Edgar, el "paciente cero", se recupera en un pueblo golpeado

Un chico de cinco años fue señalado por las autoridades como el primer infectado
LA GLORIA, México ( The New York Times ).- Como todo niño que ya ha pasado los cinco años, Edgar Hernández es capaz de recitar de memoria los fuertes síntomas de gripe que padeció hace algunas semanas: le ardía la cabeza, tosía hasta que le dolían la panza y la garganta, y no quería comer, algo raro en él, que suele engullir todo lo que puede.

"Estuve muy mal", dijo el martes, ante la mirada preocupada de sus padres. "Ahora me siento bien", dijo después, con una sonrisa.

El gobierno ha identificado a Edgar como el primer mexicano en infectarse con una virulenta cepa de gripe porcina, y su notoriedad puede despertar dudas acerca del modo en que las autoridades mexicanas reaccionaron -o no reaccionaron- frente a las primeras manifestaciones de una potencial epidemia global.

Edgar está entre los cientos de personas de La Gloria que cayeron enfermas con síntomas similares a los de la gripe, en un brote que según las autoridades federales se inició el 9 de marzo. Los habitantes del lugar acusan a los funcionarios de salud pública de haber descartado en ese momento la posibilidad de un brote y de haberles asegurado que no había de qué preocuparse.

Las autoridades dicen que respondieron con celeridad, aunque reconocen que recién empezaron a tomar el asunto en serio cuando el virus infectó a personas en otras partes del país, lo que ocurrió por lo menos una semana después.

María del Carmen Hernández, la madre de Edgar, dice que no ha recibido, ni siquiera hasta hoy, información concluyente sobre la enfermedad exacta que tuvo a su hijo en cama durante tres días. Nadie le ha explicado qué tiene que hacer para que el niño y el resto de su familia no se enfermen, dijo, señal de que probablemente la respuesta mexicana ante la crisis sea despareja, sobre todo en las zonas rurales.

"Algunos están diciendo que mi hijo es el culpable de que se enfermara el resto del país -dijo Hernández, de 34 años, con la mirada en blanco al relatar su duro trance familiar-. Yo no creo eso. No sé qué pensar."

Entre marzo y principios de abril, murieron dos niños en La Gloria, una ciudad dedicada a la cría de porcinos, aunque las autoridades dijeron que todavía debe determinarse si fue a causa de la misma cepa que infectó a Edgar y que luego se extendió a otros vecinos. Este y otros interrogantes confunden y preocupan a los habitantes del lugar.

Cada vez que golpean a su puerta, los Hernández se sobresaltan: fumigadores que rocían su hogar sin explicarles para qué, científicos que toman muestras de la garganta de Edgar con hisopos, y hasta el gobernador de Veracruz, que llegó el lunes en helicóptero con toda su comitiva y regaló a Edgar una pelota de fútbol y una gorra de béisbol.

El lunes, el médico local que atendió a la señora Hernández le dijo que su hijo tenía influenza, pero que no se trataba de la gripe porcina, contó la mujer. Pero apenas unas horas antes el gobernador Fidel Herrera Beltrán había estado en el hogar de los Hernández para interesarse por Edgar. El funcionario había dicho públicamente durante el fin de semana que el test de gripe porcina realizado a Edgar había dado positivo.

"¿No tendrían que decírselo primero a la madre?", se pregunta la señora Hernández, mientras su otro hijo, Jonathan, de unos cuatro años, deja escapar una tos.

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