EDECAT: doce años signados por incumplimientos y escándalos

Denuncias penales, sobrefacturación, un supuesto fraude con medidores y pésima calidad de la prestación fueron las marcas de Sergio Taselli en su paso por la concesionaria eléctrica.
La concesionaria eléctrica provincial, tras la privatización del servicio realizada en 1996, EDECAT S.A., escribió a lo largo de doce años una negra historia plagada de escándalos, denuncias penales, incumplimientos varios y pésima calidad de la prestación. Gran parte de ese historial tuvo como principal protagonista al empresario Sergio Taselli, quien comandó los destinos de la empresa hasta 2004, cuando lo desplazó su hermano Alberto, quien en ese marco lo denunció junto a ex directivos por supuestas maniobras fraudulentas que endeudaron a la firma por una cifra varias veces millonaria.

La profunda crisis energética que hace pocos días derivó en la demorada y necesaria intervención estatal en el servicio fue consecuencia de la entrega del negocio de la luz a un grupo empresario que, desde el principio mismo de su actividad en la Provincia, contó con la connivencia del poder para eludir sus responsabilidades empresariales.

La falta de inversión, el manejo fraudulento, el vaciamiento y el endeudamiento de la firma, las maniobras para alzarse con suculentos dineros obtenidos ilícitamente no podrían haberse llevado a cabo sin la complicidad de distintos niveles institucionales y políticos, que por acción u omisión consintieron el accionar de Taselli y sus alfiles en la privatizada.

La sociedad catamarqueña quedó rehén de la irresponsabilidad y venalidad de los concesionarios, a quienes el poder político apañó mientras la infraestructura energética se deterioraba hasta el colapso por la falta de inversiones.

Ya desde el momento en que comenzó a gestarse la privatización del servicio, durante la gestión del radical Arnoldo Castillo, el trámite no estuvo exento de polémica. La desarticulación de la vieja DECA y su transformación en EDECAT significó lisa y llanamente la entrega de un servicio esencial para el desarrollo a un empresario inescrupuloso, que lejos servir a los usuarios, puso en marcha un modelo de gestión repetido en otras concesiones, que llevó la prestación a una crisis inimaginable.

Los catamarqueños quedaron rehenes de un oligopolio energético, ya que IATE, el grupo propietario de EDECAT, participaba también de la transportista TRANSNOA, a la que le compraba energía. Esta situación está claramente prohibida por la legislación vigente.

Al poco tiempo de iniciada la concesión, por ejemplo, un ex funcionario de la DECA llevó la sospecha de que IATE se había autoadjudicado obras de conexión a departamentos del oeste provincial al Sistema Interconectado Nacional, por un monto de 25,5 millones de pesos a solventarse con fondos FEDEI. Por esa razón se pidió una auditoría a la Secretaría de Energía de la Nación, para determinar si era regular la acción.

En 1998, dirigentes y legisladores del FREPASO denunciaron ante Fiscalía de Estado que UNIVAL, una "empresa fantasma" radicada en Uruguay, se había quedado con acciones clase "A" de EDECAT en virtud de una transferencia contraria a lo normado en el contrato de concesión, que establecía que este tipo de acciones recién podía venderse 5 años después de la privatización, y siempre con autorización del ENRE.

En cuanto a la calidad del servicio, la prestación fue progresivamente deteriorándose y especialmente en verano se volvía crítica. Los usuarios soportaron constantes interrupciones de servicio y baja tensión. En 2003, por ejemplo, un apagón que dejó sin luz a 30 mil usuarios durante 12 horas puso en evidencia que la empresa no había realizado las inversiones para tener un sistema alternativo, a la que estaba obligada por el contrato de concesión.

La irresponsabilidad en el manejo empresario también tuvo su costado trágico, con los accidentes de varios operarios, algunos de los cuales fueron fatales, lo que desnudó la falta de elementos de trabajo y capacitaciones para garantizar la seguridad en el trabajo de los obreros.

Comentá la nota