A la economía también la separa un muro: las elecciones de junio

Por: Daniel Fernández Canedo

La construcción de muros está en plena discusión en estos días.

Uno es muy polémico: San Isidro lo empezó a construir para separar parte de un barrio con San Fernando.

La idea que lo sustenta es complicar la entrada y salida de supuestos delincuentes.

El sentimiento de inseguridad se apoderó de parte de los sanisidrenses y el intendente intenta una salida muy polémica.

La economía argentina también tiene su muro, rodeada de inseguridad e incertidumbre.

Este muro es el 28 junio, fecha de las elecciones legislativas, que genera una situación llamativa: hasta esa fecha hay certezas importantes. Pero para el 29 surge una lista de preguntas clave que no tienen respuesta pero sí costo.

En plena campaña electoral, el Gobierno cuenta a favor con los resultados económicos del pasado y los resalta a diario.

El fuerte crecimiento 2003-2008, la renegociación de la deuda con una quita importante, los 13 aumentos a los jubilados, el crecimiento del consumo y la cancelación de la deuda con el FMI forman parte de los logros y lo ayudarán a llegar al muro con cierto aval.

Además, en el Gobierno resaltan que desde el viernes pasado están más tranquilos en materia cambiaria y financiera y que esa situación puede proyectarse hasta el 28 de junio.

Esa creencia parte de cuatro resultados:

Empezaron a entrar los dólares por la exportación de soja.

Productores y exportadores saben que dificílmente logren una baja de las retenciones de la soja después de que el Gobierno las coparticipó con las provincias.

El dólar subió 7,5% en el primer trimestre y el Banco Central tiene poder para enfrentar una suba abrupta.

Para eso cuenta con que llegarían US$ 3.000 millones más a las reservas por el aumento del capital del FMI, y con el acuerdo con el Banco Central de China que, en caso extremo, le acercaría más dólares al Gobierno.

El alivio oficial se sustenta en que hay más oferta de dólares, pero eso no borra que la tendencia del mercado siga siendo compradora.

Pero antes del muro del 28 existe la certeza de que el Gobierno hará todo lo posible para mantener tranquilo al dólar.

El oficialismo se concentra en resaltar el pasado sin dar señales sobre un futuro que ya empieza a cobrar parte de la incertidumbre.

Un indicador lo da la tasa de interés para la compra de dólares a futuro en EE.UU. A dos meses, esa tasa es de 6% y refleja la baja expectativa sobre una devaluación en el corto plazo.

A tres meses, es de 10%; a seis meses, de 17% y a un año, de 27%.

En otras palabras, pocos creen en una modificación cambiaria antes del muro pero muchos estarían alineados con esa posibilidad después.

También queda para cuando se atraviese el muro una definición ineludible: ¿cómo hará la Argentina para integrarse financieramente al mundo?.

¿Volverá a tomar créditos del FMI después del deterioro de Venezuela como prestamista de última instancia?.

México accedió a una línea nueva de crédito por 47.000 millones de dólares que tiene pocas exigencias. Polonia sería el segundo país en obtener dinero por esa vía.

La Argentina, así quisiera, no podría acceder a esos préstamos. La falta de credibilidad de las estadísticas oficiales es una barrera infranqueable.

A la ausencia de definiciones en ese sentido se suma que en agosto el Gobierno debe desembolsar US$ 2.500 millones para pagar los Boden 2012 y en diciembre deberá echar mano a otros US$ 1.500 millones por la renta de los bonos que están atados al crecimiento.

La mayoría de los expertos apuesta a que el Gobierno cumplirá con los pagos de la deuda. Que no correrá el riesgo de caer en default por lo que se considera poco dinero.

Pero también resaltan que la falta de señales provoca decisiones defensivas que poco ayudan a hacer crecer el consumo y la inversión. Y así dibujar un horizonte de crecimiento.

Néstor y Cristina Kirchner apuestan a que las elecciones sean un plebiscito sobre lo hecho desde 2003, hablando poco del presente y nada del futuro.

Mientras tanto, la actividad económica y el empleo se reacomodan. Y no precisamente para mejor.

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