Ecuador, un país donde la gente paga con dólares en la verdulería.

Diez millones de ecuatorianos eligen presidente mañana. El actual mandatario, Correa, es el favorito.
Mañana vota Ecuador por un nuevo mandato presidencial y el resto de cargos nacionales y locales, en comicios más calmos y previsibles que los de años recientes. El mandatario Rafael Correa, en el poder desde 2006 y nueva Constitución mediante -su gran y ganadora apuesta en 2008- busca ser reelecto y las encuestas lo dan favorito. En el peor e improbable escenario para él, debería esperar al ballotage de junio si no logra mayoría mañana.

Aquí hay veda electoral y ley seca, igual en el resto del país. Pero queda la resaca de una campaña a pura propaganda callejera y mediática, de infinitas listas y promesas, que como en todo el mundo de la publicidad engaña, todo es posible y fantasioso, y se promete todo sin que se caiga una idea seria sobre cómo hacerlo. Para los analistas faltaron propuestas y debates.

Correa y su gente no dudan: ganan. A sus 7 rivales, la mayoría corriéndolo por izquierda, el analista Alberto Acosta, un ex hombre fuerte del gobierno, hoy de vuelta a la academia, los llama ante Clarín "los 7 enanitos", menos por Blancanieves que por el bajo vuelo de sus razonamientos. Allí están, entre otros, el ex presidente y ex coronel Lucio Gutiérrez y la hija del ex presidente Jaime Roldós, Martha R. Por derecha corre el eterno candidato y magnate bananero Alvaro Noboa, que quiere un gobierno de negocios y sin impuestos a la renta empresaria.

Ecuador es uno de los países más chicos de Sudamérica. Vivió a los tumbos políticos hasta 2006, con más presidentes huidos y derrocados que en la Argentina de 2001/02. De uno de esos cataclismos heredó la dolarización, que sigue pese a que Correa no la quiere, pero sabe lo difícil que será salir de ese corsé que lleva a que la gente pague con dólares hasta en la verdulería. El país siempre estuvo partido entre la costa (con Guayaquil como mayor polo económico y poblacional), la sierra (donde está Quito) y oriente, con la imponente Amazonía que muchas veces Ecuador quiso extender, valiéndose -recuerda el embajador argentino aquí, Carlos Piñeiro Iñíguez, en uno de sus libros- de que "el Amazonas y su salida al océano fueron descubiertos por protoecuatorianos", pero enfrentándose a "la coherencia geopolítica" de Portugal y Brasil.

Un Ecuador con su larga lucha por la identidad andina, indígena y mestiza, un cuarto de su población pobre y un desempleo bajo (8%) pero con casi 50% de subempleo y precariedad y con la gente afectada pidiendo mejores condiciones sociales, que Correa ha empezado a dar, de allí su popularidad en sectores de clase media (que mengua), y media baja y populares (que sube). Y un Ecuador con casi 7% de crecimiento y 20% de utilidades en grandes empresas y bancos en 2008, y con el triple de inversiones que en 2006, pero en el cual y, pese a esa mejora, las clases media alta y rica se quejan de inseguridad en las calles y autoritarismo en el poder.

La crisis mundial cambió el panorama. Se nota más la inflación y se frenó la actividad. Con ese trasfondo podrán votar 10 de los 14 millones de ecuatorianos, incluidos, a voluntad y por primera vez, los mayores de 16 años.

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