Ecología

Por Miguel Grinberg.

La problemática de los trastornos atmosféricos, llamados indistintamente "efecto de invernadero" o "calentamiento global", será tratada de nuevo por la ONU, esta vez en Copenhague (Dinamarca), del 7 al 18 de diciembre.

La problemática de los trastornos atmosféricos, llamados indistintamente "efecto de invernadero" o "calentamiento global", será tratada de nuevo por la ONU, esta vez en Copenhague (Dinamarca), del 7 al 18 de diciembre. La venidera reunión internacional es de nivel ministerial y se denomina COP 15: decimoquinta conferencia de las partes (países) que firmaron un complejo "Convenio marco sobre cambio climático" al final de una conferencia cumbre realizada en Río de Janeiro, la ECO 92.

Buenos Aires fue sede de dos ediciones anteriores luego de una larga serie de álgidas negociaciones de casi imposible resolución: la COP 4 en 1998 y la COP 10 en 2004. La firma de cualquier tratado internacional no asegura su puesta en marcha inmediata, pues primero debe ser ratificado por los parlamentos de las naciones implicadas.

Al mismo tiempo, así como para su aplicación jurídica una ley nacional requiere ser reglamentada, una ley internacional precisa un acuerdo complementario llamado "protocolo", sujeto a ratificación, aceptación y aprobación de los países firmantes. En este caso, el Protocolo de Kyoto se concretó sólo durante la COP 3 (1997) y recién sumó las 55 ratificaciones requeridas al despuntar 2005, con fecha de vencimiento en 2012. En la práctica, nunca funcionó, especialmente porque Estados Unidos lo impugnó alegando que su contenido era más político que científico.

Durante el último año, las preliminares de la reunión en Copenhague han consistido en una ácida discusión entre las naciones más adelantadas tecnológicamente (grandes emisoras de los gases de efecto invernadero) y los países en vías de convertirse en grandes potencias (China e India). Se trata de elaborar un documento que reemplace al difunto articulado de Kyoto después de 2012, mientras tifones, maremotos, huracanes, terremotos, sequías, inundaciones, tornados y otros fenómenos extremos victimizan a millones de individuos en todas partes. Las potencias emergentes defienden su derecho al desarrollo y las potencias consolidadas no aceptan sacrificar la opulencia que conquistaron.

La organización no gubernamental Amigos de la Tierra alega que las megapotencias del G-8 albergan al 13% de la población mundial, pero emiten el 45% de los gases de invernadero. Estados Unidos rehúsa contraer compromisos vinculantes a menos que las mayores economías en desarrollo, como China, también lo hagan. Sudáfrica no suscribirá ningún acuerdo de la ronda inminente a menos que las naciones ricas se comprometan a financiar la defensa ambiental requerida por los países pobres. El Reino Unido ha propuesto que cada uno de los países del G-20 encare los cambios necesarios a nivel nacional, pero propone también que haya un monitoreo internacional de los planes de desarrollo de India, que repudia tal cosa. A su vez, México pide compromisos efectivos de asistencia financiera para mitigar los impactos del cambio climático, y la Alianza de Pequeños Estados Isleños reclama auxilio inmediato por el ascenso verificado del nivel del mar.

Numerosas organizaciones no gubernamentales señalan que no basta debatir los porcentajes de emisión de apenas uno de los gases de efecto invernadero (el anhídrido carbónico) y que nada se logrará a menos que también haya acuerdos rápidos y efectivos sobre otros serios problemas conexos: escasez de fondos para el desarrollo de industrias no contaminantes, deforestación acelerada, fuentes renovables de energía, contaminación química, emisiones de gas metano (proveniente del ganado vacuno y los arrozales) y gases de combustión emitidos por las flotas aéreas del mundo.

Desde algunas agencias de la ONU surgen voces que recomiendan la necesidad de tomar en cuenta el acentuado incremento poblacional que se verifica en Asia, África y América Latina. Dicen: la humanidad se duplicó durante los últimos cincuenta años hasta sumar 6.700 millones de personas, y se estima que seremos 9.000 millones hacia 2050.

Se descuenta que en Copenhague, países como Estados Unidos, Rusia y Japón anunciarán su intención de limitar hasta un 80% la emisión de gases perturbadores hacia el año 2050. Pero, entretanto, el científico R. K. Pachauri, presidente del Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático, advierte que la región ártica se ha estado calentando a tres veces el ritmo del resto del planeta. Entre otros efectos negativos, aparece la posible reducción del rendimiento de las cosechas. Asimismo, el fenómeno produciría una mayor escasez de agua, que para el año 2020 podría afectar de 75 a 250 millones de seres tan sólo en África.

En nuestro país, el cambio climático y sus impactos parece ser algo que ocurre en un planeta distante de otra galaxia.

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