El "duunvirato"

Por Mariano Grondona

Como tuvimos dos de ellos en los comienzos de nuestra historia, estamos acostumbrados a la palabra "triunvirato". Pero de ahora en adelante tendríamos que acostumbrarnos a la palabra "duunvirato", que ya no describe la partición del poder entre "tres" sino entre "dos" protagonistas. Los "duunviratos" fueron frecuentes en la República Romana por su costumbre de adjudicar la responsabilidad del poder a dos funcionarios simultáneos que se controlaban recíprocamente: dos cónsules, dos censores, dos pretores...

Este antiguo antecedente podría servirnos para interpretar la situación actual porque a partir de las elecciones del 28 de junio está por gobernarnos un duunvirato cuyos protagonistas institucionales serán el Poder Ejecutivo y el Congreso. El Poder Ejecutivo sigue bajo el control absoluto de Néstor Kirchner, quien se halla en los hechos en medio de su segundo mandato presidencial consecutivo, detrás de la máscara de Cristina. En este rincón del poder, nada ha cambiado: es como si las elecciones del 28 de junio no hubieran ocurrido. Pero al lado de esta enconada continuidad también está llegando a la cima del poder un segundo duunviro, el Congreso Nacional, que si bien pasará formalmente a las manos de la oposición recién el 10 de diciembre, ya insinúa su protagonismo desde el momento en que al oficialismo le está costando conseguir el quórum que necesita si quiere conservar los "superpoderes" mediante los cuales pudo hacer como si el Congreso no existiera desde 2003 hasta su derrota en las recientes elecciones.

El verdadero alcance de esta nueva estructura del poder se podrá medir el 24 de este agosto, que es la fecha en la cual los actuales "superpoderes" del Ejecutivo caducarán automáticamente, y con ellos, la facultad de fijar entre otras cosas las retenciones. Si para entonces el kirchnerismo no logra sostener su ya precaria mayoría, la fecha en la que el país tendrá dos duunviros en vez de un solo "hiperpresidente" se adelantará en varios meses. Será como si la famosa votación del Senado y el desempate del vicepresidente Cobos de julio de 2008 pudieran reiterarse, de ahí en más, cotidianamente.

En el Congreso, la oposición vacila entre la actitud "maximalista" de arrancarle de cuajo a Kirchner "todas" sus facultades extraordinarias y la actitud "minimalista" de dejarle algunas de ellas para no afectar la gobernabilidad. Resulte lo que resultare de la solución de este dilema, mientras observamos esta compleja transición desde el poder absoluto de Kirchner hasta la instalación como "pares" de sus opositores, tendremos que acostumbrarnos a pensar el poder como el reflejo de una dualidad, de una interacción, entre nuestros dos nuevos "cónsules". Un proceso que, pese a su innegable complejidad, también encierra la esperanza de que al "unicato" kirchnerista lo suceda un duunvirato, ya más cerca de la república democrática que nos debemos.

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