En economía, la clave es doméstica

Por: Daniel Fernández Canedo

Van surgiendo datos que demuestran que la crisis financiera internacional impacta cada vez menos sobre la Argentina.

En otras palabras: los problemas económicos argentinos están más relacionados con lo que pasa aquí que con lo que viene de afuera.

Un indicio es la evolución de la economía en el primer trimestre. Se contrajo a un ritmo de 3% anual, mientras que la demanda interna lo hizo al 5,3%.

Así, lejos de ayudar a contrarrestar los efectos de las menores ventas al exterior, el consumo interno no ayudó.

Desde ya que ese resultado no responde a una sola causa. Y el temor que generaba la crisis externa sirvió como argumento para que muchos agentes económicos se inclinasen por postergar decisiones de inversión o consumo.

La caída del precio de los productos que la Argentina exporta durante la segunda parte del año pasado actuó como telón de fondo de una conducta precautoria que fue ganando las decisiones.

Las menores ventas de automóviles y la caída en el cierre de operaciones inmobiliarias constituyeron dos ejemplos de la retracción compradora en los mercados de bienes durables.

Hasta abril, la industria dio muestras claras de no poder recuperarse.

Según estadísticas privadas en el primer cuatrimestre, la caída de la producción industrial fue de 9,1% . Y sólo el rubro alimentos consiguió crecer más de 6% respecto del año anterior.

Pero en abril algunas cosas cambiaron. Entre otras, la suba de los precios de los principales productos de exportación argentinos.

Las cotizaciones promedio del complejo sojero subieron casi 11% y empezaron a perfilar la idea de que otro escenario distinto a la depresión es posible.

La soja en 415 dólares la tonelada supera el nivel promedio de 2007 cuando la economía argentina volaba y se creía que el camino de la prosperidad podría seguir por 20 años.

A pesar de las malas condiciones de la economía mundial, en el último año la Argentina está generando unos US$ 10.000 millones de superávit comercial.

Eso se debe a que se exporta menos, pero también se importa mucho menos y el superávit, aunque no por buenos motivos, está a salvo.

Pero un problema es que parte de ese superávit "ya se fue".

A diferencia de casi todas las crisis anteriores, la economía argentina sigue dando indicios de fortaleza a la hora de generar ahorro y divisas, pero ese esfuerzo se diluye por la falta de confianza.

Los US$ 23.000 millones que salieron en el último año son la muestra más evidente de que ahorro hay, pero no se transforma en inversión.

En una reunión habitual de un grupo de cerca de 20 economistas el tema estuvo ayer sobre la mesa, y ortodoxos y heterodoxos delinearon un panorama con algunos puntos en común para después de las elecciones del 28 de junio.

Hay coincidencia en que la Argentina deberá encontrar un esquema de financiamiento para los próximos años.

Si persiste a rajatabla la estrategia del Gobierno de no abrir puertas para conseguir fondos del exterior, el ajuste fiscal deberá ser muy fuerte.

Además, ni la salida de dólares ni el financiamiento con la plata de la ANSeS serán para siempre. Y los dos temas necesitarán una respuesta.

La posibilidad de que la Argentina vuelva a conseguir dinero del Fondo Monetario está abierta, pero todavía no existe decisión política. Obviamente que la cuestión cambiaria estuvo presente y hubo coincidencia en esperar un dólar de $ 3,85 para el momento de las elecciones y del orden de los $ 4, antes de fin de año.

Eso implicaría subas de 3 y 7 por ciento respectivamente que, además, estaría indicando que los economistas confían en que el Banco Central podrá mantener el valor de la divisas más allá de cual sea el resultado eleccionario.

El resto es una gran incógnita, al punto que en Economía analizan pagar anticipadamente el cupón de renta de los Boden 2012, que implicaría desembolsar US$ 2.300 millones, para dejar en claro que el Gobierno está convencido de pagar todas las deudas.

La incertidumbre se paga caro en materia económica. Y a la Argentina, la crisis financiera internacional le empieza a restar argumentos para explicar el por qué de buena parte de sus pesares.

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