Se duplicó la cantidad de argentinos que se fue del país

¡Que se vayan todos! El grito, que durante el año 2002 se replicaba casi en cada esquina, estaba dirigido a "los políticos", sin muchas distinciones. Pero mientras algunos se desgañitaban otros prefirieron hacerse cargo personalmente de la frase: golpeados por la crisis económica, sin trabajo ni esperanzas, aquel año se fueron del país por Ezeiza un récord de 91.370 argentinos.

Desde entonces, al compás de la recuperación, las cifras se desplomaron. Pero en 2005 esta caída se detuvo, y desde el año pasado la emigración comenzó a aumentar con fuerza. Las explicaciones oscilan entre la búsqueda de mejores oportunidades de estudio o trabajo y la incertidumbre de no poder hacerse de un futuro en el país. El gobierno se sorprende con las estadísticas, y las justifica diciendo que "como Argentina está mucho mejor, ahora el que se quiere ir puede hacerlo".

Los datos de la Dirección Nacional de Migraciones que miden el saldo entre entradas y salidas de argentinos por el aeropuerto internacional de Ezeiza vienen siendo seguidos con atención para medir la evolución de la emigración, cuyos destinos principales son España, Italia, Estados Unidos y Brasil. Aunque a estas cifras habría que sumarle los datos no procesados del resto de los aeropuertos internacionales y puestos fronterizos terrestres, en Migraciones admiten que Ezeiza es la plataforma de salida del 95% de los emigrantes.

Con números altos durante la recesión que acompañó al gobierno de De la Rúa y un pico extremo tras la devaluación, a partir de 2003 la curva estadística se había dado vuelta: ese año dejaron la Argentina por el aeropuerto 29.582 personas; en 2004, 22.469 y en 2005, 12.336, el piso histórico. Pero la tendencia comenzó a revertirse tibiamente al año siguiente, con 14.673 partidas netas, y se instaló con fuerza en el 2007, con 28.572 salidas. En 2008, hasta setiembre, el saldo migratorio de argentinos por Ezeiza era negativo en 37.502 personas. Una aclaración: en comparación con la población nacional y la cantidad de ciudadanos que viajan al exterior, los números son muy bajos. Pero con cifras aún menores y tomadas también en Ezeiza, a fines de 2003 desde el gobierno se celebraba la caída del volumen de emigrantes.

Dos fuentes oficiales consultadas por Clarín dieron su punto de vista a cambio de negar su nombre. "Durante lo peor de la crisis se iban todos como podían y adonde fuera. Cuando las cosas en el país mejoraron la emigración cayó muchísimo, pero esa misma mejoría también le permitió a quien quería irse juntar plata para poder hacerlo en mejores condiciones", ensaya un funcionario con despacho en la Casa Rosada. "Los jóvenes ahora pueden pagarse una maestría afuera, y profesionales liberales como arquitectos y publicistas están siendo muy buscados afuera. Pero no hay que olvidar que Argentina es el único país de Sudamérica con tasa de migración positiva: sin importar la nacionalidad, es más la gente que la elige para vivir que la que decide irse", redondea otro miembro del gobierno con responsabilidad directa en el tema.

"Yo vivía bien allá. Tenía dos buenos empleos -incluso uno de ellos era un teletrabajo que hacía para Miami y cobraba en dólares-, pero necesitaba un cambio. Y en lugar de mudarme a Capital crucé el océano", dice desde Barcelona Olga, una licenciada en Comunicación que a los 28 años, en noviembre pasado, decidió despedirse de su casa en Isidro Casanova. Y de inmediato aclara: "ojo, acá también está llegando gente que se cansó de las discusiones políticas estériles, la inflación y la inseguridad argentinas". Olga planificó su viaje al detalle: primero se instaló en la más accesible Andorra para ensanchar sus ahorros y luego se mudó a su piso compartido en el barrio del Eixample. Sin pasaporte europeo ni contrato de trabajo, buscó empleo en varias agencias de comunicación y superó tres instancias de selección. "Pero por ser extranjera mi contrato tenía que ser aprobado por el ayuntamiento y había que hacer mil papeles que asustaron a los empleadores. Ahora trabajo como moza en un bar cercano. Cobro 1.400 euros en negro, que me sirven para armar tranquila mi propia agencia junto con una arquitecta argentina que conocí acá. 'Si pienso quedarme para siempre? No sé, es muy pronto para pensarlo", se despide.

Como Olga, el profesor de sociología de la migración en la UBA Roberto Aruj duda que todos los argentinos que dejaron el país terminen siendo emigrantes: "la estadística también incluye turistas, personas que visitan familiares, estudiantes que buscan capacitarse o ejecutivos de empresas trasnacionales. Pero es cierto que, sobre todo entre los jóvenes, hay mucha frustración de las expectativas de un futuro en el país. Los salarios siguen debajo del costo de vida, y para ellos las oportunidades acá son escasas. Pero entiendo que ante las dificultades que se avecinan en los próximos diez años -crisis económica, conflictos por la escasez de recursos naturales, violencia- la emigración va a declinar".

Patricio Maglio y su mujer Carolina no piensan en eso. Este año, los dos renunciaron a sus buenos empleos en Argentina, vendieron su departamento y se mudaron a Inglaterra. "Queríamos sumergirnos en otra cultura bien distinta, y tras cinco años de planificarlo hace un mes nos vinimos", cuenta Patricio. "Yo estoy haciendo un master intensivo en administración de negocios, y Caro busca empleo como profesora de literatura inglesa. La idea es que yo termine y pueda estudiar ella, que después trabajemos para recuperar la inversión y en cinco años veamos si nos quedamos acá o regresamos".

Sin apresurar conclusiones, hay datos que sorprenden. Una encuesta realizada en 47 países por la ONG estadounidense Pew reveló el año pasado que para el 38% de los argentinos la emigración "es un gran problema", contra una media global del 32%. Lo notable es que Argentina es el único país de todos los encuestados que tiene una tasa migratoria positiva, y en el que sólo 3% de su población vive en el exterior. La frustración por ver partir a otros argentinos sería, al menos desde la matemática, bastante desproporcionada.

Aunque fuera con goteo, la emigración volvió a crecer, y no lo reflejan sólo las estadísticas nacionales. Radicado en España desde 1978 y especialista en temas migratorios, el sociólogo argentino Walter Actis revela que según el Padrón de Habitantes español en 2007 la cantidad de argentinos creció 5,4%, cuando en 2006 sólo había subido un 0,6%: "Son cifras muy lejanas a las de 2002 -con un 61%- pero indican que el flujo volvió a crecer; en el primer semestre de este año llegaron a Madrid 270 nuevos inmigrantes. España los trata bien: en 2004 el 39% de los argentinos no tenía papeles, y el año pasado sólo el 17%".

Habrá que ver cómo impactan en este escenario las nuevas y duras leyes migratorias europeas y la feroz crisis financiera, que por lo pronto ya le niega a los extranjeros el acceso a ciertos empleos. A algunos argentinos, como Fresia Roa, las puertas se les cerraron mucho antes. "El 1 de octubre aterricé en Barajas, y junto a otros ocho compatriotas nos sacaron de la cola de los trámites, nos encerraron durante horas para interrogarnos, nos maltrataron y al final nos denegaron el ingreso a España. Yo iba a visitar a un amigo, fue una locura", dice enfurecida.

"Si algún compatriota llega a otro país cumpliendo los requisitos migratorios y tiene dificultades, debe exigir que lo comuniquen con el cónsul argentino en ese lugar para que lo asesore", afirma el director de asuntos consulares de la Cancillería, Félix Córdova Moyano. Fuentes de ese ministerio niegan que en el último año haya crecido la presión migratoria en los consulados, aunque admiten que "existe una exigencia mucho más estricta de los requisitos legales para permitir el ingreso. Por ahí antes faltaba algo y no pasaba nada. Ahora te dejan afuera". Quien avisa no traiciona, dice el refrán.

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