Economistas discuten el "timing" de la crisis y el adelantamiento

Cómo juegan precios, salario, dólar y nivel de actividad en el cronograma de las elecciones.
Es la economía, estúpido". La frase de Bill Clinton en la campaña de 1992 se repitió en informes de consultoras y bancos de inversión para mostrar cómo el "acelerador de partículas" en el que entró la dinámica de la crisis en las últimas semanas también se devoró a la política, con el consiguiente adelantamiento de las elecciones.

"En el primer trimestre la caída del PBI es del 1%; la creación de empleo terminó y se está a un paso de los despidos significativos y el 'dólar electoral' (con techo de $3,70 hasta octubre) no se puede asegurar por la volatilidad internacional; y la inflación proyectada, del 13%-14%, es elevadísima para garantizar una 'calma' salarial", opina Ricardo Delgado, de Analytica, para resumir la lógica económica que hay detrás de los comicios en junio, anunciados por Cristina el viernes.

En reunión ante empresarios, días atrás, Miguel Broda explicó que el PBI caerá entre abril y junio un 1,5%. Aún no hay "caída libre", pero la velocidad del derrape subirá hacia mitad de año.

Entre los economistas, hay consenso en considerar a 2009 como un "año perdido". La polémica, hoy, pasa por 2010. La profesión se divide entre los "no tan pesimistas" y los "más negativos". Entre los primeros se anotan Guillermo Calvo, para quien la crisis global "no será tan tremenda para la Argentina"; Claudio Loser, Miguel Kiguel y Fernando Navajas, entre otros. "Hablar de un 'Armagedón' (Día del Juicio Final) en 2010, como están sosteniendo algunos colegas y calificadoras de riesgo, es una locura", afirma Navajas, economista jefe de FIEL.

En el club de los más pesimistas ficharon, entre otros, los ex ministros Roberto Lavagna y Martín Lousteau. Rodrigo Alvarez, de Ecolatina, cree que "no hay ninguna razón objetiva para pensar que en 2010 puede haber un rebote". Alvarez asegura que este año será mejor que el que viene, porque las empresas y el Estado todavía tiene un "resto" de los años de crecimiento alto.

Las implicancias de que se imponga en las expectativas de consumidores e inversores la idea de un 2010 peor aún que 2009 son enormes. Para empezar, volaría por los aires el "modelo Siderar" que hoy predomina en el mercado de trabajo, con suspensiones y reducciones de salario, y se pasaría a un marco de despidos directos. "Este esquema tiene combustible económico para dos o tres meses más, solamente", señala Alvarez. Justo el período que abarcaría la campaña electoral, dejando las peores noticias para después de los comicios.

"La movida acota en el tiempo --aunque no extingue-- la posibilidad de corridas cambiarias, nuevas presiones sobre el dólar y un enrarecimiento social", razona Delgado. En la jerga de los economistas, un 2010 tormentoso implicaría abonar la hipótesis de una recesión en "L", en lugar de un rebote en "V". O, como recuerda un economista de un banco desempolvando el diccionario de los estructuralistas en los 80, un término más tétrico: el "equilibrio de fondo de pozo".

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