Duro embate del oficialismo contra Lacalle en Uruguay.

El ex presidente crece en los sondeos y preocupa al Frente Amplio; quejas hacia la Argentina.
Inquietos por el inesperado ascenso del ex presidente Luis Alberto Lacalle en la carrera electoral, la coalición de izquierda Frente Amplio y los sindicatos lanzaron una dura campaña en contra del candidato del Partido Nacional (blanco) para las elecciones del 25 de octubre.

Aunque el candidato oficialista, José Mujica, había dicho que en la carrera electoral no quería hablar del pasado de su adversario, en las últimas horas sacó a luz algunos episodios de corrupción.

Las cuatro principales consultoras de opinión pública, Equipos Mori, Cifra, Interconsult y Factum, coinciden en que el Partido Nacional y el Partido Colorado (que postula a Pedro Bordaberry), sumados, tienen más intención de voto que el Frente Amplio, pero las diferencias están dentro del margen de error de los sondeos.

Hace un año la izquierda era ampliamente favorita, pero sus problemas internos para resolver su candidatura comprometieron esa chance. En una encuesta que se divulgará mañana, el Frente Amplio registra un aumento de dos puntos porcentuales, aunque igualmente queda debajo de la suma de partidos tradicionales. El promedio de las consultoras da 44% para el Frente Amplio, 36% para el Partido Nacional, 10% para el Partido Colorado y 1,5% para el Partido Independiente.

El 25 de octubre se eligen todos los senadores y diputados y se vota a presidente, pero si el más votado no logra la mitad más uno de los sufragios, habrá ballottage el 29 de noviembre. Para esa hipótetica segunda vuelta, la encuesta de Equipos dio 46% para Mujica y 45% para Lacalle -en febrero la ventaja era mayor para Mujica, 49% a 38%-.

El candidato oficialista y ex guerrillero logró ahora una buena sociedad con el que fue su adversario interno, Danilo Astori, que lo ayuda a retener votos de una corriente socialdemócrata y "suaviza" la fórmula.

La dupla Mujica-Astori había logrado entre fines de julio y principios de este mes capitalizar algunas expresiones de Lacalle, que prometió recortar el gasto público como si fuera una motosierra. Los frentistas dijeron que eso significaba cortar con políticas sociales y beneficios para la población y obligaron a Lacalle a tener que explicar el alcance de su propuesta. Esa arremetida levantó la moral del oficialismo e impulsó la movilización de militantes en todo el país.

Los muros de la ciudad se taparon con imagen de un "cuco" con una motosierra. Fue el anticipo de la campaña contra Lacalle.

La central de sindicatos PIT-CNT comenzó una marcha por el interior, que concluirá en Montevideo con varias columnas de manifestantes y un paro general, para alertar sobre lo que consideran el riesgo de perder beneficios con Lacalle. Originalmente se había hablado de una "marcha contra la política de los 90" -en alusión al período en el que gobernó Lacalle, entre 1990 y 1995-, pero luego se le dio una denominación más amplia: "Marcha de la Esperanza, de la dignidad contra la impunidad, para no volver a la década de la miseria". Varios de los dirigentes de la central sindical serán candidatos al Parlamento por el Frente Amplio.

Ante la preocupación de frentistas por la posibilidad de no acercarse a la mitad más uno del electorado, Mujica dijo el jueves pasado que el gobierno de Cristina Kirchner se comprometió a dar asueto a los uruguayos que viven en la Argentina, para que pudieran trasladarse a votar, decisión cuestionada por los blancos. Lacalle dijo que le parecía bien "todo lo que haga el gobierno argentino" para facilitar que los orientales puedan viajar y votar, pero que le molestaba la preferencia expresada por los Kirchner sobre la candidatura de Mujica. "Nosotros no necesitamos que nos indiquen a los uruguayos cómo votar", añadió.

Por su parte, Jorge Larrañaga, compañero de fórmula de Lacalle, dijo que actitudes como la tomada por la Argentina "terminan rozando un principio de enorme trascendencia: el de no intervención y de no injerencia en los asuntos internos".

En los últimos días la campaña subió el tono, cuando Mujica salió al cruce de críticas de Larrañaga, y lo trató de "perro faldero". Los blancos usaron eso para mostrar preocupación en los frentistas por haber puesto la elección en riesgo de derrota.

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