Editorial: Alicia en el país de las maravillas

Pensar que llegaron, se establecieron en el poder y pretenden seguir en él de la mano del discurso de la “nueva política”. Quienes gobiernan en Nación, en Provincia y en Luján aseguran que desembarcaron en tierra argentina –hablamos de desembarco porque recordarles el pasado es una estocada mortal que no están dispuestos a aceptar- para cortar de cuajo viejas prácticas, para romper con los eternos negociados, para imponer un estilo de gestión nacional y popular que dignifique a cada uno de los ciudadanos y, en especial, a los desprotegidos.
Para las elecciones, ese “escollo” que vislumbra el matrimonio presidencial, ya está en marcha la campaña y aquellos que prometían aplicar prácticas más dignas, totalmente opuestas a las que abundaron años atrás, están inmersos en los mismos vicios y defectos que cuestionaban. Es más, si para desarrollar esa iniciativa tienen que pactar con los mismos caudillos de siempre, no lo dudan un segundo.

El miércoles pasado Luján fue testigo de la vigencia que tienen las peores costumbres del ejercicio del poder. Brindemos porque el asistencialismo goza de muy buena salud.

Funcionarios y un ejército rentado de asistentes, encabezados por la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner, llegaron en espléndidos autos oficiales a uno de los rincones más golpeados por la pobreza de todo el partido de Luján: los fondos del barrio San Fermín.

Rodeados de la más extrema miseria los funcionarios hablaron ante un puñado de personas que llegaron por necesidad, de ese país que dicen que están cambiando, que dicen que están mejorando, que dicen que no volverá a ser lo que era, que dicen que tendrá desterrada a la indigencia.

Y para ratificar esa convicción, acto seguido entregaron decenas de sobres con carnets de pobres. Un diplomita y un papelito plastificado les asegurará a vecinos con carencias económicas un ingreso mensual mísero y, tal vez, con suerte, el acceso a algún “plan social”. Antes se llamaba “Caja PAN”, después “Plan Vida”, meses más tarde “Más Vida”; hoy el nombre es diferente pero la dádiva es la misma. Unos pocos pesos y comida de la canasta básica para afirmar que el cambio y el trabajo por la dignidad está en marcha.

Cuando los comicios estén más cerca en el calendario, como lo supo hacer Miguel Prince, o Néstor Kirchner, o Carlos Ruckauf, o Felipe Solá, o Eduardo Duhalde, o Graciela Galarraga, o Chiche Duhalde, o Iris Bustos, será Esteban Strambi, Graciela Rosso, Alicia Kirchner o Daniel Scioli, por mencionar algunos, los que incrementen la asistencia oportunista. A los centavos, la leche y los fideos se les sumarán colchones, chapas, elementos más costosos.

Lo increíble del caso, porque se vio en el acto del miércoles, es que las autoridades lleguen a emocionarse. O realmente están convencidas que entregando pensiones, subsidios y una bolsa de alimento están construyendo un país digno, o merecen el Oscar.

Lo increíble del caso, porque se vio en el acto del miércoles, es que las autoridades lleguen a emocionarse. O realmente están convencidas que entregando pensiones, subsidios y una bolsa de alimento están construyendo un país digno, o merecen el Oscar.

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