EaeaaaPepé.

El Rojo de Santoro jugó un kilo y dos pancitos, le ganó muy bien a San Lorenzo con un Sosa y un Rolfi inspirados y quedó primero en el Pentagonal de verano.
Si después de jugar contra Boca el hincha que se había ilusionado con la goleada frente a Racing se deshizo otra vez en desesperanza, anoche Independiente demostró que tiene ganas de dejar en el olvido el 18° puesto en el Apertura pasado, que quiere hacer, por fin, un equipo de este conjunto de nombres, muchos de ellos cuestionados desde varios técnicos atrás. Que tiene espíritu colectivo y del otro, del que aprieta dientes, le grita al compañero para alentarlo y para hacerlo reaccionar también. Que no le da lo mismo ganar que perder.

En un partido jugado para jugar, para soltar piernas atadas, el Rojo fue el que propuso, el que arriesgó mandando gente arriba (el mismo Tuzzio fue, durante varios pasajes, más delantero que defensor), que dejó espacios para que un San Lorenzo más astuto que cazador encontrara los espacios para el contraataque. Se armó, entonces, un partido de idas y vueltas, de poco toqueteo en el mediocampo, de mucho desborde y revolcón de arqueros. De los dos, fue Orión el que más ensució el uniforme, por Sosa, por Montenegro sobre todo, que lo obligaron a rovolcarse en tierra salteña.

¿En qué cambió el equipo de Santoro? En que hubo un compromiso con la idea, que ningún jugador dejó un espacio librado a su suerte, en que Sosa fue delantero y asistidor, Fredes rueda de auxilio, Depetris más que una promesa y Montenegro el arma más importante. Le faltaron al Rojo dos cosas, a mejorar de aquí en adelante: pisar más el área (la mayoría de las llegadas fueron de afuera) y ajustar las marcas en una última línea que, vale aclarar, tuvo pocos metros cuadrados que cuidar.

Para el segundo tiempo, San Lorenzo salió a pelear y así el partido pareció no tener dueño. Pero el Rojo no se desesperó. Dejó que el Ciclón se desgastara en intentos (llegó poco, más allá de un tiro de lejos de Ledesma) y en un contraataque armó una gran jugada que empezó y terminó el Rolfi (arrancó con un pelotazo largo a Patito Rodríguez, quien entró bien, pase a Sosa, toque a Montenegro para definir). Con la ventaja, Independiente tuvo algunos minutos con la confianza desatada, y si bien le duró un ratito, es un buen indicio de que es cuestión de animarse. El final fue todo del Ciclón, y aun dominado el equipo de Santoro se aferró a la victoria con un Assmann inspirado. Así también se ganan partidos.

Comentá la nota