La economía, más que nunca en piloto automático y con riesgos

Por Carlos Melconian

La economía argentina ha recibido dos mazazos. El primero, en 2008, ha sido de origen estrictamente local, lo generó la megafuga de capitales del tamaño de la crisis de 2001 (más de 20.000 millones de dólares), y vino de la mano del conflicto con el campo y la contrarreforma previsional.

El otro mazazo, casi del mismo orden de magnitud, se está dando a lo largo de este año, y es la hecatombe exportadora. Es una caída de más del 20 por ciento respecto de 2008 (unos 17.000 millones de dólares), que ha ocurrido en no más de media docena de veces en los últimos 60 años. Se dice "de origen mundial", aunque los precios de los productos primarios vigentes hoy son casi un 50 por ciento superiores a los del promedio histórico.

Lo que ocurre es que estos buenos precios no son consecuentes con la política tributaria del Gobierno para con el sector, y eso hace inconsistente también el actual tipo de cambio. Por lo tanto, visto así, es "casi" otro evento local.

También, lamentablemente, está el accidente climático de la sequía, aunque las exportaciones de trigo, carne y maíz se destruyeron antes de la seca por la políticas implementadas contra esos productos.

Finalmente, sí vienen del mundo devaluaciones masivas, proteccionismo y recesión, junto a la caída del precio del petróleo, todas de gran impacto. Esto último es 100 por ciento internacional.

Más allá de la política proactiva keynesiana, en la que se trata de imitar lo que hace el mundo (o ser imitados, según el Gobierno), la verdad es que la política económica sigue atrincherada. Está ahí, anestesiada. Va aguantando como puede.

Vivir con lo nuestro

Nunca, desde la salida de la convertibilidad, ha habido tanto piloto automático y mundodependencia como ahora. Detrás de las grageas de activismo, la verdad es que la actual administración está sólo intentando evitar un desorden mayor de la política económica. Eso es todo.

La actual visión de "vivir con lo nuestro", esta vez en serio, está obligando a la suba hormiga del tipo de cambio, al ajuste "progresista" tarifario, a la apelación a la prudencia salarial y al mantenimiento voluntarista del empleo, etcétera.

No es que se esté reformulando ni empezó un nuevo programa acorde con las nuevas circunstancias. Es la presión de la realidad, a la que inevitablemente llevó el paso del tiempo, pero a la que los dos mazazos le imprimen un vértigo adicional.

En síntesis, es una "cabalgata en el desierto" , en la que se reza para que la economía mundial mejore (y salga para todos) o que empeore (también, para todos, y que haya muchas Irlandas, Islandias, Rusias), situación en la que volver a organismos internacionales más generosos y "distintos" de los 90 no genere costos.

Lo peor para el gobierno argentino, internacionalmente hablando, es el statu quo, porque es "ni chicha ni limonada" y transforma el ideológico y fantasioso "vivir con lo nuestro" de los últimos años en un verdadero "sobrevivir con lo nuestro", que es lo que está ocurriendo, sabiendo que tiene límites para detener el deterioro. Es decir, se tira para adelante y, aunque no lo parezca, hasta ahora se ha evitado entrar en un populismo concreto, ya sin caja, porque no hay más para repartir.

Pero esta política económica enfrenta otro dilema, dado el compromiso electoral que viene este año: este intento de no perder el control no evita llegar a las elecciones con la economía en baja.

Son dos cosas distintas: se puede no perder el control, pero igual se puede llegar a la elección con una economía perdedora.

Más allá del notorio desgaste en las encuestas por otros motivos no económicos, está claro que el deterioro económico, ya explícito, con sensación en la calle y sin "discusión estadística" sobre los niveles de actividad y empleo, sería letal.

Dado que la propuesta de "grageas" proactivas keynesianas no va a poder contra las mareas de fondo de la macro, que no vienen bien (fiscales, cambiarias y monetarias), el mejor escenario económico que se puede esperar es que la campaña electoral y la llegada a las elecciones se dé en un marco entre malo y regular.

Haciendo el aguante

Para el razonamiento oficial, y hasta puede decirse, para el razonamiento argentino tradicional, "sin crisis". "Crisis" es "devaluación abrupta-default-corrida". "Crisis" es "el 2001". Caída de actividad y empleo no es crisis, según esta visión, aunque sea fuerte. Porque, además, es apenas el primer año, viniendo de varios años "dulces", de ganar plata y de mucho empleo. Por lo tanto, es duro, pero se trata de no perder el control y llegar. Es un razonamiento discreto, mediocre, pobre, pero "se venía bien y se empiojó por la situación mundial".

Es un escenario económico que aporta muy poco para ganar una elección, pero en crisis se pierde seguro. Es todo lo que hay que esperar en estas circunstancias de la política económica argentina. El aguante.

Claro que aun no siendo esto un knock-out fulminante para los patrones argentinos, el proceso desaceleración-recesión 2008-2009 deja al nivel de actividad groggy y, como consecuencia, con riesgos y desafíos.

El deterioro fiscal-cambiario ha sido fortísimo. Por ejemplo, en materia fiscal, el superávit primario en pesos para pagar los vencimientos de la deuda pública en esa moneda no va a alcanzar ni apropiándose de los flujos de las ex AFJP ni con la refinanciación del tramo local de los préstamos garantizados.

Hace tan sólo dos meses el traspaso se producía so pretexto de protección a las jubilaciones. Hoy ya nadie discute que "de alguna manera" esos fondos van a terminar en rentas generales para poder pagar deuda. Pero aun así, el Tesoro necesitará dinero público que le va a sacar al Banco Nación, que, o está prestado al sector privado, o lo tiene recolocado en el Banco Central, al que acudirá buscando financiamiento en pesos.

Lo mismo vale para el pago de la deuda en dólares, donde no habrá ni dinero del Tesoro ni de Venezuela. Allí será más explícitamente el Banco Central el que pondrá los dólares a través de modificaciones de la Carta Orgánica, para la sobrevivencia con "lo nuestro".

Del mismo modo, la fuga de capitales y el colapso exportador "secan" la economía. Hay menos plata en la calle; se frena el crédito y resulta difícil compensar estos golpes de liquidez sólo con política monetaria sin confianza.

Hasta ahora los dos mazazos se dieron de a uno. En 2008 la gran fuga de dólares se compensó con un salto exportador. En 2009 no cesó, pero se serenó, y luego vino el colapso exportador. Obviamente, ambos shocks negativos a la vez y en esas magnitudes ya traspasarían el umbral de la recesión y tornarían inevitable una crisis cambiaria. Todos estos son riesgos y desafíos.

La respuesta sobre la profundidad y duración del nuevo escenario pre y post electoral dependerá de cómo siga la economía mundial y de las respuestas que dé el Gobierno frente al contexto recesivo. ¿Cómo reaccionará el Gobierno en los próximos meses, cuando, en el mejor de los casos, sea más evidente el escenario recesivo "piantavotos"? ¿Seguirá "cabalgando en el desierto", con las grageas de activismo y rezando para que el mundo mejore o empeore, o dará algún golpe de timón electoral, económico o político?

Es algo que se irá develando en los próximos meses. Dado que no se esperan giros de 180 grados, en un año político, cuando la mano no viene bien, es un riesgo caer en el populismo sin caja . Habrá que ver.

El autor es economista, socio de M&S

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