La economía transita entre la calma financiera y la agresión política

Por: Daniel Fernández Canedo

El Gobierno apuesta a que la mejora que se empieza a percibir en la economía tenga más fuerza que el clima de agresión política que gana espacio en la Argentina de estos días.

La puja entre mejores indicadores financieros y el daño que le puede causar la política a la economía parece haber llegado para quedarse por un tiempo largo.

Una muestra de esa realidad dual es que hace dos meses que hay calma financiera, los depósitos suben en los bancos y no hay quien pida créditos.

Tal es la sorpresa, que en algunos pasillos oficiales anoche se destacaba que en el último mes el crédito al sector privado había crecido sólo 1%.

El resultado es llamativo.

Desde hace semanas el dólar está quieto o baja.

Y si el Banco Central no comprase, como lo viene haciendo a razón de US$ 70 millones por día, el dólar podría estar mucho más abajo de los $ 3,82 a los que cerró ayer.

Muchas veces se dijo que gobernar la Argentina es tener al dólar bajo control.

Con el dólar moviéndose, los ánimos se inquietan y la gente sale rápidamente a comprar más dólares para cubrirse de la incertidumbre.

La estabilidad del dólar forma parte del esquema para no agitar las aguas financieras y apostar a que la economía salga de la recesión.

El Gobierno lo complementó dejando de lado la posibilidad de un impuesto a la renta financiera, porque consideró que eso podía asustar a los depositantes en los bancos. Y, también, a una reforma financiera para direccionar el destino del crédito.

Otro punto es el canje de deuda que se planea para los bonistas que se quedaron fuera de la propuesta de 2005.

Se cree que la operación se concretará en las primeras semanas del año próximo, en lo que constituiría el acercamiento a los mercados más significativo de los últimos años.

Otro paso, la propuesta que bosquejó el ministro de Economía de ofrecerle al Club de París un bono por la deuda de US$ 6.500 millones, parece haber pasado a mejor vida.

La idea era que esos acreedores (países desarrollados) aceptasen un bono que podrían negociar en los mercados y que le permitiría al Gobierno saltar una auditoría rigurosa del Fondo Monetario, a cambio de que ese organismo hiciese un análisis sólo de la "sostenibilidad" de la deuda argentina.

La propuesta sonaba ingeniosa, pero no logró pasar ni el tamiz de Olivos ni de los acreedores.

En la Casa Rosada insisten en que nunca habrá un acuerdo con el FMI que implique alguna auditoría de ese organismo. Parece evidente que sin mediar alguna revisión de los números, salir del default frente al Club de París es algo que está más lejano.

Pero los amagues de avance frente al FMI y al Club de París le siguen permitiendo ganar tiempo hasta que llegue la plata de las exportaciones.

Los economistas aseguran que con sólo la lluvia de los últimos meses y el aumento del área sembrada de soja, la Argentina tiene asegurado un punto de crecimiento para el año que viene.

También, la inyección de fondos por planes sociales y subsidio por hijo implicará sumar el año próximo al consumo unos $6.500 millones.

Y, desde ya, mantener la receta de hacer crecer el gasto público al 25-30% anual podrá contribuir a expandir el mercado interno en el corto plazo.

Pero el costo puede reaparecer pronto en término de una inflación mayor a partir de junio.

La economía argentina está, por lo menos, ante dos desafíos grandes.

Uno de ellos es revertir la caída de la inversión.

El otro, es volver a generar empleos como lo hizo entre 2003 y 2007.

A esta altura parecen metas ambiciosas. Existe el riesgo de que el Gobierno se concentre en el corto plazo refrescando aquel concepto keynesiano de que en el largo estaremos todos muertos.

O pensando que los costos los pagará el que venga.

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