La economía ya vive la elección de junio

Por: Daniel Fernández Canedo

En general, las respuestas económicas a la incertidumbre política suelen ser conservadoras.

Frente a resultados inciertos, la toma de decisiones de los agentes económicos tienden a la seguridad.

Los trabajadores buscan conservar su empleo, los ahorristas, defender su dinero; los empresarios, su patrimonio y los políticos, su poder. Todos intentan una posición frente a una elección que puede cambiar el mapa de las relaciones de fuerza.

Los empresarios creen que el adelantamiento de la elección legislativa a junio es una buena noticia. Consideran que votar en junio y no en octubre podrá despejar el panorama político antes y eso favorecer la perspectiva de una economía que en estos días está en baja. Creen que el Gobierno tiene más poder de fuego para mantener el dólar bajo control hasta junio que si todo se prolongase hasta octubre.

En eso juegan dos argumentos. Por un lado, las reservas del Banco Central -que están en US$ 46.900 millones- en un período de tres meses conforman un "cañón" invencible para garantizar la estabilidad cambiaria. Por el otro, la certeza estacional de que mayo y junio es el bimestre de entrada fuerte de dólares por la exportación de soja, maíz y girasol .

Las dos pinzas de esa tenaza lucen potentes para evitarle a las elecciones un salto cambiario brusco.

Para el Gobierno, y más allá de lo político, junio puede ser un buen mes desde el punto de vista fiscal. En mayo recaudará el vencimiento de Ganancias y en junio las empresas tienen que pagar el primer adelanto de 2010 de ese impuesto.

Sólo basta mirar que en los últimos años, el superávit fiscal del bimestre mayo-junio duplica al de cualquier otro bimestre .

En otra palabras: habrá menos pesos circulando si es que alguien piensa en comprar dólares y, si considera hacerlo, probablemente tenga que perderse el rendimiento de tasas de interés mayores al 11,5% anual que rigen en estos días.

Para el Tesoro, las elecciones en junio pueden significar un alivio: el gasto propio de la campaña política se concentrará en tres meses y no en siete.

Pero si bien el adelantamiento de las elecciones puede ayudar a alinear algunas variables económicas, desde lo financiero está resultando doloroso.

En sólo dos días cayó 10% uno de los principales bonos públicos como consecuencia de una de las incertidumbres que surgió por el posible cambio de la fecha del comicio.

El Boden 2012, de él se trata, se derrumbó y ahora se espera una señal o una medida de Cristina Kirchner. El Gobierno debe pagar el 2 de agosto más de US$ 2.000 millones a los tenedores de Boden 2012.

Cuando las elecciones eran en octubre, los tenedores del bono confiaban en que el Gobierno pagaría puntualmente los servicios del título para evitar turbulencias. Todo para que quedara bien claro que la Argentina honrará su deuda y no entrará nuevamente en default.

Con la posibilidad del adelanto electoral, evidentemente, algunos inversores estarían desconfiando y, por tanto, desprendiéndose de esos bonos Boden.

¿Dará el Gobierno la señal de que sea cual fuere el resultado de la elección el Estado se hará cargo de ese pago? Podrá hacerlo o no, pero ya paga el costo de saber el bajo grado de certidumbre financiera que despierta.

Mientras llegan las elecciones, los analistas comienzan a diseñar los escenarios económicos posibles del día después.

Desde el lado cambiario, el mantenimiento de un dólar controlado será conveniente cualquiera fuera el resultado electoral.

Un dólar tranquilo es determinante para serenar la inflación y, por tanto, un buen compañero de cualquier gobernante.

El comicio de junio podrá introducir cambios en el mapa del poder político, pero el Gobierno deberá seguir gobernando. Y una de las cosas que necesitará será financiamiento.

Desde ya que la crisis financiera internacional será la encargada de dar el marco en el cual el país deberá encarar el futuro después de junio.

Pero, entre tanto, en algunos pasillos del poder analizar un regreso al FMI dejó de ser mala palabra.

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