Economistas en campaña con el modelo en discusión.

Página/12 reunió a Roberto Feletti, referente del Frente para la Victoria, y Ricardo Delgado, alineado con Unión-Pro. Un cruce de propuestas sobre el modelo, la crisis y el cuadro social. Tipo de cambio, Anses, FMI, en debate.
En el contexto de una campaña electoral con escasas ideas, Página/12 organizó un debate sobre el modelo económico entre dos referentes económicos de los candidatos que marchan en punta en el principal distrito electoral del país, la provincia de Buenos Aires. Ricardo Delgado representa la posición de Francisco de Narváez, y Roberto Feletti, la del oficialismo.

–¿El tipo de cambio es el adecuado para mantener la competitividad de la economía o está retrasado?

Ricardo Delgado: –La Argentina ingresa a la crisis internacional por septiembre del año pasado, con un tipo de cambio que se venía erosionando, básicamente porque las tasas de inflación eran –y aún lo son– muy elevadas. Ese es uno de los problemas centrales de la economía local y generó una importante pérdida de competitividad de los sectores exportadores y sustitutivos de importaciones. Hoy la situación internacional ha cambiado algo desde el punto de vista financiero y el Banco Central ha trabajado mejor en las últimas semanas, permitiendo que el tipo de cambio no se aprecie, como ha sucedido por ejemplo en Brasil y en Chile, dando cierto aire a la competitividad local. El tipo de cambio es un precio central en la economía, no se puede desvincular de un programa económico integral que, a mi juicio, hoy está faltando. Y sin duda la cuestión de la inflación tiene un peso central para su fijación.

Roberto Feletti: –Primero una aclaración: sí hay modelo que apunta a reducir la vulnerabilidad externa, las crisis recurrentes que se dieron cada cinco o seis años. Hoy hay desendeudamiento, superávit de la cuenta corriente, acumulación de reservas en el Banco Central que impactan en el tipo de cambio y configuran una de las aristas principales del modelo. El BCRA está manejando muy certeramente el tipo de cambio, permitiendo un deslizamiento para garantizar protección frente a los vaivenes externos y competitividad en la economía, pero se hace prácticamente sin ningún correlato social. En otro momento, una crisis de esta magnitud y movimientos en el tipo de cambio tendrían un impacto notable. Sin embargo, ahora se mantiene una tasa de interés compatible con el nivel de actividad, un tipo de cambio que es competitivo, pero que tiene que ver con la arista principal del modelo, que es reducir la vulnerabilidad externa de la Argentina frente a las fluctuaciones internacionales.

R. D.: –El modelo es el del año 2002/2003 y en ese modelo no- sotros creemos, sin duda, pero no es el modelo actual. El modelo vigente ha perdido fortaleza externa, todavía mantiene superávit en la cuenta corriente, pero desacelerándose de manera muy importante: ese es un dato no menor para la fijación futura del tipo de cambio. Ha perdido fortaleza fiscal, la recaudación ya no aumenta como en el 2005 o en el 2008, y el tipo de cambio ha perdido fortaleza por la inflación –que no teníamos hasta el 2006–. Los tres pilares del modelo económico post-devaluación se están deshilachando y hay una fuerte merma de la inversión y en el crecimiento de la demanda. Esto hay que empezar a corregirlo, no creo que la defensa del modelo sea mantener las políticas económicas actuales.

R. F.: –La solvencia del modelo se muestra justamente en el momento de mayor volatilidad internacional, donde no cae el nivel de actividad, no cae la recaudación, tanto en términos de IVA como en seguridad social; quiere decir que hay consumo, hay empleo y hay aumento de salarios. Además, un punto importante es que hay una retracción en la demanda externa pero no afecta la solvencia y el Gobierno ha sustituido dicha demanda externa por mayor consumo, por impulso al consumo interno, y ha sustituido inversión privada por inversión pública, que pasó del 0,73 por ciento del PBI en el 2002 a superar el 4 por ciento en el 2008 y crece. Es decir que el Gobierno va rectificando rumbos sobre la base de sostener nivel de actividad, empleo, salario y fortalecer la capacidad de administrar política económica interna. Reducir la vulnerabilidad externa implica que el Estado puede tomar decisiones de política económica sobre el territorio nacional y sobre los mercados nacionales.

–¿Cuáles deberían ser los criterios de inversión de los fondos de la Anses?

R. D.: –La estatización de las AFJP obedeció a que el Gobierno leyó que iba a tener un problema fiscal importante. En octubre del año pasado se dudaba sobre si se podría pagar la deuda externa en 2009. Con esta decisión corre el problema del no pago de la deuda hacia adelante. Este año la Argentina va a cumplir con sus compromisos a costa de haber generado un cambio de régimen fenomenal. El sistema previsional estaba funcionando mal, pero el cambio aceleró el proceso de fuga de capitales en la Argentina: sólo en octubre pasado se fueron 5500 millones de dólares. El uso de los fondos de los futuros jubilados en la Argentina tiene una triste historia a la que hay que atender. Es poco feliz que el Gobierno, por ejemplo, financie empresas que han quebrado, como General Motors. Hay que ser cauteloso, si bien con esto la Argentina tiene una capacidad de financiamiento que no encuentra en los mercados externos, porque ha perdido credibilidad, es peligroso desde el punto de vista de los futuros jubilados.

R. F.: –El régimen de las AFJP era un permanente factor de desequilibrio fiscal. La Anses estaba en equilibrio y superávit en 1993 y se deterioró tras la reforma, con caída de aportes, contribuciones patronales y deterioro del sistema de haberes. Este gobierno no sólo incrementó los haberes mínimos en un 600 por ciento, no sólo amplió la base de sujetos alcanzados por beneficios previsionales en 1.800.000 personas, sino que además lo hizo con superávit. La recuperación de la Anses es volver a un sistema de reparto en donde una generación se hace cargo de la generación siguiente. Esto es conceptual. Respecto de General Motors, se omite decir que Estados Unidos compró el 60 por ciento de la empresa quebrada e inviable productivamente. Aquí se está haciendo una intervención activa sobre la base de financiar determinado segmento de la actividad productiva en el marco de un fideicomiso garantido. Es decir, no hay riesgo para la Anses porque se recupera y se le da flujo para mantener el nivel de actividad. Y la Anses gana, no como antes por el rendimiento de la inversión, sino porque hay empleo, salario, y por lo tanto, recauda, sosteniendo el nivel previsional. Esto es lo que está ocurriendo en todas partes. De otra forma, deberíamos pensar que Obama es tonto al comprar el 60 por ciento de una empresa quebrada.

–¿Hay que volver al FMI?

R. D.: –Creo que va a ser inevitable porque la Argentina se va a quedar sin financiamiento. El Gobierno va a tener que pensar fuentes alternativas de financiamiento porque creo que no se va a recuperar rápido de esta crisis. Va a salir más lento que Brasil y Chile, por ejemplo, debido a la falta de acceso al financiamiento y por la falta de inversiones, especialmente en infraestructura, que permitan evitar cuellos de botella cuando la economía se recupere.

R. F.: –Argentina creció del 2003 hacia acá como no lo hizo en toda su historia, coincidentemente sin acceso a crédito en el FMI: esa sola correlación me provoca algún resquemor en volver al Fondo. Ahora bien, en el período 2009-2011 hay vencimientos por 32.000 millones de dólares y se está haciendo un esfuerzo fiscal importante, cumpliendo con obligaciones que este gobierno no contrajo. Si se logra financiamiento internacional como provisión de liquidez para aceitar el comercio exterior y para sostener la demanda internacional, bienvenido sea, pero si el FMI sigue siendo garantía de rentabilidad para los sectores privados del capitalismo es negativo, ya que el crecimiento del país se debió a la falta de flujos del capitalismo internacional.

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