Ecuador, el país dolarizado de los Andes que hoy elige presidente.

El actual mandatario, que es favorito en las urnas, mantuvo el uso de la moneda de los Estados Unidos.
En el mercado Santa Clara, al norte, subiendo calles endiabladamente empinadas para alguien del llano, se venden 7 bananotas a 1 dólar, una planta de lechuga a 0,30 o ceviche de camarón a 2,50 en Doña Pily, que también ofrece algo caldoso con pollo a 2,20 dólares.. Todo se paga con los billetes y monedas con los rostros de los padres de la patria... estadounidense.

Otros precios: nafta súper 0,55 el litro; diario 0,45 el ejemplar; taxi 1 dólar viaje mínimo; una comida, 10 a 20, puede ser menos al paso, o hay viandas de 1,25 no recomendables para sensibles.

Salvo las pocas monedas que acuña, Ecuador debe hacerse de los dólares que se necesitan cotidianamente para comprar el diario o el pan. Sin acuerdo monetario con EE.UU., usa las divisas de las exportaciones y lo que giran a sus familias los ecuatorianos emigrados por las sucesivas crisis, que se inyecta directo al consumo. Pero los precios del petróleo, el camarón, el banano o las flores, puntales de su comercio, caen por la crisis mundial, y la diáspora envía menos plata, pues en general vive en países en recesión. Inclusive, muchos están pegando la vuelta.

Hace 9 años, el presidente Jamil Mahuad, hoy próspero profesor en EE.UU. (país al que le permitió tener aquí una base militar), dolarizó Ecuador tras el incendio devaluatorio del sucre, hasta entonces moneda nacional. Ecuador perdió US$ 7 mil millones, hubo jugosos e impunes negociados bancarios y desde entonces circula el dólar para pagar comida, transporte, impuestos (se pagan poco), todo. Mahuad cayó luego por una revuelta indígeno-militar y tiene cargos pendientes en la Justicia.

El ciclo abierto allí, ya tumultuoso desde la salida caótica de Abdalá Bucaram en 1997, deglutió también tres interinatos y a otro presidente elegido, el coronel Lucio Gutiérrez. Recién en 2006 se calmó la vida política con la victoria electoral de Rafael Correa, un economista de izquierda que convocó a una Constituyente, la ganó por más margen que las presidenciales y hoy, en base a la nueva ley, busca renovar su poder, lo que las encuestas descuentan.

Si gana en la primera vuelta sería inédito en la historia nacional, tarea difícil en un país dividido entre costa y sierra y sus dos grandes polos, Guayaquil y Quito. Si no, deberá ir a ballottage con quien hoy salga segundo, que en los sondeos sólo podrían ser, de entre 7 candidatos, el ex presidente Gutiérrez, el empresario bananero Alvaro Noboa o, más lejos aún, Martha Roldós Bucaram, cuyo apellido paterno (su padre fue el ex mandatario Jaime Roldós, muerto en dudoso accidente aéreo) le arrima tantos votos como le quita el materno, que le viene de su tío Abdalá, un -para la mayoría- impresentable ex presidente.

Para imponerse hoy, Correa necesita al menos la mitad del voto válido o 40% con 10% de ventaja sobre el escolta. También buscará alcaldías como la de Quito y mayoría legislativa. El padrón tiene 10 millones de anotados, en un país de 14 millones y, como debut, voluntariamente podrán votar los mayores de 16 años. Los jóvenes, como las clases media y media baja, apuestan por Correa y su discurso de "revolución ciudadana", despectivo con la "partidocracia". Pero adoran al dios de la estabilidad, su majestad el dólar. Lo dijo Correa una vez: "Lo único más popular que yo es el dólar".

En campaña no se debatió el tema, tan tabú como lo era la convertibilidad en Argentina. El candidato Gutiérrez propone profundizar la dolarización. Y Correa quiere recuperar soberanía monetaria, que permitiría por ejemplo ajustar el tipo de cambio en este tiempo turbulento. Pero, economista como es, con posgrados en EE.UU. y Europa, sabe que sería difícil salir, por lo que no piensa en cambiar nada por ahora.

En todo caso, aspira al largo plazo con moneda regional, de lo que es tibio esbozo el acuerdo sobre un nuevo Sucre firmado con Venezuela y otros socios, pero es sólo unidad de cuenta para intercambio comercial.

Con el dólar, Ecuador se hizo un país caro, pero hoy ya no está muy lejos de los precios de, por ejemplo, la Argentina encarecida. Una familia tipo necesita más de 500 dólares al mes para vivir con bienes y servicios básicos, y 23% no llega (extraoficialmente serían 38% los pobres). El ingreso medio ronda los 400, pero con disparidades grandes, rasgo latinoamericano por excelencia. Y el sueldo mínimo es de 220.

En el centro de Quito, una vendedora ambulante ofrece espuma de merengues a 25 centavos. Y vota a Correa "por el bono de 30 dólares de ayuda a los pobres, que ojalá suba a 35". Eso, más subsidios para compra de casa y la triplicación de fondos para educación y salud, le brindó al líder de Alianza País una alta adhesión.

Otra fuente no oficial de "verdes", menor, es el narcotráfico de los dos grandes países que atenazan la geografía de este país, Perú y Colombia, dijo a Clarín el economista Pablo Dávalos, que apoya a Roldós. "Veo un escenario como el argentino pre-2001, explosivo pues bajan las fuentes de provisión del dólar. Y nadie quiere discutir. La dolarización -añadió- liquidó a las pymes, al agro (hasta importamos papas, ¡nosotros, papas!, de Canadá) y subió la importación, el consumo suntuario y las cadenas comerciales. Pero el boom es fantasioso".

Para Alberto Acosta, ex ministro de Correa, "las remesas, US$ 3 mil millones al año, cayeron 10% y el petróleo, mucho más". Según la estatal Petroecuador, su ingreso bajó 67% en enero-marzo contra igual lapso de 2008, aunque entonces había precios inflados. La exportación de crudo supone 18% del PBI y 50% de las exportaciones y del presupuesto. "Irresponsablemente -dijo Acosta a Clarín- y con un gobierno de lo más corrupto, en el 2000 perdimos el manejo monetario y cambiario. Deben buscarse opciones, algo gradual, quizá esquemas bimonetarios, dineros alternativos a nivel local o una moneda regional". Hasta que eso llegue, el águila se impone al cóndor, Washington a Eloy Alfaro.

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