La economía, sometida al apriete de la realidad y de las expectativas

Por: Alcadio Oña

En el segundo semestre, la economía estará mejor o peor que en el primero? Si es por los argumentos que el Gobierno usó para justificar el adelantamiento de las elecciones, la respuesta debiera ser: peor, sin ninguna duda. Pero ni de lejos eso significaría un tránsito liviano de aquí al 28 de junio.

En el ahora existe una fuerte contracción de la actividad industrial, visible en cuanto indicador se tenga a mano. Menos, desde luego, para las estadísticas del INDEC.

También en el ahora, los tanteos salariales admitidos por los empresarios oscilan entre muy poco y nada. En el mejor de los casos, no en todos, nunca más del 10 %: creen que lo óptimo sería patear la discusión para más adelante. Claro que ese más adelante cae en el segundo semestre.

Entre algunos especialistas del sector energético circula un dato sobre el desplome de la producción tanto o más elocuente que otros públicos. Se calcula que en el primer trimestre la demanda industrial de gas cayó 24,7 %, respecto del mismo período del año pasado. Es, porcentualmente, el mayor bajón desde la crisis de 2002.

El mismo informe dice que la demanda de gas de todo el mercado interno se comprimió un 5,8 %, que se agregó al 9,6 % del último trimestre de 2008, cuando pesó la parada de varias plantas petroquímicas grandes. Esto es, retracción industrial y bastante más, tal cual se percibe en muchas otras actividades.

Quienes piensan parecido al argumento del Gobierno, aunque quitándole el color electoral, proyectan un menú variado para el segundo semestre:

Hacia julio, habrá desaparecido el efecto ganancias de las empresas del año pasado. Eso significa que se resentirá más la recaudación de un impuesto que representa cerca del 20 % de los ingresos de la AFIP y pesa mucho en la coparticipación con las provincias.

Por la retracción, menguará la recaudación de otros gravámenes asociados a la marcha de la economía. Desde el IVA, también coparticipado, hasta cheque y combustibles. Ya descontado, bajará el ingreso por derechos de importación y exportación.

En junio se habrá liquidado una buena parte de los dólares de la cosecha gruesa y empezará a achicarse la mayor fuente de divisas del país. Puesto de otra manera: menor poder de fuego del Banco Central, en el cada vez más sensible mercado cambiario.

En la segunda parte del año también caen los mayores vencimientos de la deuda. Y si no queda otro recurso a mano, entonces habría que apelar al riesgoso expediente de usar reservas del BCRA, validado por una ley kirchnerista.

Tras las elecciones, el Gobierno podría sondear financiamiento del Fondo Monetario. Pero difícilmente haya un acuerdo rápido.

Con las finanzas en rojo, a principios de julio las provincias deberán enfrentar el medio aguinaldo de sus empleados. Ya la tienen difícil, hoy, con la discusión salarial en tiempo electoral, y lo que resulte se proyectará pleno sobre las cuentas del segundo semestre: fuerte, pues los sueldos representan no menos del 50 % de sus presupuestos. Inevitablemente, el problema salpicará al gobierno nacional.

Cosa del mismo segundo semestre son los pagos a contratistas que el Estado está pisando, más los que vengan luego. Gastos o ajuste, frente a una recaudación que no se parecerá a la prevista en el Presupuesto: según algunas estimaciones, estaría 30.000 millones de pesos abajo a fin de año.

Habría que agregar a la factura los reintegros y reembolsos a los exportadores que la AFIP ha dejado de cubrir. En números de los interesados, ya hay unos 600 millones de pesos.

Este diferimiento de pagos es lo que está robusteciendo la recaudación del IVA. Gracias a eso, los recursos de un impuesto que debiera registrar la actual retracción económica crecerían en marzo cerca o arriba del 30 %. Más que probable, se trata de malabares del Gobierno para usar la caja en función de sus necesidades electorales. Nada novedoso. Sólo que los apremios aflorarán más adelante.

Sin embargo, hay analistas que le juegan fichas a un segundo semestre mejor al primero. Creen que hacia el último trimestre del año empezarán a aparecer señales en el sentido de que lo peor de la crisis internacional ha pasado. Para ellos, aquí el golpe recesivo ya llegó.

Acostumbrado a no ver sino aquello que está más cerca, el kirchnerismo apostó al adelantamiento de las elecciones. Así logró dos cosas simultáneas: adelantar expectativas y acumular expectativas para luego del 28 de junio. La suma ya da presión cambiaria. En la hipótesis de que alguien en el poder hubiese pensado en estos efectos, es evidente que prevaleció el temor a perder si los comicios se hacían en octubre. Todo sostenido por la creencia de que un triunfo ahora dará mayor margen de maniobra para recomponer fuerzas y administrar el peor después.

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