Ecocidio

Una vez más el basural, y una cuestión que avergüenza a la población entera. Esta vez se escribe con la mano y se borra con el codo, ya que tras la creación de una cooperativa de recicladores que aspiraba a mejorar las condiciones de trabajo, se terminaron cometiendo errores insalvables que paralizaron la planta. No se ve la salida del túnel de contaminación y destrucción que ya se llevó puesto un barrio entero.
Sí, se trata de un neologismo, es decir un vocablo nuevo acuñado para referirse precisamente a una perturbación radical del sistema, ocasionada por una actividad humana que lleva a la extinción de las especies y al deterioro ambiental. En la ciudad de Mar del Plata se está cometiendo un ecocidio cotidiano que, según las palabras del especialista Carlos Ciencia, en entrevista radial realizada en la 99.9, trae aparejado un genocidio: una masacre cometida contra quienes despliegan tareas en el basural de esta ciudad. Un basural enorme que recibe nombres pomposos que no son más que eufemismos: tratan de apartar la mirada pública de una realidad ignominiosa.

Los derechos humanos de los que desempeñan tareas allí no cuentan. De la enorme cantidad de familias que viven de hurgar en la mugre, ninguna tiene por el momento posibilidades reales de mejorar las condiciones de vida, y hay una considerable cantidad de menores desempeñando una actividad sumamente riesgosa que tienen ya naturalizada, es decir que aparece dentro de su horizonte de expectativas como parte de los riesgos inherentes a la vida misma.

Hay 4.800 millones de kilos de basura apilados de manera caótica, en montañas inconmensurables cuyo fondo es inexpugnable. Generan un lixiviado, esto es un drenaje permanente de líquidos tóxicos, que ha hecho que en algunas oportunidades el barrio tenga agua de color vino. Indica Ciencia que se trata precisamente de nitrato de potasio y óxido de sodio, popularmente llamados sosa y potasa. No sabemos cómo, pero según la denuncia del especialista, ya han contaminado por completo las arenas del legendario balneario Luna Roja.

Un genocidio. Se denuncia además que los chiquitos que trabajan allí se ven afectados por diversas enfermedades, pero la más común es la acarosis, es decir unos bultos en la piel que se tratan con frecuencia en el Hospital Materno Infantil, y que en su interior tienen ni más ni menos que ácaros. Ninguno de los habitantes que llevan una vida alejada de la basura sospecha siquiera cómo es la realidad de un trabajador del predio de residuos, ni siquiera las afecciones que llegan a ponerles los órganos genitales en carne viva hasta que una enfermedad peor los mata sin que haya derecho a reclamo alguno.

¿Cuál es la razón de que nadie haga nada? Hace mucho tiempo se concluyó que, mal que nos pese, hay una mafia oscura detrás del negocio de la basura, que sostiene que esta ciudad padezca una problemática compleja, con un servicio de recolección caprichoso y carísimo, y un mecanismo de clasificación de desperdicios inexistente. Sobre él se han trazado diversos planes que jamás llegaron a concretarse. Indudablemente, apilar la basura a la intemperie resulta un negocio redondo frente a los costos de implementar una estrategia de solución posible.

Nosotros solos

Durante 2008, desde la sede del gobierno comunal se anunció con bastante optimismo que el problema de la basura estaría aparentemente resuelto. Desde entonces hasta ahora, prácticamente un año de silencio. Lo que sucedió mientras tanto es más o menos lo esperable cuando nadie sabe nada.

Carlos Ciencia –autor del proyecto Sauxe, jamás implementado- dijo en su entrevista: "quieren construir un edificio sobre un colchón", aludiendo a la falta de estudios ciertos que le aseguren a la ciudad alguna precisión sobre el estado en que se encuentra el predio, que padece una enorme cantidad de residuos sepultados. Se quejó de que la Municipalidad no escucha, pero que asegura públicamente que cuenta con sus propios especialistas.

El llamado predio Venturino fue denunciado tiempo atrás por los vecinos debido a las irregularidades que surgían de su precaria utilización. Las acciones judiciales consecuentes constaban en un expediente que sorpresivamente se perdió, una vez que el espacio hubo colapsado.

Las cosas se oscurecen aun más a medida que intentan solucionarse. Porque la creación de la cooperativa CURA -Común Unidad de Recuperadores Argentinos- se veía como una posible estrategia para dignificar la vida de quienes se desempeñan en el predio de residuos, que se convertiría en una planta de clasificación a partir de tecnología y espacios de uso común oportunamente construidos por la empresa NT.

Según se proyectaba, el curso de la cooperativa debía ser monitoreado por la Secretaría de Acción Social a través de un cuerpo de asesores que darían un marco normativo acorde a las necesidades impuestas por el Ministerio de Desarrollo Social a través del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social. Luego, una serie de movimientos poco claros indican que se firmó un acuerdo el 1 de agosto de 2008 entre la cooperativa CURA, la empresa Constructora del Sur SRL Godoy y Eduardo Bruzetta, quien es director de General de Gestión Ambiental. Con su firma, el funcionario estaba avalando el ingreso de otra entidad de carácter privado en el juego de operatoria, y de por sí complicaría la situación.

Sucede que la empresa Godoy sería la encargada de poner a punto de funcionamiento la planta, pero para eso se hacía merecedora de un cobro que algunos han valuado en $1.200.000. No obstante, la irregularidad consiste en que el funcionario no estaba autorizado para tomar semejante decisión, es decir que todo estaba en el aire.

Por supuesto que a fecha 28 de agosto ya estaba visto que esto traería cola, aunque la empresa privada Godoy -representada por Carlos A. Giannunzio y Jorge Cibraro- hubiera comenzado las obras. En ese momento se indicó lo siguiente: "la cooperativa ha asumido compromisos que exceden la posibilidad que ostenta en base a al título jurídico por el cual se encuentra en la actualidad ocupando la planta". De hecho, sólo contaba con un uso precario de las instalaciones, y no pueden, ni CURA ni los funcionarios que apoyaron, permitir que un tercero ingrese a realizar reformas ni modificaciones.

Como consecuencia, la comuna reaccionó prohibiendo que se use la planta hasta que no se aclare todo, pero la basura se sigue acumulando, y CURA empieza a reclamar que dejen ingresar los camiones, porque quieren probar lo que ya tienen a punto de funcionamiento.

Por supuesto que la empresa Godoy -que ya había comenzado a trabajar- se sintió damnificada por esa falta de organización, y le mandó una carta documento al intendente. El asesor letrado contestó tirándole la pelota al EMViSUr, y diciéndole que, como el ente es jurídicamente responsable, se tienen que arreglar ellos, si es que pueden. Es decir, le tiró el fardo a Manuel Regidor.

La verdadera cuestión es que las personas afectadas a las tareas de la planta siguen en condiciones de vida infrahumanas, mientras que el Ejecutivo solamente atina a tapar los errores administrativos y las consecuencias jurídicas y patrimoniales que ocasionaron. Pero nadie ha dicho aún cómo es que vamos a solucionar años y años de enterrar la mugre debajo de la alfombra, como si la alfombra fuera a ser eterna.

Nadie dice qué es lo que se va a hacer con una pirámide de Keops de basura, que se verá engrosada significativamente con los residuos de lo que hayamos comido esta misma noche, y con los pañales que se cambien hoy los nietos de todos los funcionarios de la comuna.

Pero se olvidan de algo: los bebés que se han criado gateando en el basural por sobre residuos tóxicos que no se separan, restos quirúrgicos que son descartados en bolsas comunes, o armas peligrosas que simplemente se han hecho desaparecer en la montonera, ya no se quejan. Ya no cuentan como parte de las bajas: son simplemente el daño colateral de un enorme negociado que apenas tiene nombre.

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