Economía, o lo que queda de un ministerio

Con Carlos Fernández se agudizó el cambio de una cartera que durante el kirchnerismo cedió su histórica relevancia
Hace un año, Alberto Fernández ingresaba en la residencia de Olivos y, con cierto pesar, formulaba una confesión ante el matrimonio Kirchner: "Me parece que el ciclo de Martín está terminado".

Martín era Lousteau, el ministro de Economía que él mismo le había sugerido tres meses antes con mucha convicción a la presidenta Cristina Kirchner para iniciar su mandato en diciembre de 2007.

El conflictivo trámite de la resolución 125 y las peleas semipúblicas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) le cortaron las alas a este joven economista que, pese a sus aspiraciones, nunca llegó a sintonizar con la frecuencia oficial.

Luego de asentir ante la recomendación del entonces jefe de Gabinete, la Presidenta preguntó quién podía ser el reemplazante de Lousteau. La respuesta fue sorpresiva para la pareja presidencial: "¿Por qué no pensar en Carlos Fernández?".

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro del ex presidente y enseguida la Presidenta decidió convocar al entonces jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) sin comentarle el objetivo de la reunión. Luego de escuchar su diagnóstico, el matrimonio quedó convencido de que habían encontrado a la persona ideal: un especialista en temas fiscales, disciplinado al extremo, sin vuelo propio ni aspiraciones políticas.

Por esta razón, apenas lograron correr a Lousteau, anunciaron para "conducir" el Palacio de Hacienda a este economista tan desconocido para la gente en aquel entonces como ahora. Ex director del área de provincias en Economía, colaborador de Alberto Fernández en la Jefatura y ex ministro de Economía bonaerense, Carlos Fernández pasó a liderar la gestión más insípida del Ministerio de Economía cuando el ciclo de alto crecimiento comenzaba a frenarse.

Aunque el intervenido Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que el PBI había crecido el 7% el año pasado, cálculos privados afirman que el crecimiento real fue del 3,5% y que el último trimestre del año presentó una caída del 2,5 por ciento.

Pero Fernández decidió no involucrarse en la polémica del Indec; luego, le cedió a Débora Giorgi, su ex colega en la gestión bonaerense de Felipe Solá, las áreas productivas de la cartera: Industria y Agricultura. Así, quedó apenas con Hacienda y Finanzas, hasta que el nuevo jefe de Gabinete, Sergio Massa, decidió hacerse cargo políticamente del segundo tema a través de reuniones con inversores y bancos privados y multilaterales, junto con el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino.

Por otra parte, el área de Política Económica quedó en manos de Martín Abeles, perteneciente al encumbrado grupo de kirchneristas no peronistas, como Mercedes Marcó del Pont, Eduardo Hecker y Roberto Feletti, entre otros. Así, Fernández se limitó a manejar los temas fiscales, en los que se siente más cómodo y con el perfil bajísimo con el que había ingresado en la administración pública casi tres décadas atrás.

Balance interno

Con un estilo ideal para un gabinete como el de Cristina Kirchner (donde ningún ministro habla o decide sin permiso), el apocado ministro casi no tiene peleas internas ni le hace sombra a Martín Redrado, el presidente del Banco Central.

Ante una consulta de LA NACION, en el Palacio de Hacienda destacaron los ejes de la gestión Fernández.

* Cierre del ejercicio fiscal 2008 con un superávit fiscal del orden de 3,15% del PBI.

* Fuerte política de desendeudamiento: la relación deuda-PBI se redujo de 56,1% en diciembre 2007 a 49,1% a fin de 2008.

* Refinanciación del 80% de los préstamos garantizados, por un total aproximado de $ 19.000 millones.

* Activa participación en el G-20, impulsando el establecimiento de un nuevo orden económico y financiero internacional.

Cumplimiento de la decisión presidencial de iniciar negociaciones con el Club de París para la regularización de la deuda y regularización de la deuda con el Banco Europeo de Inversión.

* Elaboración del presupuesto.

* Prórroga del convenio de régimen automotor con Brasil.

* Creación del régimen de promoción para motos y motocicletas.

La lista no es extensa. Por esa razón, aunque la mayoría de los economistas académicos y consultores no añore la era de los "superministros", cree que un funcionario con más personalidad y conocimiento macroeconómico podría atenuar la sinuosa política económica oficial en esta difícil etapa para el país.

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