La economía, el gran desafío de Obama

Desde su asunción, el mandatario comenzó a plasmar sus promesas de cambio, pero la crisis global amenaza su gestión
WASHINGTON.- Dentro de quince días, el 4 de agosto, cumple 49 años. Hoy, Barack Obama es el político más mirado del mundo. A seis meses de su asunción, está sentado en el polvorín de una Casa Blanca desde la que timonea a una superpotencia en depresión. Un país al que le tomó las riendas cuando tenía el orgullo herido, la vergüenza a flor de piel, el desempleo en alza, el déficit por las nubes, la economía estancada y el rumbo confuso.

No tenía experiencia de gobierno, pero en seis meses estableció un liderazgo nuevo, revirtió la imagen negativa de los Estados Unidos, generó esperanza puertas adentro y afuera, y repite que lo mejor del país "está en su futuro y no en su pasado". También dio vuelta el discurso. Se habla más de "trabajo" y de "servicio" que de "especulación".

Se acercó al mundo árabe, abrió la puerta a América latina, viajó a Rusia, a Africa, a Europa. Siempre lo esperan multitudes. "Se ha prodigado tanto en giras como el equivalente a dos vueltas al mundo", estimó Brendan Doherty, profesor de Ciencia Política de la Academia Naval. Fueron cinco viajes al exterior y 14 países visitados. Estrechó la mano del presidente ruso en Moscú, habló al mundo árabe desde Egipto y Turquía, puso el pecho a la crisis en las cumbres del G-20 y el G-8, firmó acuerdos de desarme, de energía limpia y avanzó en el diálogo para desmantelar el escudo antimisiles.

Es Obama una rara avis que en ésta, su tierra, está, sin embargo, acechado por una economía que no repunta y que influye en la actividad mundial. Si algo malo ha crecido en estos seis meses son los números en rojo: los resultados adversos no le dan respiro y son una seria amenaza. Pero -si bien con cierto desgaste, agudizado en el que el latigazo del desempleo es más fuerte- su popularidad resiste. La gente le cree. "Y también necesita creerle", apuntó Michael Shifter, del Inter American Dialogue.

Se ha probado como un extraordinario comunicador, que no pierde tono ni modales. Una mente serena que soporta las presiones sin soltar los estribos que, en su caso, se traduce en capacidad de escucha y de análisis. "Ha sido honesto cuando explicó la enormidad del desafío y el tiempo que implicará poner las cosas en orden", dijo Lawrence Summers, director del Consejo Económico de la Casa Blanca. "Tiene una forma de liderazgo extraordinaria. Escucha mucho. Pero no cabe duda de que las decisiones las adopta él", señaló Shifter. Eso implica la inteligencia de prestar oídos, especialmente, a sus críticos más implacables. Y tiene a tres republicanos en el gabinete.

El político brillante tropieza, sin embargo, con la impericia del gobierno. Cumple sus promesas de campaña: la cárcel de Guantánamo está en proceso de cierre y las tropas norteamericanas regresan de Irak. Pero hay enormes dudas de que eso pueda lograrse en el cronograma establecido por un Obama que no midió bien las dificultades de la tarea.

La tortura ha sido condenada; los archivos militares, abiertos, y la amenaza de investigar el gobierno de George W. Bush está latente. Pero no está claro que las investigaciones concretas por violaciones a los derechos humanos cristalicen. "Nos pondría en situación de inseguridad", previenen funcionarios del gobierno.

Punto oscuro

Aun con las demoras, vacilaciones y errores de los primeros meses, algo profundo ha cambiado en el país, donde el verdadero punto negro es la economía. "La gente sabe que la situación no puede superarse en unos pocos meses", dijo Summers. Pero, a caballo de las malas cifras económicas -desempleo en alza, déficit en récord absoluto y caída en la recaudación-, la presión política difícilmente otorgue a Obama los dos años que dice que requiere su costoso plan de estímulo. El presidente mantiene altos niveles de popularidad, y los republicanos, la impopularidad de noviembre último.

"Denostar a Bush y culparlo por todo sigue siendo una buena práctica electoral", decía, días atrás, Político , el diario que llega a todos los despachos del poder. Pero? ¿por cuánto tiempo más? El recurso se agota. Y los demócratas lo saben.

Es que, a caballo del rigor económico, los matices empiezan a aparecer. En las regiones de mayor desempleo, el rechazo a Obama crece. Esas son luces amarillas de lo que puede ocurrir.

En Ohio, donde el desempleo ya supera el 10%, más de la mitad de los consultados desaprueba la gestión económica presidencial. "Es comprensible. La gente no entiende en qué se gasta el dinero y preferiría verlo en más producción", admitió Sherrod Brown, legislador demócrata.

Aun con la economía en rojo, en lo doméstico, Obama puede pasar a la historia si logra lo que no pudieron sus predecesores: una profunda reforma del sistema de salud, cuya ineficacia, elevadísimo costo e iniquidad no condicen con el bienestar imaginable en una superpotencia. "Los próximos meses serán cruciales", dijo Peter Orszag, director de Presupuesto. Por ahora, la Casa Blanca está a la defensiva con ambas cuestiones cruciales: economía y sistema de salud.

Con la desocupación, los demócratas no acertaron. Predijeron que para junio el índice estaría en el 8 por ciento. Y está en el 9,50, y creciendo. Dijeron que, para esta época, el Plan de Estímulo -con un costo de 787.000 millones de dólares- habría sido capaz de crear 600.000 puestos de trabajo. Pero lo cierto es que se perdieron más de dos millones en los meses que Obama lleva de gestión. Muchos empiezan a preguntarse qué sentido tuvo gastarse toda esa plata.

Aun así, todos los días la gente hace cola frente a la Casa Blanca para sacarse una foto. Y atisbar al hombre que, en seis meses, ha insuflado la mayor inyección de esperanza. Quizá su logro más extraordinario.

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