con un apagón de 15 minutos, golpeando cacerolas y tocando bocinas”.

Los autores de esa convocatoria trazaban los pasos a seguir: “En caso de presentarse la TV, decimos a los periodistas que pretendemos leyes y jueces que protejan a nuestros hijos, nietos y a nosotros mismos, mientras tanto si es necesario se instale el estado de sitio. En principio –siguen proponiendo- la ley de emancipación de menores; aquel menor que comete delitos, automáticamente queda a disposición de la Justicia que debe aplicar la ley como a un mayor. El que mata, prisión perpetua; el que viola, prisión perpetua; el que roba, no menos de 25 años de prisión. (...) Por una Argentina segura, libre y soberana, vamos a intentarlo; no nos quedemos de brazos cruzados”.

Si bien resultaba materialmente imposible estar en todos los barrios a la vez, en los sitios en los que se encontraban quienes cumplen diferentes tareas en este medio no se escucharon cacerolazos, ni bocinas, ni nada que graficara una protesta.

Todo indica que esta burda simplificación del problema expresada en el citado mail y, por consiguiente, de las soluciones que expone, no encuentra eco en una sociedad que, sin duda, pretende vivir más segura pero que comprende también que las soluciones no son mágicas; que no hay alquimistas de la seguridad y que los cambios, si se dan, serán lentos, paulatinos y con resultados a muy largo plazo. Eso si nos permitimos el optimismo.

Todo indica que esta burda simplificación del problema de la inseguridad no encuentra eco en una sociedad que, sin duda, pretende vivir más segura pero que comprende también que las soluciones no son mágicas.

Comentá la nota