La economía regional, entre el mal clima y las elecciones

En menos de una semana los complejos problemas productivos seguramente irán volviendo a agenda, pospuestos por la nacionalizada compulsa electoral para renovar el Congreso nacional
Restan pocos días para las elecciones y muchas cuestiones que tienen que ver con los sectores productivos de la región esperan por ellas.

El año pasado la situación creada en torno a las retenciones móviles y la puja por la resolución 125 insumió gran parte de la atención y las energías. La votación del Senado no dirimió la cuestión, sino que aplazó hasta ahora el combate de fondo. Los ruralistas se lanzaron decididamente a buscar coincidencias legislativas para intentar torcer el brazo del Gobierno.

En ese sentido, algunos partidos de la oposición siguen sosteniendo -ahora tal vez con una dosis de oportunismo político- que en caso de triunfar impulsarán directamente la quita de ese gravamen.

Y a esa situación, que se prolongó en el tiempo y cuya efervescencia fue cayendo a medida que pasaban los meses, se sumó otro hecho determinante y que no depende de la voluntad negociadora de los dirigentes: el clima.

La semana pasada, en estas páginas el titular del INTA local sostenía que en las actuales condiciones climáticas la cosecha de trigo en la región fracasaba. Y en otros lugares del país la realidad no varía demasiado.

Hace pocos días la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó que la superficie sembrada con trigo será la más baja de los últimos 100 años, con menos de 3 millones de hectáreas. Esa cifra representaría un 35 por ciento menos de superficie que el año pasado.

Y el impacto en la región será importante. Con esto se aplazan ingresos de productores hasta la próxima campaña de soja, a la vez de golpear sobre toda la estructura comercial que se ubica en torno a la producción: desde la venta de semillas, fertilizantes y demás insumos agropecuarios, hasta maquinaria, combustibles y servicios vinculados, como la logística.

Los números en el país confirman la delicada coyuntura. Según se indicó desde la Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), para el presente año se espera una caída de 500 millones de dólares en la venta de agroquímicos, por la acción conjunta de menores precios y disminución del área sembrada. Esa cifra se mantendría siempre y cuando en el segundo semestre del año concluya la interminable sequía; en caso contrario, se profundizarán. Para graficar, la merma en el primer trimestre del año fue de un 39 por ciento en comparación con 2008.

Otra explotación típicamente regional continúa con su derrotero de problemas recurrentes, como la lechería. El precio pagado por la leche no alcanza a cubrir los costos de producción, mientras que las industrias de la zona ya han dicho a través de sus representantes que no pueden subirlos ni asumir mayores costos.

En ese particular mercado suceden cosas contradictorias: con la plana mayor de la Mesa de Enlace, productores anunciaron hace dos días en San Francisco medidas de fuerza, reclamando por un aumento del precio de litro de leche. En una primera instancia enviarán vacas a Liniers y entregarán leche afuera de grandes superficies.

Para más adelante, si las soluciones no llegan, volverán a manifestar fuera de las usinas lácteas, como pasó años atrás.

Por su parte, los industriales sostienen que el precio a la salida de fábrica están en el mismo nivel que en 2007 y piden medidas para incentivar las exportaciones -cuyo valor cayó a la mitad del exhibido el año pasado, cuando estuvieron virtualmente paralizadas- y así descomprimir el mercado interno. Mientras tanto, el precio de los lácteos en góndola no parecen de remate e impiden que el consumo crezca.

Y el clima sigue profundizando el aumento de los costos, obligando a mayores erogaciones para mantener las vacas o, en caso extremo, presionando la venta.

Hasta tal punto llegó esta situación, que los consignatarios estarían evaluando dejar de tomar ese tipo de animales por la dificultad que tienen para colocarlos. No es una cuestión de precios, de por sí deprimidos, sino directamente de demanda.

De más está mencionar la coyuntura por la que atraviesa la maquinaria agrícola, que cuenta con algunas fábricas en la zona aunque en la ciudad tiene presencia fundamentalmente la actividad comercial. Con leer las palabras del titular de la CAFMA, José María Alustiza, publicadas en esta misma edición (páginas 2 y 3), alcanza para comprender la realidad que viven esas industrias.

Obviamente que la región no depende únicamente de estos sectores, pero su influencia es de suma importancia y tuvieron un peso decisivo en el crecimiento pasado.

Si bien seguramente no se podrá desmantelar este complicado cuadro productivo luego de las elecciones, la finalización de ese período servirá para -más allá del resultado- volver a poner los temas en agenda, hoy ignorados por la compulsa electoral. A partir de la semana que viene los problemas productivos ocuparán nuevamente un espacio significativo. Para la región no es poco.

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