La economía puede abrirle una chance al Gobierno, luego del 28

Por: Alcadio Oña

Se sabe de sobra: no es lo mismo que Néstor Kirchner gane por poco o pierda por poco en la provincia de Buenos, como augura la mayor parte de las encuestas. Están en juego su porvenir político y el armado del peronismo. Aún así, el Gobierno tiene dos años por delante y la nada despreciable posibilidad de aprovechar un cambio en el rumbo de la economía.

Sin que del frente oficial haya surgido nada que despeje las incertidumbres acumuladas, algunos analistas se animan a pronosticar cierta reactivación hacia finales del año. Ven indicios de que la actividad habría empezado a dejar de caer en algunos sectores y creen, además, que ayudaría la mejora en el clima internacional.

Es obvio que el pronóstico da por sentada la desaceleración que arrancó durante el conflicto con el campo y se profundizó a partir del último trimestre de 2008: desde luego, nada que el Gobierno vaya a admitir. Y tampoco derrochan optimismo: "Este año el PBI terminará alrededor del 2 % por debajo de cero y el crecimiento de 2010 será amarrete", dice uno de ellos.

En el aquí y ahora, cantan todavía los datos recesivos. Según especialistas del sector energético, el consumo de gas en la industria cayó cerca del 20 % entre enero y mayo y aproximadamente 8 %, la demanda de electricidad.

Días atrás, se repitieron las pésimas noticias sobre la evolución de la siderurgia. En mayo, la producción de acero bajó nada menos que 46,2 % y acumula 43,1 % en el año.

El viernes, el INDEC dio cuenta de un nuevo derrumbe de las importaciones. Se han desplomado, hasta guarismos del 44 %, las compras de bienes asociados al ciclo productivo: desde máquinas y equipamientos hasta productos intermedios y accesorios. No se salvan ni los artículos de consumo, aunque su retroceso sea algo menor.

Ciertamente, aquí hay un fenómeno que mezcla la retracción económica -industrial y agropecuaria- con los afanes de Guillermo Moreno por preservar un superávit comercial todo lo grande que le sea posible. Transformado en guardián de las escasas divisas disponibles y autoproclamado "ministro sin cartera", Moreno pisa a discreción las importaciones: caen tanto las que puedan servir para proteger producción nacional como las que la entorpecen.

El problema es que, aun así, no consigue evitar que una parte de los dólares del superávit se vaya en salida de capitales del sistema financiero. O sea, otro factor que resiente el desempeño de la economía; para el caso, igual a desconfianza.

Es un ejercicio trabajoso, con cruce de datos inocultables, estimaciones y algo de ojímetro, determinar en qué punto se encuentra hoy la economía. Todas las evidencias arrojan recesión, pero el dato real de 2009 nunca se conocerá, o se conocerá el dibujo del INDEC.

Y como el mundo no se detendrá el 28, los consultores consideran cruciales a julio y agosto. "Allí se tendrá indicios sobre el rumbo que el Gobierno tomará y si, cuanto menos, hay disposición a sacar un programa financiero para 2010", dicen algunos.

El programa financiero mostraría cómo se piensan cubrir los vencimientos de la deuda del año que viene y sería, al fin, una señal hacia adentro y hacia afuera. En 2009, el Gobierno decidió ocultar esa carta.

Con un cuadro cada vez más comprometido y los recursos de la ANSES ya apretados, parece inevitable un ajuste fiscal en el segundo semestre. Y, por lo mismo, más que difícil pasar el 2010 sin financiamiento.

Nadie juega fichas a que el Gobierno vaya a tocar las puertas del Fondo Monetario. Pero sí que debería tentar otras formas de reinserción en el mundo financiero, como él mismo presentó, antes de frenar la movida, a la reapertura de negociaciones con los bonistas y con el Club de París.

Hay todo un paquete de temas abiertos en el después del 28. Y más de uno pone en foco la necesidad de encontrarle algún sendero productivo a la relación con el campo: allí la Argentina tiene ventajas comparativas envidiables y la compañía de una fuerte demanda de alimentos, desde algunas zonas del mundo, que vino para quedarse.

El actual veranito con la liquidación de ventas de soja retenidas pasará pronto, pero el precio y las proyecciones de siembra suenan alentadoras para 2010: hay quienes calculan que podrían agregar 9.000 millones de dólares de exportaciones, o sea, divisas y recursos fiscales. Claro que esa es, simplemente, la sojadependencia conocida.

En el mismo después entran las increíbles cifras del INDEC, los ahogos financieros provinciales y el parate de la inversión, la salida de capitales y la eventualidad de que afloren los problemas laborales hoy frenados a duras penas. No hay pocas cosas en el horizonte cercano, según se ve, y muchas requieren dar vuelta expectativas originadas en el mismo núcleo del poder político.

Desde luego, nadie puede dictarle al Gobierno qué debe hacer y menos que se comporte según los intereses de cada cual, aunque es visible su inclinación por algunos. Un punto será la lectura que Olivos haga del resultado electoral y uno aún mas potente, la mirada única, simple y omnipresente de las cosas. Sin embargo, puede estar viva la chance de que la economía le juegue a favor. Y si sólo de eso se trata, la posibilidad de intentar aprovecharla.

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