La economía, en estado cataléptico

Opinión - Por Fernando García Soto

El año que acaba de comenzar se presenta con perspectivas sustancialmente menores que las de 2008. La iliquidez marca el comienzo del nuevo período.

Tal vez condicionada por deseos de que mejoren siempre las cosas, cada fin de año la población pareciera querer desprenderse lo más rápido posible de la etapa que termina, y se lanza al nuevo año con perspectivas renovadas. La culminación de 2008 mostró especialmente esta tendencia, en parte porque a muchos argentinos se les desplomaron las expectativas por decisiones gubernamentales que no estuvieron a la altura de las exigencias de los tiempos.

Desde que comenzó a notarse un freno en el proceso expansivo de la economía, el Gobierno nacional argumentó que el bajón era una consecuencia de la crisis internacional, caracterizada por una contracción generalizada del crédito. Pero nunca la presidenta Cristina Kirchner ni los miembros de su gabinete se atrevieron a admitir que la crisis externa podría haber sólo rozado a la Argentina, tal vez por la caída de los precios de los commodities, que nuestro país exporta, y no golpear de pleno al país, como finalmente ocurrió. Lo que pasó fue que la Argentina no estaba preparada para hacer frente a cimbronazos externos de magnitud, pese al largo período ininterrumpido de crecimiento que atravesó el país. No hubo políticas oficiales contundentes para frenar la inflación, que era el problema que preocupaba hasta que se desató en marzo el conflicto Gobierno-campo. Cristina Kirchner y su gente tampoco supieron ver que era necesario fortalecer la economía real del país y se lanzaron a una lucha a muerte con uno de los principales y más exitosos sectores productivos, como es el agropecuario. En consecuencia, el ojo de la crisis externa encontró al país desgastado tras el enfrentamiento, con una comunidad adversa que se opuso con firmeza a la voracidad fiscal del Estado nacional. A mitad del año que acaba de concluir, el capital político del Gobierno se había desplomado; el campo y sus sectores de influencia -principales aportantes a la economía argentina- habían entrado en crisis, y la caída del consumo era un hecho.

Pero no fue la gente la que de un día para el otro decidió dejar de comprar, sino que tuvo que adaptarse al hecho de que se redujo el dinero circulante en la plaza y de que se había terminado la financiación con tarjetas de crédito -por ejemplo-, o al menos aquella que no esquilmaba al consumidor con tasas abusivas.

La ruptura de la cadena de pagos que se originó en ámbitos vinculados a la agroindustria tucumana rápidamente se extendió a los distintos sectores de la economía provincial. En los últimos meses, sólo se observó avances en proyectos que ya estaban en ejecución, pero la mayoría de las iniciativas quedaron en suspenso hasta que la crisis muestre visos de concluir.

Una dura frenada se dio en la construcción, uno de los motores de la economía, según el diseño del modelo kirchnerista. Esta contracción se sintió en la obra pública, pero también en la obra privada. Consecuencia: las empresas constructoras quedaron desfasadas por la restricción en el flujo de fondos oficiales y por la parálisis en que se sumió el sector privado. Este escenario coadyuvó a secar la plaza.

Este cóctel se transformó en explosivo cuando se sumó la crisis del sector azucarero. Industriales, cañeros y la Provincia en general volvieron a resignar este año cuantiosos recursos porque se ofertó más azúcar que la que demanda el mercado interno. En realidad, los responsables de este sector productivo demostraron una vez más que son incapaces de manejar la comercialización del azúcar cuando las condiciones no son óptimas. O sea, siempre que hubo sobreoferta interna, y si los precios internacionales del azúcar eran bajos, la actividad entraba en crisis, porque en el sector no hay espíritu corporativo. Ahora, la apuesta a futuro de una actividad dos veces centenaria es a que funcione el esquema de biocombustibles, que comenzará a regir en 2010.

El año que acaba de comenzar se presenta con perspectivas sustancialmente menores a las que se registraban a inicios de 2008, cuando la crisis internacional era aún un fenómeno lejano y cuando parecía que el crecimiento del país y de las reservas del Banco Central podrían contrarrestar cualquier vaivén.

Todo para marzo

La actividad económica parece haber entrado en estado cataléptico, ya que son pocos los síntomas de vida que presenta, y estos son impulsados en gran medida por el turismo, propio de esta época del año. Todo parece haberse derivado -léase “pateado”- para marzo. Así, hay miles de proveedores que esperan poder cobrar en los próximos meses, y otro tanto número de inversores resultaron afectados por inescrupulosos que operan en la City tucumana, tomando o colocando fondos de terceros sin controles. En un contexto de iliquidez comenzó 2009, un año electoral, con conflictos en ciernes -como el del campo-, con un Estado nacional que deberá afrontar vencimientos de deuda que podrían hacerlo trastabillar, y con actividades productivas vitales para la economía provincial que se encuentran en jaque.

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