El economista del mes: "Hay dudas si cumplirán con los vencimientos de 2010"

El economista del mes: "Hay dudas si cumplirán con los vencimientos de 2010"
El análisis de la coyuntura económica en la tradicional entrega de El Economista del Mes correspondió a Manuel Solanet, quien considera que el mundo brindará otra gran oportunidad a la Argentina, pero teme que el Gobierno no la aproveche. Sostiene que la gran amenaza es el deterioro fiscal, sobre todo porque a diferencia de 2001 ya no se puede recurrir a una macrodevaluación ni a más retenciones. El ex secretario de Hacienda opina que la debilidad fiscal conspira contra el retorno de un elemento clave, la confianza.
¿En dónde visualiza la situación de la economía tras la crisis?

Hay cada vez mayor consenso en que la crisis internacional dejó atrás su peor momento. La discusión en todo caso es si estamos ante una salida en V o en U. Muy pocos hablan de una W, y prácticamente nadie supone un nuevo derrumbe. Creo que la salida será algo lenta, pero firme y que las posibilidades de recaída sólo son referibles a algún suceso excepcionalmente negativo e inesperado, lo que no es predecible. Los precios de los commodities han tendido a estabilizarse, si bien en niveles inferiores a los picos de comienzos de 2008, definitivamente superiores a los promedios históricos. Los mercados de títulos y acciones siguen tonificados, y los inversores financieros han comenzado a perder sus miedos. De hecho, ya no se observa el «fly to quality» hacia los bonos del Tesoro de EE.UU., los que han cedido en sus cotizaciones y por lo tanto aumentado algo su rendimiento. Han reaparecido los flujos hacia economías emergentes buscando retornos más importantes. Esto se refleja en una caída del riesgo-país en estos países.

La Argentina, sin mucho mérito para lograrlo, también se ha beneficiado. Aún no tenemos acceso a los mercados internacionales de deuda en condiciones razonables, pero el rendimiento de nuestros bonos soberanos ya no está en las alturas siderales de hace unos meses, y el riesgo-país ha bajado notablemente.

¿Cómo nos impacta la caída del dólar en el mundo?

Por estar nuestro peso ligado al dólar, la devaluación de esta moneda respecto del euro ayuda a nuestros exportadores. Esta devaluación a su vez ha sido ocasionada por la diferencia de las tasas de interés de ambas monedas. Mientras la política de la Fed sea la de mantener tasas muy bajas, esta tendencia podría continuar y también veremos los precios de commodities sostenidos al menos en los buenos niveles actuales.

Pero hay otra cuestión también relevante para la Argentina. Los mayores demandantes de alimentos en el mundo han sufrido menos la crisis que los países desarrollados. China e India están logrando atravesarla sosteniendo tasas de crecimiento positivas del 8% y del 5,5%, respectivamente, de su PBI para 2009, según la última estimación de Economist Intelligence Unit. Este mismo «think tank» prevé tasas algo mayores para 2010. Para un país exportador de alimentos como el nuestro, esto es una buena noticia. En menor escala también otros países emergentes de Asia y África se han preservado mejor de la crisis. En definitiva, tenemos una nueva oportunidad de un marco internacional de viento a favor. Lo que me temo es que nos encuentre con las velas arriadas y que quienes conducen este barco no sepan, no puedan o no quieran izarlas.

¿Cuáles serían las principales amenazas para la Argentina?

Así como hay oportunidades, también hemos sabido construir amenazas. La mayor debilidad de nuestra economía está en el plano fiscal. Tenemos, además, dificultades con la estructura de precios relativos, que ha sido sometida a controles y congelamientos, y hoy presenta fuertes distorsiones peligrosamente perjudiciales. Hay inflación reprimida, además de la que se exterioriza en las mediciones privadas, que no es leve. El Gobierno sigue manipulando sus estadísticas y continúa agrediendo las instituciones sin descanso. Por todas estas situaciones hay una muy baja confianza que sigue afectando las inversiones. Si no hubiera caído el nivel de actividad, tendríamos estrangulamientos por insuficiencia de capacidad productiva no sólo en el área energética, sino también en varias ramas de la industria.

¿Qué tan relevante es el deterioro fiscal?

Desde el segundo trimestre de 2009, el sector público global -Nación más provincias- ha entrado en déficit financiero. A pesar de la absorción por el fisco de los aportes a las AFJP, el superávit primario no alcanza hoy para pagar los intereses de la deuda pública. Se ha debido recurrir a transferencias de «utilidades» del balance en pesos del BCRA originadas por el efecto de la devaluación sobre las reservas. Una artificialidad contable. Además, a comienzos de agosto, el Tesoro utilizó alrededor de u$s 2.000 millones de las reservas para el pago del vencimiento de los Boden 2012. Se dijo que los dólares fueron adquiridos por el Gobierno al BCRA con ahorros en pesos. Sin embargo, ni la Base Monetaria ni los depósitos oficiales mostraron la merma que hubiera correspondido a ese pago. Al menos debería explicarse claramente cuál fue la ingeniería contable utilizada.

El gasto público ha continuado creciendo en términos reales, en tanto los ingresos han mermado. El gasto público global se ubica por sobre el 32% del PBI en comparación con el 23% promedio del período 1982-2002. Ha crecido en casi diez puntos en los últimos seis años impulsado por el aumento innecesario del empleo público (500.000 empleados adicionales) y por los subsidios pagados a las empresas con precios congelados.

En el acumulado hasta agosto, el gasto nominal creció alrededor de un 25% y los ingresos sólo un 12,6%, claramente menos que la inflación. Con las actuales tendencias, para todo 2009, el superávit primario quedaría en menos de un punto del PBI, lo que determinaría un déficit financiero luego del pago de intereses de más del 1% del PBI. El conjunto de los gobiernos provinciales contribuirá a su vez con un déficit financiero adicional del orden de $ 15.000 millones, o sea, 1,3 punto del PBI. Estaríamos así acercándonos a un déficit financiero para el conjunto del sector público, similar al previo de la crisis de 2001. La mala noticia no es sólo esa. Esto ocurre hoy con una presión tributaria que es ocho puntos más alta que la de aquel entonces, y además hay que descartar que pueda volver a usarse una macrodevaluación y más retenciones, para dar vuelta la situación fiscal. Esta munición ya fue gastada, y justamente por insistir en sostenerla más tiempo de lo posible, hoy tenemos inflación y un grave conflicto con el campo.

¿Se puede cumplir con los vencimientos de 2010?

La capacidad de enfrentar los vencimientos de 2010 se ha puesto en duda. Los números indican que aun computando los 2.500 millones de DEG del FMI y los créditos de organismos multilaterales, se necesitarán recursos adicionales. De no accederse rápidamente al FMI o a los mercados internacionales de deuda, el Gobierno deberá apelar al stock de la ANSES y a operaciones de canje cada vez más onerosas. Pero no serán suficientes si hubiera que tomar deuda no sólo para vencimientos de capital, sino también para pagar intereses. En este contexto y con déficits provinciales crecientes, parece inevitable que aparezcan las emisiones de cuasi monedas. Las provincias se han excedido en su gasto, y 16 de ellas piden que se deroguen las limitaciones que les impone la Ley de Responsabilidad Fiscal. Otro fracaso institucional. En el proyecto de Presupuesto para 2010 se contempla la posibilidad de quitas y refinanciaciones de las deudas provinciales con el Gobierno nacional. Nuevamente se premiará a los que peor se portaron.

El problema fiscal no se resolverá nunca de esa forma, sino llevando adelante las reformas estructurales necesarias y posibles para reducir el gasto público y mejorar su calidad. En la transición deberá necesariamente recuperarse el crédito para acceder a nueva deuda en condiciones razonables. Esto implica la necesidad de profundos cambios en el plano institucional y lograr los acuerdos necesarios para salir del aún subsistente default con los holdouts, el Club de París y las sentencias internacionales impagas. Esto es mucho más que dibujar un Presupuesto para 2010 con un superávit primario del 2,7% del PBI o los tímidos intentos de aproximación al FMI que está haciendo el ministro Boudou.

6. ¿Qué otras debilidades existen?

El embrollo de las distorsiones en los precios. Keynes dijo que en la economía se puede hacer todo menos evitar las consecuencias. Esto vale para los congelamientos de tarifas, sostenidos por años luego de una devaluación de 200% y con políticas salariales laxas. De esta forma, se han exacerbado los consumos, se crearon estrangulamientos de oferta y se destruyó todo incentivo para invertir. En casos como el gas y el petróleo se hicieron desaparecer los saldos exportables y se debió recurrir a importaciones subsidiadas a precios sustancialmente más altos que los vigentes en el mercado interno para los productores nacionales. Exactamente el mundo del revés.

Hoy el fisco no puede sostener los inmensos subsidios requeridos, ni hacer las inversiones que el sector privado no realiza. Por lo tanto, el Gobierno está obligado a sincerar precios y descongelar tarifas. El intento de aumentar las tarifas encontró una gran resistencia, a pesar de segmentarlo respetando a los menores consumos. Son tan grandes los ajustes requeridos, que es imposible hacerlos recaer sólo en una parte de los usuarios. Se debió dar marcha atrás, y el Gobierno no sabe cómo salir.

La recuperación de los precios de los alimentos y otros rubros, que fueron sometidos a las intervenciones y la matonería de Guillermo Moreno, ya comenzó contra la voluntad del Gobierno. El debilitamiento político de los Kirchner alcanzó también a Moreno. Desde julio, la canasta básica está impulsando la inflación que inevitablemente mostrará un nivel más alto en los próximos meses. Al igual que en otras dificultades, lo esencial será la recuperación de la confianza para evitar que el fenómeno no repercuta en la caída de la demanda de dinero y en una mayor propensión a buscar refugio en divisas.

7. Siempre sobrevuela el fantasma de la falta de confianza.

Es un elemento clave. La salida neta de capitales se ha morigerado en los últimos sesenta días, aunque no ha desaparecido. Hay fuga, aunque la situación internacional ahora está ayudando para que haya más dinero especulativo entrando al país, y compensando. Si hubiera confianza, el BCRA estaría acumulando reservas a un ritmo mayor, dado el fuerte superávit comercial y en cuenta corriente. La medición de la confianza en el Gobierno, si tomamos el índice de la Universidad Di Tella, ha caído últimamente, en particular después de las elecciones de fines de junio. Los hechos más recientes producidos por el Gobierno en el área política e institucional no ayudan a revertir la tendencia. Además, si la situación fiscal evoluciona como lamentablemente parece, se agregará una nueva causa de desconfianza. En definitiva, el marco internacional vuelve a ayudarnos, pero tendremos que resolver nuestros propios problemas si no queremos volver a ser un raro caso de frustración.

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