Se duplicó la cifra de los sin techo en la Capital y los paradores no dan abasto

Los datos del Gobierno porteño son concluyentes. En 2006, la cantidad de personas que vivía en la calle ascendía a 700, ahora llega a 1400. La administración Macri intentó hacer frente a la situación con la apertura de más plazas en los paradores y hogares. Pero las medidas dispuestas son insuficientes, ya que muchas personas se quedan sin lugar cada noche. PERFIL visitó el parador más importante y comprobó las dificultades sanitarias y de seguridad.
Los efectos de la recesión económica ya hacen mella en la Capital, donde según datos suministrados a PERFIL por el Ministerio de Desarrollo Social porteño aumentó la cantidad de personas sin techo que asisten a los paradores y hogares que dependen del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esta situación obligó al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, a abrir nuevas plazas, como el reinaugurado Parador Costanera Sur, que alberga a 140 sin techo.

Según datos del Gobierno porteño, en los últimos tres años se duplicó la cantidad de sin techo, que pasó de 700 a 1.400 personas que viven en situación de calle.

Hoy, la Ciudad cuenta con 1.083 plazas –entre hogares y paradores nocturnos–, pero debido al aumento de la demanda, resultan insuficientes.

"En invierno, con las bajas temperaturas, nuestra capacidad estuvo colmada", admitieron fuentes del Ministerio de Desarrollo Social porteño.

Pero el aumento de la demanda en los paradores no es la única consecuencia de la crisis social y económica. También se incrementó la demanda en los comedores comunitarios porteños. De hecho, mientras en diciembre de 2007 se enviaban un total de 32 mil raciones por día, hoy se reparten 36 mil, lo que marca un incremento de 12,5 por ciento.

PERFIL visitó el Parador Retiro, situado en uno de los límites de la Villa 31, en la avenida Gendarmería Nacional 522, y habló con las personas que asisten a ese centro de contención social. Muchos trabajan, pero tienen sueldos insuficientes que no les permiten alquilar, y hasta hay algunos que estudian carreras universitarias, y luchan por terminar sus estudios. Pese a las dificultades, todos ellos conservan las esperanzas, y anhelan una oportunidad para salir adelante.

El parador, un galpón cuadricular, abre a las 18, pero la fila de personas sin techo que asisten en busca de un lugar para bañarse, un plato de comida y una cama caliente comienza a formarse desde una hora antes. Es que las vacantes se cubren por orden de llegada, y ser puntual puede ser sinónimo de no morirse de frío o de hambre en una esquina porteña.

"Los días de mucho frío queda gente afuera", reveló un empleado del parador, que prefirió mantener su identidad en reserva. "Pasar la noche en el parador es dormir en un lugar donde no tenés nada comprado", graficó el empleado. En el parador se come por tandas. Primero lo hacen los ancianos, y después los demás, de acuerdo con el orden de llegada. "La comida es escasa, pero de hambre no te morís", resumió Cristian, un albañil de 20 años que vive en Villa Soldati, y que como no consigue trabajo de albañil cuida automóviles en la zona de Retiro. "Saco entre $10 y $20 por día", afirmó el albañil. "No me alcanza para alquilar", lamentó.

"Las sábanas están limpias, sí; el problema acá está en los baños", deslizó un obrero de la construcción. Y amplió: "Tenés que entrar con calzoncillo de lata".

Este diario quiso ingresar a los baños, pero el acceso le fue negado por las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social porteño, que invitaron a PERFIL, en cambio, a recorrer el parador de Parque Patricios, que fue acondicionado recientemente.

A partir de las 20, la mayoría mira televisión. Otros juegan al ajedrez o a los naipes. "Vemos el noticiero, y después Valientes", coincidieron varios sin techo.

Para evitar que haya desmanes, un patrullero de la Policía Federal vigila el perímetro. Adentro hay una guardia con dos efectivos de esa fuerza. Es que las grescas son recurrentes, debido muchas veces al estado de ebriedad con el que ingresan algunos.

En el parador hay un servicio de psicología, pero hay sólo un psicólogo para doscientos sin techo, por lo que su tarea –según pudo recabar este diario– se limita a evitar peleas entre los internos. "Te preguntan si tenés problemas con alguien, y nada más", confió un estudiante de psicología que duerme en el parador y adeuda seis materias para recibirse. Casi una síntesis del universo social que cada noche guarda sus sueños en el Parador Retiro.

Changas hay en todos lados

Aún en las situaciones más dramáticas, hay gente que hace negocios. Es el caso de un habitante de la Villa 31, que les cuida los bolsos a los sin techo que trabajan, por la suma de un peso el bolso. A las 18, cuando abre el parador, les acerca los bolsos. Es que en el parador no está permitido dejar ninguna pertenencia. Cristian, un ex convicto que acababa de salir de prisión, contó: "Estaba trabajando en un taller textil, en el parque industrial de Pilar, pero trabajaba 14 horas diarias, por un sueldo de $ 500 la quincena, y entre el tren y el colectivo gastaba $ 12. Renuncié, y ahora estoy buscando otro trabajo". "Acá hay gente valiosa, no están todos quemados", aseguró el estudiante de psicología. Y concluyó: "Falta apoyo del Estado".

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