La economía, el gran talón de Aquiles del mandatario

Muchos iraníes creen que el presidente derrochó los recursos del boom petrolero
TEHERAN.? "Ahmadinejad ha sido presidente a lo largo del período de precios de petróleo más altos de la historia", reflexiona Abulfaz Baqer, un abogado iraní de origen azerí. "Y nosotros vendemos más petróleo que cualquiera, excepto Arabia Saudita. ¡Somos ricos! ¿Y dónde está la riqueza?"

Baqer se lleva las manos a los bolsillos para darlos vuelta y mostrar que están vacíos. "Ahmadinejad repartió dinero a sus simpatizantes en zonas rurales; repartió dinero a sus amigos del extranjero, como Bolivia y Venezuela; repartió dinero a los clérigos para construir mezquitas y mausoleos en todo el país, pero el boom petrolero se acabó y yo sigo viendo que Irán es tercermundista y tiene una economía en crisis."

En 2005, cuando Mahmoud Ahmadinejad ganó las últimas elecciones presidenciales, el barril de petróleo se vendía en los mercados internacionales a precios cercanos a los 60 dólares, como ocurre hoy. Después se elevó hasta alcanzar niveles impensados, de más de 140 dólares por barril, en julio de 2008.

En esa época, uno de los argumentos de quienes advirtieron en Estados Unidos contra la idea de una guerra con Irán fue que no sería igual que enfrentar al régimen quebrado de Saddam Hussein en Irak, ya que Teherán tenía enormes excedentes de presupuesto para invertir en defensa. Los ciudadanos no lo vieron igual. "Mi economía es un desastre, como la del país", protesta Behnam Ahmadi, intermediario de transacciones financieras.

Un rezo particular a Dios

En charlas por separado, Baqer y Ahmadi coinciden en citar una frase famosa del presidente: "Le rezo a Dios que nunca sepa yo de economía".

"El 80% de los ingresos del gobierno proviene del petróleo y, con la afición a gastar dinero en cosas improductivas que tiene Ahmadinejad, no es una sorpresa que este año tengamos un déficit enorme [que será del 3,5%, según la Unidad de Inteligencia de la prestigiosa revista británica The Economist]."

En los últimos años, la inflación ha registrado un promedio del 25%, mientras que el crecimiento en 2009 será de apenas el 0,5%.

"Yo entiendo que estamos en una crisis global, pero ¿no nos decía el presidente que los problemas económicos de Occidente no eran los nuestros porque las sanciones internacionales habían terminado por servirnos y blindarnos? ¿Por qué mejor no nos blindó ahorrando dinero en los tiempos de bonanza, para poder invertirlo ahora, en lugar de malgastarlo?", agrega Ahmadi.

La idea de que Irán estaba "desmontado" y a salvo de los problemas económicos internacionales le sirvió a Ahmadinejad para presentar supuestos "beneficios" que justificaban la beligerancia de su política exterior.

Pero este último tema, al igual que el de la economía, ha sido uno de los catalizadores de la gran coalición informal que trata de impedir su reelección. Para el mandatario, agitar el poderoso sentimiento nacionalista de los iraníes ha sido una táctica exitosa para ganar poder. Si sus oponentes han escogido colores para identificarse (verde, el reformista Mir Hossein Moussavi; rojo, el clérigo aperturista Karroubi), Ahmadinejad y sus huestes utilizan fervientemente la bandera iraní.

La oposición critica que el sistema televisivo estatal apoye la campaña por la reelección de Ahmadinejad de manera abierta ?con repetidas apariciones en pantalla del presidente y una cobertura sin crítica y más extensa de sus actividades proselitistas? y sutiles, como realizar una promoción institucional del voto ciudadano basada en imágenes de la guerra contra Irak y otros elementos destinados a levantar el espíritu patriótico, que Ahmadinejad pretende encarnar.

Nacionalismo

De ahí su belicosidad en la arena internacional. Denunciar sin descanso las perversidades del enemigo estadounidense; exaltar las acciones de los grupos armados islamistas Hamas (en los territorios palestinos) y Hezbollah (en el Líbano); negar el Holocausto y amenazar con la destrucción del Estado de Israel, son piruetas en la cancha que levantan sonoras ovaciones en las barras bravas nacionalistas.

Lo mismo con aferrarse a la energía nuclear. A los iraníes no se les dice por qué resulta tan necesario para el país desarrollarla, sino que se trata de un derecho inalienable que Occidente trata abusivamente de arrebatarles.

Las consecuencias han sido el aislamiento político y las sanciones económicas. Behnam Ahmadi, el intermediario financiero, se beneficia con ellas porque su negocio es invertir el dinero de los iraníes ricos mediante triangulaciones vía Dubai, para evadir las restricciones, lo que le genera ganancias por comisiones. Esto son costos extra para la economía, que ya está sobrecargada con ineficiencias, corrupción, dispendios y, ahora, la crisis global.

Con una actitud marcadamente agresiva, Ahmadinejad ha aprovechado sus apariciones en televisión para asegurar que la economía marcha sobre ruedas y amenazar a los tres candidatos opositores: el miércoles dijo que ellos mienten sobre los malos resultados económicos y que, al hacerlo, están "insultando al presidente", algo que es un delito "y el castigo es la cárcel".

Lo que percibe la gente en la calle, más allá de las declaraciones, es la disminución de su poder adquisitivo. Algo que tiene impacto en la campaña de Ahmadinejad, que hizo de las promesas de bienestar económico para todos el eje de su campaña en 2005.

Tal vez por eso prefirió, esta vez, encerrarse en la esquina nacionalista, acusar a sus rivales de formar parte de un complot antiislámico extranjero e insistir en el trofeo vacuo de la energía nuclear: muchos de sus carteles de campaña presentan su fotografía al lado de un dibujo de un átomo, un protón circundado por las órbitas de los electrones.

A falta de pan, plutonio.

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