Editorial: Bienvenido el diálogo

Porque perdió. Porque siente que si no hay un cambio de actitud los próximos años de gobierno serán un calvario. Porque se sintieron acorralados sin decirlo.
Porque es el mejor modo de reconstruir el poder dilapidado. O por todas las razones que se puedan agregar, el matrimonio presidencial se abrió el diálogo político y pidió a sus alfiles que salgan a responder a esa convocatoria.

En estos días llegó la invitación más debatida: diálogo con el campo. O, mejor dicho, con aquellos que tienen la representación del campo, que no es lo mismo que decir "con el campo".

Pasó más de un año de un conflicto que no aportó absolutamente nada productivo sino que, por el contrario, generó una serie de inconvenientes que aún no están resueltos.

Pasaron los meses de cortes de rutas, de tironeos entre diferentes sectores sociales, de medidas de fuerza que no hacían más que golpear al bolsillo de los ciudadanos, de leche derramada, de grandes extensiones sin sembrar, de especulaciones.

Pasaron también los meses de presentación del conflicto con una descripción mañosa, con aquellos de "proyecto nacional y popular" o "proyecto burgués"; de actos y más actos sólo para demostrar poder de convocatoria; de discursos encendidos y provocadores; de actuaciones o imitaciones de Evita, y de muchas actitudes que sólo incrementaron el enfrentamiento.

El resultado de ese cúmulo de actitudes no fue el esperado. Pero no lo fue para ninguna de las dos posiciones. El campo hoy admite que está peor que antes del comienzo del conflicto, y que políticamente lo único que consiguió fue sumar un puñado de legisladores que –dicho sea de paso- se ofertó al mejor postor ideológico en pos de acceder a una banca.

Cómo le fue al gobierno nacional está más que expuesto. Perdió aquella histórica votación por las retenciones y hace poco más de un mes perdió las elecciones legislativas.

Hoy, tarde pero al fin, el matrimonio presidencial entiende la necesidad de llamar al diálogo. Tiene sus razones.

Por eso, ante un gesto que se esperó durante mucho tiempo, hay que demostrar una actitud seria. De poco sirve insistir en las chicanas, caer en la silbatina, reivindicar cuestiones indefendibles del pasado o bravuconear antes de sentarse a escuchar al otro y plantear las inquietudes.

Sólo con gestos serios de ambos lados –en este caso "el campo" y el gobierno- se podrá iniciar un camino de reconstrucción productiva y social. De lo contrario, la inmensa mayoría de los argentinos seguiremos siendo espectadores de una pelea sin sustento, sin objetivo y que sólo reportará beneficios a intereses mezquinos.

Comentá la nota