Economías regionales sufren la recesión mundial

Los productores de ajo, cebolla, manzana, pera y mandarinas sienten el impacto de la caída de las exportaciones y la sequía. A algunos, por los costos, no les conviene hacer la recolección. Se pierden mercados en manos de Nueva Zelanda y Chile.
La crisis internacional también asestó su golpe, por una u otra vía, a las economías regionales. Hay una mezcla de factores que determina que atraviesen una coyuntura compleja: caída de volúmenes de exportación, baja de precios, pérdida de competitividad por devaluaciones en Nueva Zelanda y Chile (competidores en los mercados) y reducción de la producción por la sequía.

En este contexto los más perjudicados son los productores de ajo y cebolla -hasta hace unos años dos sectores en pleno crecimiento- , los de manzanas, peras y mandarinas. A salvo quedan los de naranja y los de aceitunas. En este último caso por efecto del alza de la demanda de aceite de oliva y los precios récord que alcanza (unos 1.900 dólares la tonelada).

En diálogo con LA MAÑANA José Spitalieri, dirigente de la Asociación de Productores de Ajo de Mendoza (zona que hegemoniza la producción en Argentina), explica que este año se da una combinación fatal para el sector: una baja de entre 20 y 25 por ciento en los envíos al exterior y del 20 por ciento en los precios.

Argentina exportó en 2008 unas 12 millones de cajas y este año no alcanzará las 9,5 millones. Brasil se queda con la mitad de los giros y la otra se reparte entre México, Taiwán y Europa. En Mendoza el sector emplea a unas 38 mil personas.

Spitalieri admite que, además, el tipo de cambio complica más la situación. Cuando arrancaron las negociaciones de los contratos -octubre, noviembre- el dólar cotizaba a 3,20 pesos. "Cuando ya teníamos todo cerrado llegó y pasó los 3,70 pesos, pero ya era tarde", agrega. Además, enfatiza que las mayores devaluaciones de Brasil y México en relación a Argentina fueron "catastróficas" y terminaron de oscurecer el panorama.

La Asociación de Productores de Ajo viene peleando desde hace tiempo la eliminación total de retenciones. Consiguió que se las bajaran a la mitad (de cinco a 2,5 por ciento) pero nunca pudieron hacer que les reinstauraran el reintegro del 10 por ciento a las exportaciones que les quitaron en 2005.

Los exportadores estiman que pierden unos cinco dólares por caja que exportan y que para quedar a mano deberían tener un tipo de cambio de entre 4 y 4,30 pesos.

Una situación similar atraviesa el mercado de la cebolla, aunque en este caso la sequía y la devaluación brasileña se imponen sobre la demanda que sigue estable. Eduardo Juárez, coordinador gremial de la Asociación de Productores Rurales de Villarino Sur (provincia de Buenos Aires, concentra 60 por ciento de la producción nacional) indica a este diario que por la sequía -no hubo lavado de suelos- se perdió 30 por ciento de lo sembrado que este año había aumentado de 15 mil a 18 mil hectáreas.

En el área se producen 400 mil toneladas anuales que se reparten en partes iguales entre el consumo interno y las exportaciones, que se destinan 80 por ciento a Brasil y el resto a Europa. "La devaluación importante que tuvo Brasil desacomodó los precios y terminó ayudando a los comercializadores y no a los productores", dice Juárez y grafica que hoy una bolsa de cebollas de 25 kilos le cuesta al productor siete pesos y se la pagan cuatro.

Nueva Zelanda, que también devaluó más que Argentina, es el competidor en Europa y la diferencia de tipo de cambio juega a su favor. "Aunque para nosotros es un mercado marginal comparado con el brasileño es muy importante", agrega Juárez.

Frutas en rojo

La fruticultura -concentrada en Mendoza, Río Negro, Neuquén, Corrientes y Entre Ríos- no se salva de los problemas. Los recibe por los dos mercados que atiende, el de la industria del jugo (35 por ciento de sus ventas) y el de la exportación (prácticamente todo el resto). Es que una sobreoferta de jugos chinos volteó el precio al 10 por ciento del que rigió un año atrás. Por ejemplo, copó el consumo estadounidense, uno de los principales destinos de Argentina. En este segmento no conviene cosechar porque los costos superan a los precios.

Marcelo Loyarte, gerente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, apunta a LA MAÑANA que a la hora de exportar la diferencia cambiaria con los competidores del hemisferio sur (Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Sudáfrica) genera inconvenientes importantes. Mientras ellos devaluaron entre 30 y 40 por ciento, Argentina lo hizo en un 12 por ciento. Además, influyó el cambio de relación dólar-euro que hace un año "permitía un buen retorno".

En lo que hace a volúmenes exportados, Rusia -el mayor cliente individual europeo, con el 28 por ciento- bajó 40 por ciento. "Esto obligó a salir a buscar nuevos mercados. Argelia nos permitió casi reemplazar a los rusos", resume Loyarte.

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