Echan al vicepresidente iraní

Su célebre frase a favor de la paz con el pueblo israelí –"Irán era amigo del pueblo estadounidense y del pueblo israelí"–, pronunciada hace apenas un año, le costó el puesto a Rahim Mashaie a pesar de su cercanía con Ahmadinejad.
El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad cedió ante la presión de los conservadores. Un día después de que el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, criticara la designación de su nuevo vice, el mandatario tuvo que tragar saliva y aceptar la renuncia de Esfandiar Rahim Mashaie. "Obedeciendo las órdenes del guía supremo, no me considero vicepresidente primero pero serviré a nuestro pueblo como pueda", aseguró el dirigente en la carta que envió a Ahmadinejad. Su nombramiento marcó la primera pulseada entre el mandatario iraní y los sectores más conservadores del régimen islámico, y su salida tras la victoria de estos últimos.

Durante la crisis desatada por las últimas elecciones presidenciales y las denuncias de fraude, el mundo entero vio cómo los círculos más conservadores de la Revolución Islámica se alinearon incondicionalmente detrás del mandatario reelecto. Sin embargo, lo que no pudieron conseguir 20 muertos y más de un millón de personas protestando en las calles, sí lo hizo Rahim Mashaie y su célebre frase a favor de la paz con el pueblo israelí –"Irán era amigo del pueblo estadounidense y del pueblo israelí"–, pronunciada hace apenas un año. El dirigente no era nuevo en el gobierno, pero en los primeros cuatro años de Ahmadinejad había ocupado un lugar de relativamente poco peso político, como es la cartera de Turismo. Su designación como vice no sólo irritó a los conservadores, sino que también unió algunos sectores, que habían quedado divididos con el resultado electoral y la negativa del régimen de permitir un recuento de los votos, como pedía el candidato reformista Mir Hussein Musavi. Además del Líder Supremo y de sus aliados incondicionales como Ahmad Jatami, miembro de la asamblea de expertos, un dirigente cercano a Musavi le bajó el pulgar al vice de Ahmadinejad. El ex presidente Akbar Hachemi Rafsanjani y líder del Consejo del Discernimiento, el último órgano de arbitraje del régimen islámico, se sumó ayer a las voces que pedían evitar una nueva fuente de discordia entre las instituciones de la república.

Pero fue la condena del ayatola Jamenei lo que dejó sin margen de maniobra a Ahmadinejad y a su vice. Ayer el mandatario recibió la carta de renuncia de su colaborador, pero no sin dejar asentado su desacuerdo. "Acepto su dimisión con la esperanza de que el gobierno pueda seguir contando con su servicio pese a alguna propaganda negativa de algunos medios y facciones políticas", aseguró el presidente iraní, al confirmar la noticia ante las cámaras locales.

Rahim Mashaie no duró ni diez días en el cargo y aún es dudoso si Ahmadinejad podrá mantenerlo en el gobierno, en un cargo de menor importancia, después de tantos cruces verbales y resistencia de los poderosos conservadores.

El revés parece ser el precio que tuvo que pagar el mandatario por el apoyo contundente que recibió de esos mismos grupos durante las dos semanas de cotidianas manifestaciones y enfrentamientos en las calles, después de su reelección.

Ese apoyo sigue siendo tan vital ahora como hace un mes. Esta semana los principales líderes reformistas iraníes reclamaron la intervención de los ayatolás –los máximos clérigos de la república islámica– para permitir la liberación de los cerca de mil detenidos que dejaron las protestas contra el resultado electoral presidencial. Hasta el momento no recibieron respuesta.

Fuera de las fronteras iraníes, el descontento también sigue vivo. Ayer en más de cien ciudades de los cinco continentes se llevaron a cabo manifestaciones convocadas por organizaciones como Amnistía Internacional y Reporteros Sin Fronteras, y comunidades de iraníes en el extranjero. En Amsterdam y Londres, más de mil personas se manifestaron para pedir la libertad de los presos políticos.

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